El ruido de las palabras
Crónica de un desencuentro donde la crítica pierde su sentido y revela más de quien la emite que de quien la recibe
Escrito el 17 de diciembre de 2015, revisado el 6 de mayo de 2026
Recién sacado del horno:
Por si no lo sabes, además de escribir en el borrador de Desde mi ventana… por Derecho…, el blog y alguna que otra ocurrencia diaria, tengo abierto un grupo en Facebook, La ciudadanía de Miranda de Ebro opina, aprende y comparte, en el que a diario voy subiendo un episodio de una de mis novelas, un escrito y lo que opino con respecto a la noticia local que, para mí, tiene mayor relevancia.
Y, dicho esto, entre ayer y esta mañana, ha acontecido algo en el grupo que me ha resultado penoso y siento la necesidad de compartirlo:
—Hola a todos. Hemos creado este vídeo para apoyar al comercio local de Miranda. Espero que les guste. Agradecería opiniones constructivas para hacer otros relacionados con Miranda —anunció A, una chica que, por sus facciones, cualquiera puede imaginar que sus orígenes están en Sudamérica.
Si quieres ver el contenido del vídeo, haz clic aquí.
—Está muy currado —alenté—. Gracias por compartir.
—Gracias, Francisco. Estoy aprendiendo poco a poco.
—Sigue así y llegarás lejos; pero recuerda que nada se alcanza sin empeño y sacrificio.
—En eso estamos, Francisco. Gracias por tus palabras de apoyo.
—Aquí siempre seréis bienvenidas, tanto tú como tus creaciones.
—Pues dejad esto a profesionales que manejan programas estilo Pinnacle Studio, como, por ejemplo, Miranda HD. Para ser una empresa de marketing on-line, el producto es de pésima calidad —recriminó B, uno de tantos que, al parecer, no tiene otra cosa mejor que hacer que intentar menoscabar el esfuerzo y el trabajo de los demás—. Y una pregunta: ¿por qué, si estáis en Miranda (se supone), vuestros precios aparecen en dólares?
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—¡Viva la libertad de expresión y el libre comercio! —exclamé.
—Lo de subir vídeos o fotos a las redes sociales es como enseñárselos a la familia: el 98% te va a decir que le gusta, que es muy bonito y tal. Y así ni se aprende ni se crece profesionalmente —afirmó y sentenció B.
—B, estamos en Miranda, calle Ramón y Cajal, 48, 1.º derecha, por si quieres pasar a visitarnos. Ya veo que te has molestado en ver la página web; por lo menos, el vídeo ha causado alguna reacción en ti, eso ya es algo (marketing, puede ser). Son bienvenidos todos los comentarios. Gracias.
—Aplaudo tu acertada actitud y el lacónico aporte. Sin duda alguna, evidencias estar a un buen nivel.
—No, gracias. Viendo vuestra web y lo que llamáis portafolio, sinceramente, no es algo que buscaría para hacer marketing... Y menos aún cuando estáis compartiendo oficina en el mismo piso con una asesoría. Y eso de que hablen de ti, aunque sea mal, está demostrado que no funciona en el marketing, y cualquier empresa seria evita precisamente eso…
Todavía no has respondido a mi pregunta
sobre la divisa.
«Me gusta» 1
—Mi página está en dólares porque es la moneda que más se ajusta a mis requerimientos. En todo caso, la paridad euro-dólar hoy en día es casi la misma; no creo que haya tanto problema por eso. Y comparto oficina porque la vida es más bonita cuando se comparte. Aprender, disfrutar y compartir los tomé como lema en mi vida; eso me hace caminar más feliz. Que tengas buen día.
—A, sin lugar a dudas, un buen lema. Algo que comparto contigo al cien por cien.
»A ti, que presumes de estar a favor de quienes
innovan, emprenden y tratan de salir adelante de manera honrada; a
ti, que apuestas por todo lo que genere consumismo y defiendes que ha
de primar en pos del beneficio colectivo; a ti, que, en el caso de
haber sido un/a mirandés/a, habrías aplaudido todo cuanto reprochas
a A, y que no tengo la menor duda de que incluso habrías argumentado
alguna razón convincente con respecto a lo de tener que compartir el
local...
A ti, que, a pesar de lo mucho que dices que sabes y
entiendes, se te escapa que detrás de tus intenciones hay evidencias
del tinte xenófobo que lleva implícito el interlineado de tus
«brillantes y elocuentes» comentarios, decirte que te estás
retratando como un ser contumaz y retrógrado; algo que, a mi
entender, es más que preocupante, por el simple hecho de la edad que
tienes.
—Ten cuidado a quién llamas xenófobo, Francisco Izquierdo. Aquí no tiene nada que ver la raza ni la procedencia. No te confundas ni tildes a la gente por una paja mental tuya. Estamos hablando de profesionalidad, que, a la vista está, no hay.
Si trabajas en España, se cobra en euros, que es
la moneda oficial. Si quieres ser una empresa seria, trabajas o en
local propio o en un nicho de empresas (donde tienes oficina propia),
no en un piso compartido. Luego también se ve la “profesionalidad”
diciendo que estás aprendiendo: no puedes vender un producto que
estás aprendiendo a crear o usar; no es serio ni profesional.
