sábado, 25 de julio de 2026

Parte 1, episodio 9, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hola, buenos días a todos y, dicho esto, al igual que la vida sigue su curso sin detenerse por nada ni por nadie:
Corría el mes de mayo de 1996. La primavera se mostraba esplendorosa después de haber superado un crudo y frío invierno; con ella todo volvía a resurgir para recobrar la esperanza perdida. Así me sentí al recibir la noticia aquel día.
—Hola, cariño, te traigo una sorpresa que espero sea de tu agrado —me dijo María Jesús nada más entrar en casa.
—Hola, mi amor. A estas alturas pocas cosas me sorprenden, espero que al menos sea algo positivo.
—Vamos a ser padres otra vez. Algo tendrá que salirnos bien, ¿no crees?
—Sí, claro. Supongo que algún día se tendrá que terminar de una vez esta mala racha y podremos disfrutar un poco de la vida.
Al cabo de unos segundos caí en la cuenta y me abracé a ella llorando por la emoción. El tiempo fue transcurriendo sin ningún contratiempo y, como todo cursaba con normalidad, el nacimiento sería para últimos de diciembre.
Recuerdo, como si hubiese sido ayer mismo, que nos encontrábamos paseando por el pueblo cuando la casualidad hizo que me encontrase con un amigo, de los pocos que tuve en la infancia, al cual hacía muchos años que no veía. Según me dijo, habían pasado más de veinte años desde que se había marchado a la capital de España. A pesar del tiempo transcurrido, al reconocernos mutuamente nos fundimos en un fuerte abrazo y después nos pasamos un buen rato intercambiando información de cómo nos iba en la vida.
—Vamos a tomar algo, que esto hay que celebrarlo. Eres muy importante para mí y siempre te he recordado —me dijo sonriendo.
—Tú también has estado en mis recuerdos. Eres una de las pocas personas que me trataron con cariño; para mí eras como un hermano, pero de los buenos, ¿eh?
—He venido a visitar a mis padres y justo me iba hoy. Ha sido una suerte encontrarme con vosotros, ya que pregunté a algunos qué era de ti y, además de hablarme mal de ti, me dijeron que estabas loco. Pero ¡doy gracias a Dios! por haber hecho posible el reencuentro y comprobar que todo es mentira y fruto de su maldad. ¡Vergüenza les tendría que dar estar toda la vida metiéndose contigo, con lo noble y buena persona que eres!
—Jacinto, ¡por favor!, cóbrate lo que hemos tomado y dame también esa serie de lotería. Toma, Juan, la mitad es para vosotros y ¡ojalá! que la suerte premie al destino por habernos puesto de nuevo en el mismo camino.
En la madrugada del día 22, María Jesús se puso de parto y, como la criatura venía de nalgas, tuvieron que hacerle una cesárea. Al amanecer, aprovechando que las dos se habían quedado dormidas —y según me había dicho el médico tendrían que permanecer un par de días o tres en el hospital—, decidí marcharme a casa para comer un poco. Después de levantar, asear, vestir y darle el desayuno a Julián, llamé a la vecina de enfrente, le puse al corriente de la situación y, tras darme la enhorabuena y hacerse cargo del pequeño, salí trotando para regresar cuanto antes al hospital.
Recuerdo que oí una voz lejana y me detuve un momento.
—¡Enhorabuena, Juan! Vaya suerte que has tenido.
—Sí, así es, ya tengo la parejita.
—¡Hombre! Suerte por lo de la niña y por lo de la lotería... ¿o es que ahora te quieres hacer el tonto?
—¡¿Qué lotería?! —le dije sin saber de qué me estaba hablando.
—En el bar de Jacinto ha tocado el Gordo de Navidad y se dice y se comenta por todo el pueblo que la única serie con ese número os la habéis llevado «Luisito nariz pistola» y tú, justamente el día anterior. Así es que de nada sirve que te hagas el desentendido.
—Pues es la primera noticia que tengo, ¡gracias por avisarme! —le dije sin emoción alguna, ya que esa persona se había burlado de mí durante muchos años.
Me acerqué hasta el bar y, desde la distancia, pude observar que era cierto: tenían puesto un cartel en la puerta con el número premiado. Lo memoricé y me fui corriendo a mi casa con la intención de comprobar si era el mismo número. Al confirmarlo, salí corriendo de vuelta hacia el hospital. Recuerdo que todo el mundo me miraba sin salir de su asombro al verme correr de aquella manera y gritando:
—¡La niña! ¡La niña!
—¿Qué le pasa a la niña? —me dijo María Jesús asustada.
—¡Que no viene sola!
La cara de mi esposa era un poema.
—¿Cómo que no viene sola? Pero si he tenido una nada más.
—La niña viene con un pan debajo del brazo —me calmé un poco y, por fin, pude explicarle—: Mi amor, nos ha tocado el Gordo de Navidad. Ya iba siendo hora de que nos ocurriera algo bueno, cariño.
—Ves, cariño, cómo tenía razón cuando te he dicho más de una vez que después de una mala racha siempre llega una buena —me dijo abrazándose a mí, temblorosa como un flan y llorando como una Magdalena.
La vida me dio un giro de 180 grados. Tiempo atrás soñábamos con que algún día podríamos cambiar de vivienda y comenzar una nueva vida, apartándonos un poco de allí, donde desde niño los malnacidos no hacían otra cosa que burlarse de mí. Lo primero que hicimos con el dinero fue comprarnos un coche ya que, a pesar de contar con el carné de conducir desde tiempo atrás, no había sido posible comprar un vehículo. Después de que mi esposa se recuperara del parto y transcurridos seis meses, decidimos darnos una vuelta por la zona en expansión y estuvimos visitando unas viviendas de reciente construcción en la ciudad de Augusta Emerita, Mérida…





