No sé ni el motivo ni el porqué
(Miranda de Ebro, 27 de septiembre de 2012, revisado el 16 de abril de 2026)
«No sé ni el motivo ni el porqué: el día de hoy amaneció triste y grisáceo. Quizás, por la obstinación de esa abrumadora y despiadada neblina que, a primeras horas, insistía en que el astro rey brillase por su ausencia».
«No sé ni el motivo ni el porqué: al caminar, como cada día, junto al río más caudaloso de España, he percibido que la algarabía de los pájaros que habitan la zona ha mermado considerablemente. Tal vez sea por el otoño, o vete tú a saber».
«No sé ni el motivo ni el porqué: el volumen del río, hoy, ha decrecido tanto o más que la alegría y el frenesí que transmiten, al trinar, los invariables y satisfechos pajarillos».
«No sé ni el motivo ni el porqué: hoy el río avanza sosegado, triste y meditabundo. Tal vez sea por el otoño, o vete a saber qué pueda estar ocurriendo aguas arriba».
«No sé ni el motivo ni el porqué: la escasa y preciada sustancia, fuente de vida, desciende oscura y amarga como el negro café. No sé ni el motivo ni el porqué, pero quisiera presuponer que, efectivamente, se trata sin más del desánimo que transfiere en mí el otoño, y no que sea el presagio y comienzo de un triste y desagradable final».
«No sé ni el motivo ni el porqué, y ni siquiera soy consciente del porqué lo he escrito o pensado. Tal vez sea producto de mi imaginación, o quizás, del interés que me conmueve para que el mundo sea consciente de algo fundamental: para perpetuar las especies y el hábitat, solo es cuestión de respetar el medio ambiente y todo aquello que hay a nuestro alrededor».
No sé el porqué, pero nace en mí la necesidad de escribir y compartir lo que veo, vivo, pienso y siento. No lo sé, y es lo que estoy tratando de averiguar.
