Escrito el 21 de marzo de 2026
Adicción a las drogas
Nadie empieza queriendo perderse.
No hay una decisión clara, ni un momento preciso en el que alguien diga: “a partir de aquí, dejo de tener el control”. Todo comienza de forma casi imperceptible. Una puerta que se abre por curiosidad. Una risa compartida. Un alivio breve. Un intento de encajar. O simplemente, una forma de hacer más llevadero lo que pesa por dentro.
Y, sin embargo, no todas las trampas hacen ruido.
No solo las sustancias ilegales —como la cocaína o la heroína— atrapan. También lo hacen aquellas que llegan con nombre de solución: analgésicos, somníferos, calmantes. Prometen descanso, silencio, alivio. Y durante un tiempo, lo cumplen. Pero algunas, poco a poco, empiezan a pedir algo a cambio.
Más dosis. Más frecuencia. Más espacio en la vida.
Hasta que un día ya no alivian: exigen.
El problema es que la adicción no irrumpe de golpe. No tiene un inicio claro. Es una niebla que avanza sin prisa, cubriendo primero los bordes y luego el centro. Lo que era ocasional se vuelve habitual. Lo que era elección se convierte en necesidad.
Y casi sin darse cuenta, la vida empieza a reorganizarse alrededor de una sola cosa.
Cambian las prioridades. Se tensan los vínculos. Se diluyen los proyectos. Aparece una sensación difícil de nombrar, pero imposible de ignorar: la pérdida de control.
Ahí es donde la verdad se vuelve evidente.
No en la sustancia en sí, sino en lo que va quedando atrás.
Porque la adicción no se mide en miligramos.
Se mide en ausencias.
En oportunidades que no vuelven.
En versiones de uno mismo que se quedan por el camino.
Pero incluso ahí —cuando todo parece reducido a un ciclo que se repite— existe una grieta.
Un instante incómodo en el que algo dentro dice: esto no puede seguir así.
Reconocerlo no es debilidad. Es, probablemente, el acto más valiente que existe.
Porque ese momento, que muchos temen, es también el principio de algo distinto.
El camino de regreso no es fácil. No es rápido. No es lineal. Pero existe.
Y no consiste solo en dejar una sustancia.
Consiste en reconstruir. En recuperar. En volver a elegir.
En aprender, poco a poco, a habitar la propia vida sin necesidad de escapar de ella.
Porque al final, la recuperación no trata de volver a ser quien eras.
Sino de convertirte, por primera vez, en alguien verdaderamente libre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario