(Escrito en 2013), revisado el 18 de marzo de 2026
Me dirijo de tú a tú a todos esos «señores» que nos gobiernan; a quienes deberían defender nuestros derechos y procurar el bienestar de aquellos a los que representáis: vuestro Pueblo.
Actualmente, como es sabido por la humanidad, el mundo sigue un rumbo que no se debe permitir. Hay evidencias de la escasa dedicación y el desinterés con los que tratáis de resolver esta situación precaria a la que vuestra manifiesta actitud e ineptitud nos ha conducido.
Desde aquí os propongo la solución al problema que, tal y como vuestra postura evidencia, aún está por dilucidar. Desde mi punto de vista, como persona a la que le gusta vivir la realidad sin enmascararla e impulsado por la inquietud que me caracteriza, me atrevo a darles una idea que entiendo debería, además de ser respetada, ser tenida en cuenta:
Dejad de gastar el capital disponible en celebrar llamativos e inservibles macrojuicios sobre personas corruptas. Llevar a prisión a quienes ni siquiera están obligados a devolver lo robado no soluciona nada. Considero más acertado luchar para que estos hechos no vuelvan a suceder. Si ese dinero que malgastáis en asuntos que no aportan beneficio alguno al pueblo lo dedicaseis a generar empleo, nos ayudaría no solo a salir de esta crisis —maldita e intencionada—, sino a llegar mucho más lejos.
Dejad de perder el tiempo en señalar culpables como la economía sumergida, el desempleo o el déficit de la Seguridad Social. Si creéis que esto no tiene solución, estáis muy equivocados. Para lograr un mundo mejor no hace falta inventar un nuevo sistema: la clave está en el Respeto. Es una solución tan sencilla que, por su propia simpleza, ni la habéis contemplado. Bastaría con respetar lo que ya está escrito y legislado por vosotros mismos.
No tengáis en cuenta que esta idea surja de un albañil que, desgraciadamente y por causas ajenas a él, se ve privado del derecho al trabajo: mi único medio para afrontar los gastos que esta sociedad me exige para poder continuar vegetando, que no viviendo.
Espero que, si no consigo mi mayor anhelo —un mundo mejor y para todos por igual—, no tratéis de justificar vuestros actos con la mentira de que no hay soluciones a corto, medio o largo plazo. En la vida, como en la lectura, no hay que conformarse con lo que está a simple vista: lo esencial suele estar entre líneas.
No es requisito de la naturaleza acudir a la universidad para saber de qué trata la vida. Como todo en ella, a veces las metas se alcanzan con el simple propósito o por pura casualidad.
Así piensa y escribe (en nombre de todos aquellos que no piden ayudas, sino un trabajo para ejercer un derecho que les pertenece por ley y naturaleza) un albañil en situación de precariedad por causas ajenas a su voluntad.

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