Y
luego, si hubieran hecho un briefing en condiciones, sabría
que en Miranda hay muchas y buenas peluquerías; que también en
Miranda están los talleres de los concesionarios oficiales (a los
que tienes que ir mientras te dura la garantía), franquicias
multimarca y los “de toda la vida”; y, por último, que también
en Miranda hay restaurantes (que no restaurant) muy buenos,
cuyos cocineros son de prestigio nacional.
Todo ello me indica que, precisamente, no ha sido profesional. Como también la calidad del vídeo, que no es coherente en diseño: malo de cojones y, algo muy importante en publicidad hoy en día, corto e impactante, cosa que, si se dedica al marketing, debería saber.
Estoy a favor de emprender, pero siempre con cabeza, innovando y sabiendo lo que se hace, cosa que salta a la vista que no es así.
Y te vuelvo a repetir lo mismo: no es cuestión de que sea o no de aquí (si fuera de Miranda le habría dicho lo mismo); es de profesionalidad. Paleto.
Tras leer su último parlamento, había optado por guardar silencio, en vista de que soy consciente de que, para esta persona, no hay argumento capaz de hacerle entrar en razón. Pero, al percatarme de que alguien le había dado dos veces al «Me gusta»:
—¡Vaya, vaya! C, no era consciente de que tuvieses tiempo suficiente para pasarte a leer lo que por este «cortijo» acontece y, a pesar de no estar de acuerdo con tus indirectos aportes, no me queda más remedio que agradecerte la deferencia, por entender que habrás tenido que posponer cualquiera de tus ociosas actividades y/o las arduas tareas estudiantiles que dices traerte entre manos.
—Mejor no digas nada, Francisco, que llevo dos meses trabajando sin cobrar.
—Sé lo que es eso, y realmente es una putada... —afirmó B.
—Lo tiene muy bien montado el gobierno de la universidad para que andemos así. Se les consienten cosas que fuera no colarían, con lo del fuero universitario. Los profesores tutores de la UNED están peor: a esos les hacen contrato en negro y, encima, es legal... Y a nosotros, hasta 2005, nos hacían lo mismo —explicó C.
—La virgen... Es que estas cosas no deberían estar permitidas... Yo curro normalmente para un periódico deportivo y para una gran institución deportiva (no voy a decir nombres), y, aparte de que tienes que ser autónomo (con lo que conlleva en este país de gastos), en el primero cobro a seis meses vista y, en el segundo, a un año vista. Y todo legal...
—Ah, os hacen lo de los falsos autónomos... y con esos retrasos en los pagos... os tienen en total precariedad. Qué hijos de puta.
—Exacto... Y porque es deporte y para eso se necesita una gran inversión en óptica (mi 400 mm, de segunda mano, fueron casi 6000 €) y siguen llamando a profesionales; pero, si hablamos de prensa normal, ya cualquiera vale. Hoy todo el mundo es fotógrafo y, por ver su nombre en el pie de foto, hasta las regala; o a otros les dan una compacta al plumilla, así que se ahorran un fotógrafo... Así que en esas estamos.
—Menudo panorama más negro... Y, al ser autónomos, ¿no tenéis posibilidad de organizaros ni nada?
—Hay un par de asociaciones de fotógrafos profesionales, pero es añadir otro gasto más y, según lo veo yo, para nada. No se puede luchar contra ese modo de contratación y tampoco se puede luchar con esas “colaboraciones” y “tiradas de precio”. Hoy en día, la profesión audiovisual y artística es un chiste andante...
—Joder, menudo panorama... Si contra lo que hagan los aficionados poco podéis hacer. Y el boicot es complicado.
Y, ante una situación así, surge en mí la duda de si son imaginaciones mías o el trato de B para C es bastante distinto al practicado con A y conmigo. Pero donde no me cabe ni el menor atisbo del porqué de su incívica actitud está evidenciado en su penúltimo aporte: la frustración personal que padece le obliga a arremeter contra toda persona que se atreva a exponer públicamente aquello que le hace sentirse realizado y/o satisfecho.
©Franizquiero

Relato contemporáneo de carácter reflexivo y testimonial, que combina la crónica digital con la observación social para analizar las dinámicas de interacción en redes y los conflictos derivados de la exposición pública. A través de una prosa narrativa con rasgos ensayísticos, el texto reconstruye un intercambio cotidiano en un entorno virtual, transformándolo en un espacio de análisis sobre la crítica, la empatía y los límites de la libertad de expresión. La obra aborda temas como la precariedad profesional, la legitimidad del aprendizaje, la diferencia de trato según el contexto y los posibles sesgos implícitos —como la xenofobia o el clasismo— en los discursos aparentemente técnicos. Asimismo, plantea una reflexión sobre la frustración individual y su proyección en el juicio hacia los demás, defendiendo valores como el respeto, el apoyo al emprendimiento y la necesidad de una crítica constructiva frente a la descalificación sistemática.
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