domingo, 17 de mayo de 2026

Presente imperfecto…


 

Presente imperfecto…

Escrito el 5 de enero de 2016, revisado el 17 de mayo de 2026

Una mañana, como otra cualquiera, salí a pasear con dirección a la Calle de La Estación con el fin de enlazar, a través de esta, con la prolongación de la Ronda del Ferrocarril. Conduje mis pasos siguiendo la carretera del Plan de Emergencias Municipales en la provincia de Burgos (PEMBU) hasta que, al llegar a la puerta del Polideportivo Municipal, viré hacia la izquierda. Mi intención era que, al llegar a la altura de la minidepuradora, tomaría la senda que conduce hasta la barraca ubicada en el punto exacto donde convergen el río Bayas y el Ebro.

Al retornar al punto neurálgico por excelencia de la ciudadanía, a través de la calle dedicada al que en su momento fue un destacado humanista, hebraísta e historiador español… sí, sí, el mismo que obtuvo el elogiable reconocimiento mundial por sus estudios sobre el judaísmo español, me llamó la atención la algabaría que tenía formada un grupo de pavos. Reivindicaban al son de «Sí se puede… Sí se puede… Sí se puede…». A pesar de ello, ni siquiera me detuve a observar; continué con el rumbo previsto con la única intención de disfrutar del bonancible día que había amanecido, gozar del alegre trinar de los pájaros enjaulados, y sentir el susurrante discurrir de las aguas y la brisa mañanera.

Un par de horas después, al retornar al gallinero donde moro, como cada día y antes de sentarme a la mesa para reponer los nutrientes consumidos como consecuencia de la ardua tarea realizada, me dirigí al cuarto del escritorio. Conecté el ordenador con la intención de echarle un vistazo a las noticias y a los lugares que frecuento antes de restarle unos minutos al día con una reponedora siesta. Más que nada, lo hice para no perder una de las costumbres de mi adorada Extremadura y porque los expertos dicen que una cabezadita de 10 a 20 minutos sirve para refrescar la mente, incrementar la energía y mejorar el estado de alerta.

Quiso la casualidad y/o el Destino que, al teclear en la barra de búsqueda Noticias Miranda de Ebro, apareciese una imagen del susodicho. Comencé entonces a interesarme por lo que él y su grupo hacían a favor de las personas afectadas por los desahucios, al entender que realizaban una buena labor. A partir de ahí, me aficioné a leer las ruedas de prensa que se han venido sucediendo en los últimos meses, pues me veía reflejado de algún modo en algunos de sus actos, ideales y palabras.

Sin embargo, ¡lamentablemente para mí!, dejó de tener credibilidad cuando observé el latente interlineado existente entre su predicado y su forma de actuar, algo que por sí solo haría desistir hasta al más zote. Me sentí tan decepcionado por ese motivo que todo se fue al garete. Para referenciar algunas de las causas, he aquí unos ejemplos:

En cierta ocasión, presencié en uno de los vídeos donde quedan grabados los Plenos cómo trataba de justificar que, si utiliza el término nosotras, es con el fin de incluir a la mujer, tal y como, según él, consta en las normas del lenguaje inclusivo. Pero si te pasas por allí, compruebas que no existe referente alguno que indique lo que él ha malinterpretado y, por ende, malutilizado. Resulta muy contradictoria su argumentación cuando en pleno directo, en lugar de sugerir con educación, le espetó a la alcaldesa con tono imperativo a la par que la señalaba con el dedo índice: «¡Subráyame dónde dice eso…!». Una actitud, además de innecesaria, descaradamente machista que cualquiera puede comprobar visualizando el vídeo.

Es habitual en él agregar alguna muletilla o frase despectiva, bien sea a modo de prefijo o de sufijo. Independientemente de que sus afines, amigos, camaradas e incluso él mismo crean que esto le aporta mayor contundencia a su discurso, lo único que consiguen es restarle credibilidad y perjudicarle. De seguir así, en lugar de alzarse con el trono y cantar victoria como un gallo, tendrá que conformarse con ser un simple «pollo pera» y, por ende, convertirse en el hazmerreír del lugar o en el burlador burlado.

