Escrito el 22 de noviembre de 2015, revisado el 26 de marzo de 2026
Soy un «árbol» al que le gusta compartir su sombra con todo aquel que hasta mí se acerque. No pretendo hacer sombra a nada ni a nadie por el hecho de creerme estar por encima. Como tal, sé que mi lugar está en la tierra; mis «raíces» así me lo hicieron saber desde que tengo uso de razón.
Me gusta observar con detenimiento todo cuanto existe a mi alrededor, sin importarme las diferencias que puedan existir entre unos y otros —personas, animales u objetos—. También me gusta escribir sobre ello, sobre lo que observo, vivo, siento y pienso…
Soy «alcornoque» por el hecho de haber nacido en la alta Extremadura.
Me preocupa, y mucho, que en ocasiones puedan pensar o decir de mí que soy un hipócrita, por el hecho de que mis «frutos» despierten sentimientos totalmente ajenos a mi voluntad.
Como «árbol» y como «escritor», considero que en este «hábitat», al igual que en cualquier otro confín bajo el astro rey, hay sitio de sobra para todos. Para cada uno, por igual. Y que, por tanto, ni siquiera es necesario intercambiar nada para evitar desencuentros absurdos.
Ante Dios y la naturaleza, todos gozamos de los mismos privilegios y derechos. Las escalas sociales son obra del propio hombre. Y, en cuanto al lugar que cada uno ocupa, con el tiempo, será la actitud y la aptitud las que lo determinen.
Vivo tratando de sacar lo positivo de la vida, incluso de lo malo, con el fin de compartirlo con los demás. Sin señalar a nadie como culpable. Porque, a día de hoy, deberíamos saber que los sentimientos pertenecen a quien los siente. Y que, si existe algún conflicto por ello, nace ahí… no en quien, sin saberlo, los despierta.

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