lunes, 30 de marzo de 2026

¿Y si vivir no es más que un sueño?


 

Escrito el 24 de noviembre de 2015, revisado el 30 de marzo de 2026

Desde el mismo día en que nací, me acompañan tres cosas: el pensamiento, la sombra y el sueño.

Durante el día, soy consciente de todos y cada uno de los movimientos de la sombra y del pensamiento, aunque, a decir verdad, no los controlo. La sombra, unas veces camina delante; otras, detrás; e incluso hay momentos en los que se sitúa a la derecha o a la izquierda.

El pensamiento, por el contrario, suele actuar a su libre albedrío. Aunque sobre él mantengo cierto control, a veces me dejo llevar hasta donde quiere, y lo cierto es que me produce grandes satisfacciones. Él puede situarme cronológicamente en el pasado, en el presente o incluso en el futuro.

Hay ocasiones en las que me cuesta dominarlo, y me trae verdaderos quebraderos de cabeza, sobre todo cuando se empeña en centrarse en asuntos desagradables o en ideas que mi mente no acepta.

El sueño, en cambio, lo tengo más controlado. Si mi libertad laboral me lo permite, suelo dividirlo en dos momentos: una siesta después de comer, de no más de una hora, y el descanso nocturno, que suele durar entre siete y ocho horas.

Es durante ese periodo, mientras duermo, cuando la sombra trata de convencer al pensamiento a través del sueño… y casi siempre lo consigue. Entonces ambos se apartan de mí y se van por ahí, a su libre albedrío. Todo lo que viven o visitan lo conozco a través de los sueños, que se encargan de hacerme partícipe de sus andanzas.

Por las mañanas, cuando despierto y vuelvo a sentir el pensamiento, hay veces que me confunde, hasta el punto de hacerme recordar cosas que no sé si realmente he vivido, si las he soñado o si forman parte de algo que aún está por venir.

Estas sensaciones me ocurren incluso de día, estando completamente despierto. Soy consciente de ello, y por eso a veces llego a pensar que la vida que creemos vivir quizá no sea más que eso: un simple sueño… y quién sabe cuál será el estado real de ese ser que percibe todo esto.

Posiblemente, el ser humano no sea más que el reflejo de otro ser con capacidad de pensar. Como ejemplo están las células del organismo, capaces de actuar por sí mismas sin necesidad de haber aprendido nada; entre ellas, las más especializadas son las neuronas.

Y, puestos a imaginar… ¿Quién puede asegurar que la vida que creemos vivir no es más que el recuerdo almacenado en una neurona de un ser que padece Alzheimer?

En fin, la vida puede ser tantas cosas que quizá sea mejor tratar de vivirla… aun sin llegar a comprenderla.


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