domingo, 29 de marzo de 2026

NUNCA ES TARDE PARA RECUPERAR LA ILUSIÓN


 


Escrito y subido al blog en 2012, revisado el 29 de marzo de 2026

Es curioso que, sin saber muy bien por qué, esta es la redacción que más me está costando. No tengo nada que escribir. Las ideas se me niegan. Quizá se deba al cansancio acumulado o, tal vez, a que esto empieza a hacerse cuesta arriba.

La verdad es que me supone mucho esfuerzo sacarlo adelante. Son muchas las horas que paso fuera de casa: salgo a las 7:00 y regreso a las 22:15. A eso hay que sumarle tareas como esta, por ejemplo.

Por ello, me estoy planteando si continuar con los dos módulos siguientes. Considero que es un precio bastante elevado dedicar tanto tiempo a algo que ni siquiera sé si me servirá en el futuro. En mi oficio, albañil, puede que no me exijan más que el graduado escolar… y eso en caso de presentarme a alguna oposición estatal.

De todas formas, espero que en vacaciones tenga el tiempo suficiente para decidir si continúo o no con los estudios. Porque, la verdad, en estos meses he alcanzado unos niveles de satisfacción personal jamás imaginados. Además de adquirir conocimientos, he logrado algo que tenía pendiente desde la preadolescencia: superar el fracaso escolar.

Sé que si abandono lo que me queda, tendré que considerarlo como una frustración. Y es por ello que espero y deseo que las vacaciones me sirvan para recuperar la ilusión que en estos momentos está ausente.

—Nunca es tarde para nada 😉 Me gustaría saber en qué punto te encuentras. Un abrazo —comentó alguien.

Y respondí:

Comencé el curso muy animado. Los estudios y mi estado de ánimo iban sobre ruedas. Pero al llegar los primeros exámenes, todo se torció.

Aquel día acudí al centro más cansado de lo habitual. El trabajo me había dejado casi exhausto. Aun así, me presenté con ganas de enfrentarme al examen de Ciencias Naturales, sin ningún temor.

La noche anterior estuve estudiando hasta bien entrada la madrugada y durante el día seguí repasando mentalmente. Pero no sirvió de nada.

El destino quiso que la profesora me sacase de quicio. Logró enfurecerme hasta el punto de que, tras romper dos veces consecutivas la gráfica milimétrica que debíamos realizar, me levanté, recogí mis cosas y dije:

—Hasta aquí hemos llegado. Tú, yo y los estudios.

—No te puedes ir sin firmar el examen —me respondió.

—Me da igual. No pienso volver más.

Bajé el tono, cogí el examen, tracé una cruz y una raya a modo de rúbrica y salí de clase con la cabeza alta, sin mirar atrás.

Mientras me marchaba, escuché:

—No seas testarudo… no abandones… ya te falta poco para conseguir tu objetivo.

Esa fue la última vez que oí su voz.

Después de aquel incidente, decidí instruirme por mi cuenta. Comencé comprando un ejemplar de la Nueva gramática básica de la lengua española y poniéndome al día en Internet sobre cómo desarrollar y estructurar un escrito para que tenga una connotación superior a un texto cualquiera.

Afortunadamente, no soy de arrepentirme cuando tomo una decisión. Y aunque desconozco si fue la correcta, me siento a gusto conmigo mismo.

Gracias por la atención y el interés mostrado.

¡Feliz día para ti y los tuyos!

Saludos cordiales.



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