miércoles, 25 de marzo de 2026

APRENDER A VIVIR CON LA DUDA



Escrito el 25 de marzo de 2026

Carmen nunca había sido una mujer insegura.

Durante años, fue ella quien organizaba la casa, quien tomaba decisiones cuando Julián dudaba, quien decía “ya está bien así” y cerraba la puerta sin volver a mirarla.

Pero desde que él murió, algo cambió.

La primera vez que volvió a comprobar la cerradura no le dio importancia. La segunda tampoco. A la tercera, ya sintió algo incómodo, pero lo dejó pasar.

—Es normal —se dijo—. Estoy sola.

Lo que no era normal era lo que vino después.

Cada noche, el mismo ritual.
Cerrar.
Comprobar.
Dudar.
Volver.

Y lo peor no era hacerlo, sino la sensación que venía antes: una especie de presión en el pecho, una urgencia que no la dejaba en paz hasta que volvía a tocar la puerta.

Una tarde, en el centro de salud, lo comentó casi sin querer.

—Es una tontería… pero no puedo evitar revisar las cosas muchas veces.

La profesional la miró con calma.

—No es una tontería. Es ansiedad que se ha enganchado a la duda.

Carmen frunció el ceño.

—Pero yo sé que está cerrado.

—Claro que lo sabes —respondió—. El problema no es lo que sabes, es lo que sientes.

Aquella frase se le quedó dentro.

Esa noche, cuando apareció la duda —“¿y si no está bien cerrada?”— Carmen se levantó como siempre.

Pero se detuvo a mitad del pasillo.

Recordó otra cosa que le habían dicho:

—No intentes eliminar la duda. Intenta no obedecerla.

Se quedó quieta.

El cuerpo le pedía moverse. Comprobar. Asegurarse. Terminar con esa incomodidad.

Pero no lo hizo.

—Ya he cerrado —dijo en voz baja.

La duda no desapareció.

—¿Y si no?

Carmen respiró hondo.

—Puede ser —respondió.

El corazón le latía rápido. Sentía que algo malo podía pasar. Que estaba haciendo algo incorrecto.

Pero no se movió.

Se sentó en la cama.

Los minutos pasaron lentos, pesados.

Y entonces, casi sin darse cuenta, la intensidad bajó un poco.

No del todo.

Pero suficiente.

Carmen no sonrió. No se sintió segura. No hubo alivio inmediato.

Pero entendió algo nuevo:

La duda podía estar ahí…
sin que ella tuviera que hacerle caso.

Se tumbó.

Esa noche durmió peor que otras.

Pero a la mañana siguiente, al levantarse, notó algo distinto.

No había desaparecido el problema.

Pero había empezado a cambiar la relación con él.

Y eso, pensó, quizá era el principio de algo.