martes, 12 de mayo de 2026

La trampa del envoltorio


 

La trampa del envoltorio

Escrito en 2014, revisado el 12 de mayo de 2026

Un día cualquiera, acudí a uno de los numerosos centros comerciales que persisten en mi ciudad. No encuentro necesario hacer publicidad ni de estos, ni de ninguno de los productos que se ofertan allí. ¡Bien, vayamos al grano!

Al llegar a la zona donde se encontraban los embutidos y derivados lácteos que requieren de refrigeración, ante mí observé una gran variedad de productos similares. El caso es que me dije: «¡Joder! No sé el porqué tienen que poner tantas cosas iguales y casi al mismo precio».

Fue entonces cuando me di cuenta de que la diferencia radicaba en la cantidad de producto; es decir: el producto más caro —primeras marcas— ofrecía 12 lonchas de queso para fundir, mientras que el más barato —siendo marca y producto nacional— ofrecía 30. Es obvio que me decanté por el de mayor cantidad.

Y, claro, fue a partir de ahí cuando mi cabeza, para no variar, me hizo analizar lo acontecido… De camino hacia el hogar, fui dando vueltas y más vueltas al asunto: ¿A ver si ahora, en vez de pagar más porque las marcas sean mundialmente conocidas, no es por la calidad, sino porque tenemos que pagarles la inversión en publicidad?

Pues, bien, cuál no sería mi sorpresa cuando, al merendar, opté por probar el susodicho y descubrí que no solo era más económico sino que, además —sin entrar en conocimientos científicos y nutricionales por el hecho de que los desconozco—, su sabor y textura, para mi gusto, superaban con creces al afamado producto.

Por otro lado, por todos es sabido —televisión y demás medios de divulgación— que alguna multinacional anuncia a bombo y platillo que, al comprar sus productos, estamos contribuyendo con un céntimo a nobles causas como el cáncer. Cuando, en realidad, ellos han encarecido ese mismo producto más de un 15% en los últimos tiempos. Es decir: que por el hecho de emplear la subjetividad para dicha campaña, a lo que realmente estamos contribuyendo es a enriquecer sus propias arcas.

¡Ya está bien! Que algunos carecemos de títulos académicos, pero sabemos de qué va la vida y, también, de los que ansían el poder… Esos que cuentan con herramientas tan imprescindibles como las diferencias entre las escalas sociales; quienes, con su silencio, contribuyen a que estos manipuladores consigan la libertad para hacer, a su libre albedrío con el mundo, lo que les venga en gana.