sábado, 28 de marzo de 2026

¿Y si todo es parte de nuestra evolución?


 

Escrito en 2012, revisado el 28 de marzo de 2026

De igual forma que un espermatozoide entra en contacto con el óvulo femenino y forma una célula que comienza a dividirse una y otra vez, dando lugar a tejidos, órganos, aparatos y sistemas hasta formar al ser humano, y este, a su vez, “muere” en el vientre materno para salir al infinito exterior…

Creo que la evolución en la vida exterior comienza cuando somos bebés, cuando aún ni siquiera somos capaces de mantenernos erguidos. Poco a poco vamos evolucionando: endureciendo los huesos y, una vez logrado eso, aprendiendo a mantener el equilibrio y a caminar.

Con el paso del tiempo aprendemos, a través de nuestros padres, familiares y amigos, a socializarnos. Vamos recogiendo y almacenando información de todo aquello que vemos. Al principio, imitando a los mayores; después, poco a poco, aprendemos a hablar, repitiendo lo que oímos aun sin saber qué significa. Más adelante comenzamos a tener ideas propias y seguimos creciendo y desarrollándonos como seres humanos.

Mediante juegos y estudios aprendemos a convivir con nuestros semejantes. Es ahí donde se va forjando nuestro carácter. Empezamos a sentir cariño por los demás y, como en cualquier especie animal, buscamos nuestro lugar, tratando de posicionarnos dentro de un grupo y, en ocasiones, intentando liderarlo.

En la preadolescencia comenzamos a sentir nuevas sensaciones, principalmente hacia el sexo contrario. Es cuando ese cariño se hace más intenso y aparece algo que conocemos como amor, aunque hoy sabemos que no se limita únicamente a sexos distintos, sino que puede manifestarse de diferentes formas.

En esta etapa, los estudios adquieren mayor importancia y nos enseñan a conocer el mundo que nos rodea, desde la prehistoria hasta la actualidad.

Después de un tiempo, dependiendo de cada persona, se forma el matrimonio o se unen las parejas con la intención de crear una nueva familia y continuar el ciclo de la vida. Quienes tienen hijos comienzan a enseñarles lo mismo que, generación tras generación, ha venido haciendo el ser humano. Y quienes no los tenemos solemos hacerlo con sobrinos o hijos de amigos, porque es algo que la humanidad ha practicado desde sus inicios.

Todos estos pasos se cumplen en mayor o menor medida. Si se omite alguno, puede que en algún momento dificulte seguir evolucionando y que la vida no resulte tan satisfactoria como uno quisiera.

En mi caso particular, no pude cursar los estudios necesarios para adquirir cultura y comprender muchas cosas por causas ajenas a mi voluntad. Por eso ahora he retomado las riendas, con la intención de completar esos pasos y seguir creciendo como persona.

Cada etapa debe vivirse en su momento, sin quedarse anclado en estados anteriores. A partir de cierta edad, es necesario aceptar el paso del tiempo y reconocer los años que uno tiene, sin querer vivir como si tuviera veinte menos, aunque se esté bien física y mentalmente. Creo que aceptar el paso de los años como algo natural y necesario nos permite aprender del pasado para actuar mejor en el presente y construir un futuro más sólido.

Considero que la evolución del ser humano se alcanza con el transcurso del tiempo. Ese mismo tiempo que comenzó cuando aquel espermatozoide tardó nueve meses en desarrollarse hasta convertirse en un ser humano, “morir” en el vientre materno y nacer a un mundo desconocido. Un mundo en el que vivimos, crecemos y evolucionamos durante un periodo que puede rondar los setenta años, hasta que finalmente dejamos esta vida.

Y quién sabe… si esto no es más que otro paso hacia otros mundos desconocidos. Quizá el tiempo sea aún mayor, o tal vez todo dependa de lo que conocemos como la relatividad del tiempo, que varía según con qué se compare.

La ciencia nos dice que en la naturaleza todo se repite de forma cíclica. Tal vez el cosmos deba destruirse en una gran explosión para volver a comenzar: átomos que se unen, microorganismos que surgen en el agua… y, así, repetir todo el proceso de la evolución del universo, hasta volver a nacer y desarrollarnos como lo venimos haciendo. Y, aun así, el ser humano sigue siendo una pregunta que no sabe responderse del todo.

Esto es solo mi opinión. Y por ello pasaré mi vida intentando descubrir si es cierto o no. Creo que con este escrito lo dejo reflejado:

«Si es así, lo habré descubierto; y si no lo es, será un despiste más en mi vida».

Pero incluso eso me hará feliz, al pensar que quizá, en algún momento, podré volver a vivir y sentir.

Puede que incluso como ser humano, ya que está demostrado que la materia no se destruye, sino que se transforma. Tal vez algún día el polvo de mis huesos vuelva a formar parte de nuevos átomos, que se unan en moléculas y, con el tiempo, regresen al inicio de todo.

Así pienso, y así pensaré hasta el último de mis días en la Tierra. Quien quiera dedicar su vida solo a jugar, que lo haga. Pero que no se queje de cómo le trata la vida, porque la mayoría de las veces uno mismo es responsable de lo que le sucede.


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