martes, 5 de mayo de 2026

EL JUICIO DIGITAL


 

Viernes, 4 de diciembre de 2015, revisado el 5de mayo de 2026


A través de la observación, atando cabos y cavilando, es como se puede llegar a concluir dónde está el quid de la cuestión de la razón de la sinrazón…


El «patético abuelete» apareció, como cada mañana, en su centro de trabajo. Comenzó subiendo al grupo que administra en Facebook el episodio 4º del capítulo II de Vidas Truncadas, una novela que le ha supuesto tres años de trabajo desde que escribió el primer párrafo hasta que, tras leer y releer, corregir errores ortográficos y tipográficos, y recortar aquí y allá, la dio por válida.

Después de leer la prensa, expuso un nuevo aporte con lo que percibió como más relevante, adjuntando su opinión en un breve enunciado con el fin de incitar al debate entre quienes quisieran participar. A continuación, prosiguió leyendo los comentarios dejados durante la noche, sin ser consciente de lo que se le venía encima…

Todo había sido orquestado mediante una premeditada e «infalible» artimaña, madurada y dirigida por los tres mosquiperros y el inherente Nano Paz Ez, en complot con un quinto elemento: el mismo que había solicitado unirse al grupo el día anterior; el mismo que, a pesar de saber que era amigo de la mosca macho, fue admitido sin ningún reparo; el mismo que, a las 23:29, dejó escrito:

«DESDE EL RESPETO DE LAS MAYÚSCULAS, SER LIBERTARIO O ANARQUISTA (LA MAYOR EXPRESIÓN DEL ORDEN Y SIEMPRE CONTRA EL ORDEN ESTABLECIDO) NO TIENE QUE VER CON EL LIBERTINAJE».

Todo ello en un aporte donde el abuelote «maricón» criticaba la incoherente actitud de alguien que había escrito en la pared de la iglesia de Santa Casilda: «--religión +educación».

Ese mismo individuo, nueve minutos antes, había escrito:

«Nabal… ¿Viene de nabo, de navo, de naval…?»

Sin ser consciente de que el enunciado entrecomillado —«Batalla nabal acaecida en tierras castellanas contra un veterano mojón…»— conllevaba, además de una implícita ironía, la intención de hacerles caer en la tentación de atacarme por ahí.

Tras leer el alegato dejado por quien nada sabe de política ni de anarquistas:

«Después de leer lo mucho que lees a autores de alta cuna y/o primera línea, me cuesta creer que no te hayas dado cuenta de que el entrecomillado cumple una función irónica y no es un mero adorno. Decirte que tus intenciones me han quedado claras desde el primer comentario, porque a este albañil y aprendiz de escritor —que escribe por pura satisfacción, sin intención de deslumbrar a nadie, sino con el propósito de compartir con quien esté interesado sin tener que desembolsar ni un céntimo— se le escapan muy pocas cosas…»

Y, con respecto a lo de «nabal», por si aún no te has dado cuenta: tiene que ver con que en las tierras castellanas donde acontece esta novelada batalla, es decir, en Miranda de Ebro, no hay constancia de que en otros tiempos hayan sido surcadas sus aguas por ningún velero mercante, fragata o navío; al menos en los libros que he leído sobre la historia de esta noble y gentil ciudad.

Respondió con:


«Como se entere el barquero de Miranda… La suerte —o no— es que creo que ya no vive. Pero algún descendiente quedará. Lo de si falleció o no, no lo puedo asegurar. Dicho sea sin entrecomillar, sin sarcasmo y sin acritud. O no…»

Es decir, saliéndose del contexto por peteneras, intentando convencer al «paleto» de que lo hacía de buena fe.

Más tarde, añadió:

«Menos mal que esta mañana me decías a mí, en particular, que no se invitaba a nadie a quedarse o irse. Y again, página 150. Y sigo. Me gusta mantener mi palabra. Te haré saber más tarde lo que opino, si estás interesado, Francisco Izquierdo».

—Columnista, si claro, por supuesto que me gustaría saber qué tienes que decirme. ¿Podrías avanzar al menos sobre qué tema? Gracias.

—¿Tu… podría llamarse novela “Atrapados…”?

—Columnista, no creo que hayas tenido tiempo de leerla y analizarla; pero, aun así, cuando dispongas de tiempo y te apetezca, aprovechando que eres columnista, por mi parte no habría ningún problema en que la publicases si entiendes que con ello el beneficio repercute en tu profesionalidad.

—Don Francisco Izquierdo, mi velocidad de lectura es bastante elevada, al igual que la comprensión y el análisis de lo que leo. Ya veo que, como en su ¿narración?, ha visitado mi muro. Si desea ver mi crítica, le diré que yo no soy quién para ese menester, porque solo daría lugar a engordar más la bola de nieve, y no pienso seguir el juego a nadie.

Alardeó sin ser consciente de que quien supuestamente no se entera de nada estaba al corriente de que, días antes, ese pseudo crítico había solicitado en el grupo Tú no eres de… el enlace de descarga de Atrapados en la red. Y que alguien, antes de facilitárselo, se puso en contacto conmigo.

De ahí que supiera el verdadero motivo de su actitud: un individuo cercano a los 60 años, alistado en el Ejército español en 1977 con el número 190, que se prestó al juego de intentar desacreditarme y ridiculizarme por el hecho de ser un escritor que va por libre.

Dice ser columnista, pero buscando en Internet tan solo aparece como comentarista en vivemiranda.com.

Y cuando se vio descubierto, salió por patas, dejando en la estacada al «filólogo» Nano Paz Ez, a Macarrio el pseudo concejal, a Ambrosio el «experto» en leyes y artes gráficas y a Beobio, el churrullero: el charlatán que habla mucho y sin sustancia.

Alguien que, por sus horarios, intuyo podría tratarse de un desempleado aburrido e infeliz.


¿Y qué es lo que provoca que un grupo de universitarios, cuyo intelecto les llevó a alcanzar el «cum laude» casi sin esfuerzo, tenga que estar día sí y día también intentando desprestigiar a un «paleto»?

Simplemente que a este le gusta hablar de realidades y decir verdades como panes sobre lo que percibe a su alrededor.

Y, curiosamente, quienes intentan impedir que ejerza uno de los pocos derechos que aún conserva —la libertad de expresión— lo hacen movidos por la necesidad de defender, por amistad, a quien, desde mi forma de entender la vida, actúa mal y peor argumenta.

Desde el cariño para Nano Paz Ez, Beobio el churrullero, Macarrio el pseudo concejal, Ambrosio el leguleyo y todas aquellas personas que disfrutan de la lectura y el entretenimiento sin tener que desembolsar ni un solo céntimo.



©Franizquiero

1 comentario:

  1. Relato de realismo contemporáneo con componente autobiográfico y testimonial que se desarrolla en el entorno digital y social de una comunidad local. A través de una narrativa extensa, directa y marcadamente subjetiva, el texto explora los conflictos derivados de la exposición pública, la libertad de expresión y la confrontación de egos en espacios virtuales. La obra pone el foco en la percepción personal del autor frente al juicio colectivo, construyendo un retrato de tensión entre identidad, reputación y pertenencia, donde la experiencia vivida se entrelaza con una interpretación crítica de lo cotidiano y de las dinámicas sociales contemporáneas.

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