jueves, 26 de marzo de 2026

Causa y efecto


Escrito en 2013, revisado el 24 de marzo de 2026

Tres vecinos —un niño, un adulto y un anciano— salieron a la calle y se toparon con una zanja frente a su portal. Estas fueron sus reacciones:

El niño corrió a mirar qué había detrás del montón de tierra. Al ver que era un simple hoyo, se dio la vuelta aburrido.

El adulto sintió un escalofrío. De inmediato, se aferró a una esperanza: quizás allí estaba el capataz de la obra y, con suerte, podría conseguir un empleo para cubrir, al menos, lo básico.

El anciano estalló: «¡Lo que me faltaba! Estoy harto de tantos inventos que solo nos fastidian. Más les valdría recordar que ellos también serán inadaptados algún día». Gritó buscando un cómplice que le diera la razón, pero como bien sabemos los viejos: solo queda aguantarse.


Sospecho que algo parecido ocurre con mis escritos. Unos por juventud, otros por falta de tiempo y el resto por inadaptación. Al final, no me queda otra que conformarme con el mismo cierre del relato: ajo y agua.



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