1 comentario:

  1. El episodio supone un importante cambio de tono dentro del relato autobiográfico de Juan. Después de los episodios marcados por la enfermedad y la muerte de su madre, la pérdida de su patrimonio familiar y el distanciamiento con sus hermanos, la vida comienza a ofrecerle señales de esperanza. El embarazo de María Jesús simboliza el inicio de una nueva etapa en la que el protagonista vuelve a encontrar motivos para ilusionarse.

    La conversación entre Juan y María Jesús refleja la fortaleza del matrimonio para afrontar los momentos difíciles. Ambos son conscientes de la mala racha que han atravesado, pero el anuncio del embarazo devuelve la ilusión al hogar. La novela presenta la familia como el principal apoyo emocional del protagonista, capaz de sostenerlo incluso cuando todo parecía perdido.

    El inesperado encuentro con un antiguo amigo de la infancia introduce uno de los momentos más emotivos del capítulo. Frente a quienes durante años difundieron rumores sobre la supuesta locura de Juan, Jacinto lo reconoce como la misma persona noble y buena que recordaba. Este reencuentro demuestra que el afecto sincero puede sobrevivir al paso del tiempo y convertirse en un poderoso desmentido frente a las habladurías.

    El nacimiento de la hija coincide con el premio extraordinario de la lotería, estableciendo un evidente paralelismo simbólico entre ambas noticias. La expresión popular de que «los niños vienen con un pan debajo del brazo» adquiere aquí un sentido literal y emocional. El autor utiliza esta coincidencia para transmitir la idea de que, tras una larga sucesión de desgracias, la vida también puede ofrecer recompensas inesperadas.

    La fortuna obtenida no transforma la personalidad del protagonista ni despierta en él deseos de ostentación. Sus primeras decisiones son sencillas y razonables: adquirir un automóvil y buscar una vivienda donde comenzar una nueva vida lejos del ambiente hostil que marcó su infancia. El dinero aparece así como una herramienta para recuperar tranquilidad y dignidad, no como un fin en sí mismo.

    El deseo de abandonar el pueblo representa mucho más que un simple cambio de residencia. Significa romper con un escenario asociado a las humillaciones, los malos tratos y el desprecio recibido durante años. El traslado a Mérida simboliza la voluntad de dejar atrás un pasado que ha condicionado profundamente su vida y ofrecer un futuro distinto a su familia.

    Aunque la suerte desempeña un papel decisivo con el premio de la lotería, el autor deja claro que la felicidad no llega únicamente por azar. Antes de ese golpe de fortuna, el protagonista había soportado años de trabajo, sacrificios familiares, pérdidas personales y dificultades económicas. La novela sugiere que la buena suerte adquiere un significado especial cuando llega después de una larga etapa de esfuerzo y sufrimiento.

    El episodio transmite una de las ideas más optimistas de toda la obra: ninguna mala racha es eterna. Tras encadenar pérdidas, enfermedades y decepciones, Juan descubre que la vida también es capaz de ofrecer momentos de plenitud. El nacimiento de su hija y el premio de Navidad funcionan como símbolos de renovación y preparan al lector para una nueva etapa vital del protagonista.

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