viernes, 15 de mayo de 2026

Interlineados


 

Interlineados

Escrito el día 26 de diciembre de 2015, revisado el 14 de mayo de 2026

El comportamiento humano es algo que me ha llamado la atención desde que tengo uso de razón. Tras percatarme de ello y analizarlo, es un fenómeno que me ha reportado —y me produce— una infinidad de emociones y sentimientos desde entonces hasta el día de hoy.

Hace poco se incorporó al grupo de Facebook que administro una persona cuyo apellido, según él, lo sitúa en tierras de Extremadura, aunque su perfil indica que está en Logroño. Sin saber por qué, pero dando por válido que en la vida nada surge porque sí y que todo tiene un porqué, intuyo por su forma de actuar que donde realmente se halla es en Babia.

Imagino que al leer este escrito habrá quien se pregunte en qué me baso para afirmarlo, pensando que podría quedar como un estúpido ignorante ante los demás. Por ello, y entendiendo que no se conformarán con lo redactado hasta ahora, siento la necesidad de razonar lo expuesto.

El susodicho fue agregado por la esposa de Isidoro, un hombre que al principio me pareció correcto, educado y noble, pero que con el paso de los días cambió notoriamente su actitud; por ende, le adjudiqué el sobrenombre de el Despechado. Aclarado esto, he de decir que, cada vez que observo que el número de integrantes varía (independientemente de que sea de forma positiva o negativa), tengo por costumbre comprobar quién entra o sale. Lo hago, más que nada, para saber por dónde vienen los tiros en caso de observar una actitud impropia con respecto al propósito de este tipo de páginas.

Ayer mismo, como resultado de cumplirse el patrón de causa-efecto o acción-reacción, opté por realizar algunos cambios en las redes sociales que manejo. Entre ellos, he decidido anotar el nombre de los que se van de manera voluntaria con el fin de no admitirlos de nuevo. Lo considero un método preventivo, pues sería absurdo correr riesgos innecesarios. Antes, cualquiera podía agregar a sus amigos al grupo y subir aportes a su libre albedrío; a partir de ahora, seré yo quien autorice o deniegue ambas cosas.

Explicado el asunto, retornamos al tema en cuestión:

Al visitar el perfil del que dice ser mi paisano para ver qué muestra y comparte, me llamó la atención que solo aparecían tres imágenes. Dos de ellas estaban repetidas, posiblemente de manera intencionada, ya que le identificaban descaradamente como militante de Izquierda Unida. Pero no fue eso lo que me extrañó, sino que la imagen que lo identificaba como persona había sido sustituida por un cuadrado negro justo el mismo día en que fue agregado por su camarada.

Aquella actitud me hizo sospechar que podrían haber urdido algún plan. Por ello, decidí unirme a uno de los grupos donde se supone que participa, con la intención de averiguar algo más sobre este «oscuro personaje». Y digo se supone porque, después de ser admitido, estuve echando un vistazo por encima y la verdad es que no fui capaz de encontrar ningún aporte suyo. Al día siguiente regresé a su perfil y me percaté de que ya no compartía públicamente sus grupos. Esto me extrañó, pues intuí que se estaba escondiendo. La verdad es que cuando alguien se comporta así en espacios donde lo lógico es compartir, su actitud no resulta muy normal, al menos para las personas que se tienen por coherentes y se hacen valorar.

El notas da a entender en uno de sus parlamentos que este «escribidor» podría estar interesado en que él apareciese como protagonista en uno de mis «best-sellers». El uso de esa palabra me hace suponer que desconoce su significado, o bien que no sabe que no tiene nada que ver con lo que yo pretendo. Me voy a abstener de dar más explicaciones, por el hecho de que mi propósito ya aparece reflejado en cualquiera de los blogs y en la web donde ofrezco lo que hasta ahora tengo escrito y registrado.

Aclarado esto, y por entender que no es necesario ser más explícito, le digo que el papel de personaje absurdo y estúpido no es precisamente el perfil que me interesa. Me atrae más el de un personaje que, tras reflexionar y abandonar los malos hábitos, termina convirtiéndose en un ejemplo a seguir y, por ende, acapara el papel de protagonista. Ser noble y cabal es un bien escaso en este medio y, por tanto, ese puesto le correspondería por antonomasia.

Espero y deseo que, después de leer esto, no sea tan estúpido de intentar convencerme de que ha cambiado. Además de absurdo, sería perder el tiempo defender lo indefendible con respecto a su aptitud. Para ser noble y cabal, esto ha de venir en los genes; si no es así, independientemente de que la interpretación del actor o la actriz resulte convincente, la falsedad y la intencionalidad salen a la luz por sí mismas en el interlineado, cuando menos te lo esperas.

©Franizquiero


1 comentario:

  1. Texto de narrativa reflexiva y testimonial con elementos de ensayo psicológico, crítica conductual y crónica subjetiva de interacción digital. La obra se sitúa dentro de una forma de prosa contemporánea híbrida entre el relato autobiográfico, el análisis del comportamiento humano y la exposición interpretativa de conflictos sociales desarrollados en entornos virtuales.

    El narrador construye el texto desde una posición de observador-participante, utilizando experiencias surgidas en redes sociales como punto de partida para desarrollar una reflexión más amplia sobre la coherencia, la autenticidad y la intencionalidad humana. El conflicto central no gira en torno a una acción concreta, sino a la interpretación psicológica de conductas ambiguas, silencios, ocultamientos y dinámicas de pertenencia dentro de comunidades digitales.

    La narrativa incorpora rasgos propios de la psicología intuitiva y del análisis interpersonal subjetivo: desconfianza conductual, lectura simbólica de pequeños gestos, asociación causal entre acciones aparentemente aisladas y construcción de perfiles morales a partir del comportamiento online. El texto refleja una visión del entorno digital como espacio donde la identidad puede ser manipulada, ocultada o representada estratégicamente, generando sospecha constante sobre las verdaderas intenciones de los individuos.

    Desde una perspectiva estilística, la obra combina lenguaje coloquial, ironía crítica y exposición argumentativa con una voz narrativa marcada por el juicio moral y la necesidad de justificar racionalmente sus conclusiones ante el lector. El uso de sobrenombres simbólicos —como “el Despechado”— contribuye a teatralizar el conflicto y a reforzar la dimensión interpretativa del relato.
    El texto presenta además una concepción esencialista de la personalidad humana, según la cual la nobleza, la honestidad o la falsedad constituyen rasgos profundos y difícilmente modificables. Esta idea atraviesa toda la narración y culmina en una visión pesimista sobre la capacidad real de transformación ética de determinados individuos, especialmente en contextos donde la representación digital permite construir apariencias desvinculadas de la autenticidad interior.

    En conjunto, la obra funciona como una reflexión crítica sobre las relaciones humanas en espacios virtuales, donde la observación constante, la interpretación subjetiva y la vigilancia conductual sustituyen progresivamente a la confianza espontánea, configurando un microcosmos social marcado por la sospecha, el ego y la necesidad de validación identitaria.

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