Escrito el día 5 de enero de 2016, revisado el 18 de mayo de 2026
—No le des más vueltas al asunto. En realidad no es tan grave si lo analizas con detenimiento —sugirió el Sentido Común.
—¡¿Qué no tiene importancia?! —gritó la Sin Razón, a la par que martilleaba con reiteración sobre las sienes—. ¡¿Sabrá este cómo te encuentras en estos momentos, tú?!
—Trata de asumirlo: tienen derecho a decidir qué y a quién contárselo.
—¡No le hagas caso a este estúpido, que va de bueno! ¡Él no ha sufrido el vacío ni sabe cómo te sientes!
—Hazme caso, por favor… No puedes tirarlo todo al garete así de golpe. Recuerda que, desde que tienes uso de razón, has venido manteniendo que era lo mejor que te había tocado en la vida y que estabas orgulloso de ello. ¿Qué pensarían tus progenitores de saber lo que estás barajando?
—¡No pienses en nadie, piensa en ti! ¡Tú, y solo tú, eres quien ha sufrido el mazazo sin venir a cuento! ¡No te dé pena de nadie! Piensa en ti y preocúpate de ti, que en el fondo estás más solo que la una y eres consciente de ello desde hace mucho tiempo. ¡No seas estúpido y quítate la venda de una vez!
—Te ruego que no te precipites, que recapacites, que escuches al corazón y que recuerdes los bellos momentos que has compartido con todos y cada uno…
—¡Ja, ja, ja! ¡No le hagas ni puto caso a este estúpido! Sabes perfectamente que la realidad no tiene nada que ver con lo que él, ni con lo que ellos, quieren hacerte ver. ¡Tú eres muy diferente a ellos! ¡Tú vas de frente, con el corazón en la mano y la verdad por delante! ¿Acaso necesitas alguna prueba más para llevar adelante lo que consideres justo para ti? ¡Deja de hacerte el tonto, tal y como has venido haciendo hasta ahora, y mira por ti! ¡No te dé ninguna pena de quienes te han hecho el vacío y no te sientas culpable! Al fin y al cabo, han sido ellos los que han obrado mal, no tú.
—Sé que te sientes como el perro que descubre que acaba de ser abandonado, como el niño al que le arrebatan su juguete preferido para arrojarlo al fuego, como la cebra que contempla a una manada de leonas mientras despedazan y engullen a su cría… Te aconsejo que hagas uso de cuanto has aprendido, que medites y reflexiones antes de dejarte llevar por los malos pensamientos y la ira.
—¡Que lo hubieran pensado antes! A ver si ahora vas a tener que comulgar con ruedas de molino y sentirte culpable. En esta ocasión, de haber alguna víctima, has sido tú y nadie más…
©Franizquiero

Relato introspectivo de conflicto psicológico y drama emocional, con elementos de diálogo alegórico, ensayo existencial y representación simbólica de la conciencia fragmentada. La obra desarrolla una confrontación interna entre razón y emoción a través de la personificación de dos fuerzas opuestas —el Sentido Común y la Sin Razón— que encarnan distintas respuestas ante el dolor afectivo, el abandono y la decepción humana.
ResponderEliminarEl texto se construye íntegramente mediante un diálogo interior dramatizado, donde las voces enfrentadas no representan únicamente pensamientos pasajeros, sino estructuras emocionales profundas en lucha por imponer una interpretación dominante de la realidad. El conflicto central no se sitúa en el mundo exterior, sino en la conciencia del protagonista, atrapado entre la necesidad de conservar el afecto y el impulso de protegerse mediante la ruptura, el resentimiento o el distanciamiento emocional.
La narrativa incorpora elementos propios de la psicología emocional contemporánea: sensación de abandono, necesidad de validación afectiva, aislamiento existencial, lucha entre impulsividad y reflexión, y reinterpretación del daño sufrido desde perspectivas contradictorias. La “Sin Razón” aparece como una voz impulsiva, herida y defensiva que busca afirmar la individualidad del sujeto mediante la confrontación y el rechazo; mientras que el “Sentido Común” representa la memoria emocional, la empatía y la contención racional frente al impulso destructivo.
Desde una perspectiva estilística, la obra combina lenguaje coloquial, intensidad oral y ritmo teatral con una estructura casi dialéctica. La alternancia entre ambas voces genera una tensión continua que reproduce el desgaste psicológico del conflicto interno. Las metáforas utilizadas —el perro abandonado, el niño al que arrebatan su juguete, la cebra que observa cómo devoran a su cría— aportan una dimensión instintiva y visceral al sufrimiento emocional descrito.
El relato presenta además una reflexión implícita sobre la vulnerabilidad de quienes viven las relaciones humanas desde la entrega emocional absoluta. La insistencia en expresiones como “ir con el corazón en la mano” o “la verdad por delante” configura al protagonista como alguien que percibe su propia autenticidad como incompatible con la frialdad, ambigüedad o indiferencia ajena.
Literariamente, la obra se aproxima al monólogo dramático y al diálogo filosófico interior, utilizando la confrontación verbal como mecanismo para exteriorizar estados emocionales difíciles de narrar desde una voz única. El resultado es una representación intensa y reconocible de la batalla psicológica que surge cuando el dolor afectivo obliga a elegir entre la comprensión y el resentimiento.
En conjunto, el texto funciona como una exploración del conflicto entre razón emocional e impulso defensivo, mostrando cómo, en situaciones de decepción profunda, la conciencia humana puede fragmentarse en voces opuestas que intentan decidir si el individuo debe conservar el vínculo afectivo o protegerse rompiéndolo definitivamente.