EL CÓDICE DE LA LUZ EFÍMERA
Escrito el 19 de marzo de 2026
En el principio no hubo silencio, sino una intención.
El Universo se sentó ante la hoja en blanco del Nada y, con un martillazo de luz, dictó la primera palabra. No usó tinta , sino una explosión de energía que se derramó como caligrafía dorada sobre el pergamino virgen del Tiempo. Aquél primer capítulo, el Big Bang, no fue una rima suave, sino una epopeya de fuego y colisión donde el Autor grabó las leyes de la física como reglas gramaticales de una historia que apenas comenzaba.
Durante eones, el Escribano trabajó en el estilo brutal y magnifico. Forjó soles inmensos solo para verlos estallar en supernovas, usando sus restos para redactar la química de la vida en el corazón de las nebulosas. Fue una escritura de hierro, oro y cataclismo. Cada vez que una estrella moría, el Universo estaba firmando un decreto: “Hágase la complejidad”.
En un rincón apartado de la biblioteca cósmica, decidió redactar un micro-relato: un pequeño planeta azul. Allí, la prosa se volvió densa, húmeda y vibrante. El Universo no quería personajes pasivos, así que inventó la conciencia. De pronto, las letras del libro empezaron a mirar hacia arriba. Tratando de descifrar la mano que les trazaba. La materia se puso en pie, se convirtió en guerreros, exploradores y poetas, reclamando su trono entre as estrellas.
Pero el punto más álgido de la conquista, cuando el personaje creyó haber dominado cada rincón de la página, tropezó con el margen. Allí, donde la luz de las galaxias se rinde ante una negrura absoluta, descubrió que la épica no era el final, sino el prefacio. Al asomarse al abismo del origen, el hombre no encontró fórmulas, sino eco.
Comprendió entonces que somos una frase escrita en un idioma que aún no terminamos de traducir un secreto que el Universo se susurra a sí mismo para no olvidar que, mucho antes de ser estrellas, fue puro deseo de ser. El libro sigue abierto, y nosotros somos la tinta que aún no se ha secado.
Epílogo
Tu existencia es el punto donde el Cosmos decide volverse sentimiento y voluntad. El Universo escribió tus átomos, pero tú redactas la metáfora de cada uno de tus días.
Cita final
“No somos solo tinta sobre el papel del Tiempo; somos el momento exacto en el que el Universo soltó la pluma para sentarse a leer lo que había escrito”.

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