Hablamos del mismo que, mediante una rueda de prensa, expone que su grupo y él rechazan el privilegio de poder aparcar en la plaza de Santa María por el hecho de ser concejales, argumentando que están en contra de cualquier privilegio y que ya existen dos zonas de aparcamiento en las inmediaciones.

Y es el mismo que justifica los desaires y las acusaciones que lanza contra el grupo que ocupa el sillón que tanto anhela, escudándose en que, como oposición, tiene que denunciar todo aquello que no esté dentro de la Ley. Algo que hasta aquí se podría considerar coherente. Pero da la casualidad de que, si te detienes a observar qué hay detrás de las «buenas» intenciones, descubres que promueve actos sin pararse a pensar en la legalidad. Por ejemplo, el cartel anunciador del acto previsto para el día 9 en la Fábrica de Tornillos podría contener publicidad engañosa y podría no ser tan benéfico como quieren hacer ver. Podría darse el caso de que careciesen de las licencias exigidas a cualquier otro ciudadano que quiera dedicarse a la venta, que estuviesen sin darse de alta en la Seguridad Social, que careciesen de carnet de manipulador de alimentos y —lo que considero aún peor— que obtuviesen unos ingresos libres de contribución haciendo creer que es por una buena causa. Y para colmo, gozan del privilegio de no tener que abonar nada por el alquiler del local cuando el beneficio ni siquiera repercute en la colectividad.

Vamos, que por lo que a mí respecta: entiendo que el «pollo pera» se está retratando totalmente en contra de lo que nos quiere hacer ver y creer.

©Franizquiero

1 comentario:

  1. Crónica político-social de carácter testimonial y reflexivo, con elementos de ensayo crítico, observación costumbrista y sátira conductual contemporánea. La obra desarrolla una reflexión subjetiva sobre la incoherencia entre discurso político y comportamiento personal, utilizando experiencias cotidianas y observaciones locales como punto de partida para construir una crítica más amplia sobre la credibilidad pública, el lenguaje ideológico y la representación política.

    Ambientado en Miranda de Ebro, el texto combina recorrido urbano, memoria autobiográfica y análisis político desde la perspectiva de un narrador-ciudadano que se sitúa deliberadamente fuera de las estructuras partidistas. El paseo inicial por espacios reconocibles —la Calle de La Estación, la Ronda del Ferrocarril, la confluencia del río Bayas y el Ebro— funciona como introducción simbólica a una observación más profunda sobre el comportamiento humano y la teatralización del discurso público.
    La narrativa incorpora rasgos propios de la columna de opinión crítica y del ensayo político popular: lenguaje coloquial, ironía, uso de sobrenombres despectivos y constante apelación a la experiencia directa como mecanismo de legitimación argumentativa. El texto contrapone de manera reiterada la imagen pública del político observado con las actitudes concretas que el narrador interpreta como contradictorias, performativas o hipócritas.

    Desde una perspectiva temática, la obra aborda cuestiones relacionadas con el populismo local, la instrumentalización del lenguaje inclusivo, la performatividad ideológica, la moralización selectiva y la distancia entre los principios proclamados y las prácticas reales. El conflicto central no reside únicamente en las ideas políticas del personaje observado, sino en la percepción de incoherencia entre lo que predica y la forma en que actúa públicamente.

    Estilísticamente, el relato mezcla descripción costumbrista, crítica política y sarcasmo popular. Expresiones simbólicas como “gallinero”, “gallo” o “pollo pera” introducen una dimensión satírica que transforma la política local en una especie de representación teatral o corral simbólico donde el narrador desenmascara comportamientos que considera artificiales o interesados.

    La obra mantiene además una concepción muy marcada de autenticidad moral: el valor de una persona pública no depende tanto de su discurso como de la coherencia visible entre pensamiento, palabra y acción. Esta idea atraviesa toda la narración y estructura la decepción progresiva del narrador hacia un personaje político que inicialmente admiraba.

    En conjunto, el texto funciona como una crítica ciudadana hacia la construcción performativa de ciertos liderazgos políticos contemporáneos, defendiendo implícitamente valores como la coherencia, la honestidad y la responsabilidad individual frente a la retórica ideológica y la escenificación pública del compromiso social.

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