El precio de expresarse
Escrito el 5 de febrero de 2016, revisado el 21 de mayo de 2026
De un tiempo a esta parte, no hay grupo de Facebook donde se traten temas de la ciudad donde resido en el que no me acusen de ser un personaje polémico. ¡Como si eso fuera indicativo de ser un crápula, un degenerado o un sinvergüenza!
No hay aporte o comentario que exponga donde no aparezca algún detractor con la intención de demostrar lo malvado o egocéntrico que, según ellos, soy. Algo que, dicho sea de paso, no me preocupa lo más mínimo; nada de lo que escriban va a servir para afectarme a nivel emocional ni para condicionar mi vida. Por mucho empeño que pongan, en ningún caso podrán demostrar algo que solo existe en su imaginación.
Reconozco que cuando expongo un post lo hago con la intención de generar polémica —es decir, provocar el debate y la controversia—, pero no para regodearme ni para quedar por encima de nadie. Lo hago para saber qué opinan los demás sobre el tema en cuestión, con la única intención de adquirir conocimientos si se opta por razonar las aportaciones que cada cual pueda ofrecer.
La verdad es que, hasta hoy, no he recibido más que agravios. He llegado a la conclusión de que una de las razones por las que no toleran mi presencia es, precisamente, por mi forma de expresarme. Imagino (que no afirmo) que pueda deberse al hecho de no mostrarme tan distante y frívolo como la mayoría de ellos.
Es una actitud que no entiendo, pero que admito y respeto al guardar silencio; es decir, quedándome al margen sin necesidad de arremeter contra su forma de actuar y escribir. Algo que, al parecer, se les escapa o no quieren tener en cuenta.
Mi presencia les incomoda hasta el punto de que, por activa y por pasiva —quiero decir, en abierto y en privado—, se han dirigido a los administradores de los grupos para solicitar mi expulsión, argumentando que si no me echan, se van ellos. En definitiva: con amenazas y coacciones.
Es algo que no entiendo. Con solo bloquearme, la persona intolerante podría librarse fácilmente de este detestable personaje que tantas molestias y perjuicios les causa (según ellos, claro).
Podría extenderme sin necesidad de tener que inventar ni tergiversar nada pero, como soy consciente de que el tiempo libre es un bien escaso, me voy a abstener de aprovecharme de tu generosidad, mi estimado lector.
©Franizquiero
