domingo, 19 de abril de 2026

DESEOS POR ALCANZAR...


 

Deseos por alcanzar…


Escrito el 24 de diciembre de 2015, revisado el 18 de abril de 2026

21 de noviembre de 2363

En un lugar que, sin ser el Paraíso, bien podría equipararse a él, se preparan para celebrar un hito histórico: el ser humano ha logrado vencer, por fin, su sempiterna vehemencia por la individualidad, el afán de protagonismo y el interés por ejercer poder sobre el mundo.

No solo han alcanzado ese propósito, sino que han traspasado la barrera entre lo virtual y lo real mediante un minúsculo microchip cerebral. A partir de hoy, ya no será necesario conectarse a ninguna red o instrumento para interactuar con cualquier persona o lugar del planeta. La energía necesaria para hacerlo factible la proporciona el propio cuerpo mediante el más leve movimiento. De este avance no solo se benefician los humanos; al no ser necesarios los desplazamientos físicos, los vehículos han dejado de existir y, por ende, la Madre Naturaleza ha comenzado a recuperarse del maltrato continuado de su peor enemigo: «el hombre».

Este, al tomar conciencia, ha decidido demostrar su racionalidad utilizando su ingenio para poner en funcionamiento todas las energías renovables. Desde entonces, la prioridad absoluta es el bienestar social, el respeto por los animales y la protección del medio ambiente.

Todo ello comenzó allá por el mes de abril de 2012.

El artífice de esta utopía fue un desempleado que, hundido por la fatídica crisis mundial, se refugió en la escritura con el único fin de sobrellevar su situación personal y no dejarse vencer por la desesperanza. Este aprendiz de escritor se atrevió a publicar una novela corta, Al otro lado…, a través de una web para autores noveles. En ella, dejó un mensaje claro entre líneas para quienes estuvieran interesados en hacer algo por el mundo.

Sin embargo, tuvieron que pasar cien años para que la obra cayera, de manera fortuita, en manos de un adinerado magnate residente en Dubái. Asqueado por el despilfarro y la desfachatez de una época donde unos nadaban en la abundancia mientras otros lo hacían en su propia miseria, el magnate leyó aquellas escasas 98 páginas. Motivado por el deseo de alcanzar la gloria absoluta, pensó: «Seré recordado por la posteridad como el hombre que tomó las riendas del mundo y lo salvó de su destrucción». Ni el hecho de que la obra estuviera mal estructurada, ni su gramática deficiente, impidieron que comprendiera lo que aquel albañil —que murió sin descendencia— quiso transmitir en su día.

Por primera vez en la historia, el mundo celebra de manera solidaria el IV centenario del nacimiento de aquel hombre que, como escritor, corrió la misma suerte que tantos otros: vivir y morir con más penas que glorias.

De repente, unos lejanos y reiterados pitidos le hicieron regresar. Frente a él estaba abierta la página de Interchat; alguien le había enviado un mensaje privado. Aún adormecido, dirigió la mirada al último comentario en pantalla:

—Torniego, una cosa te voy a decir: como vuelvas a denunciar a Fulania para que le validen el perfil, ¡juro ante Dios que voy a buscarte, gordo baboso, y te doy de hostias —escribió «Cara de listo».

«Ya me extrañaba a mí que todo fuese tan bonito», pensó mientras se desperezaba.

—Cara de listo, si afirmas algo que desconoces, corres el riesgo de que te tilden de ignorante. Me gustaría saber en qué te basas para señalarme —respondió él.

—Solo un miserable, ruin, cobarde, calvo y seboso como tú sería capaz de hacerle eso a una mujer como mi querida Fulania.

—La mentira, los insultos y las malas formas son el refugio de quienes carecen de argumentos —sentenció Torniego, dando por finalizada la conversación.

«¡Hay que ver! Con la que está cayendo en el mundo y en qué pierde la gente el tiempo: defendiendo amores ficticios. Cada día entiendo menos a las personas. Defienden a capa y espada lo absurdo y, en cambio, no mueven un dedo por lo que se desmorona a su alrededor», pensó con la mirada fija en el cielo.

Epílogo

Unos por otros, la casa siempre se queda sin barrer. Hay quienes dedican su vida a jugar, tratando de ser felices sin importarles si quienes los rodean han podido llevarse un bocado al estómago.

No podemos esperar a que un magnate dé el primer paso, porque corremos el riesgo de que eso nunca ocurra. Los sueños, sueños son, pero algunos anhelos se cumplen con la simple voluntad de actuar. Por eso, grito desde mi ventana: ¡A qué estamos esperando! Demos el primer paso juntos hacia un mundo mejor. ¡Aún estamos a tiempo! Solo depende de nosotros preservar la vida para el disfrute de las generaciones venideras.