viernes, 31 de julio de 2026

Parte 1, episodio 15, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 

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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hola, amigos. Por desgracia para mí, no todos los días amanezco de igual manera. Hay tantas cosas que no entiendo de la vida que a veces me parece que ni siquiera he vivido. No entiendo ni comprendo que, habiendo enseñado a través del cariño y la comprensión por igual, mis hijos puedan ser tan diferentes.
Julián, además de ser un niño cariñoso, educado, tranquilo y con una buena trayectoria escolar, sabe convivir en armonía con su alrededor. En cambio Cristina, además de que está en la «edad del pavo» y no hay manera de hacerla cambiar, se muestra agresiva, déspota, engreída y con cuantas descalificaciones os podáis imaginar... Ya desde pequeña mostró indicios de ser una chica caprichosa y complicada, pero ha sido a partir de los dieciséis años cuando no se puede hacer carrera de ella. La comunicación resulta imposible; no mantiene un diálogo coherente y, aparte de que por su boca no salen más que insultos e improperios, no respeta a nada ni a nadie.
Cuando trato de hablar con ella, la situación estalla:
—Cariño, tendrías que intentar ser un poquito mejor. Si te ocurre algo puedes decirlo; somos tus padres y estamos para ayudarte, hija, en vez de enfrentarte como haces siempre.
—¡Pasa de mí, tío! No tengo nada que contar. ¿Y qué te importa a ti de qué voy o cómo me comporto?
—Cariño, eres mi hija y me duele ver el camino que llevas.
—Y tú, ¿qué hiciste? Te recuerdo que con un año más que yo te marchaste de casa, ¿ya no te acuerdas? Eres un flipado de la vida, todo el mundo lo dice: «que eres un loco y que estás como una puta cabra». ¿Pretendes que te haga caso y me traten como a ti? Pero tú, ¿de qué vas, tío? Si estás amargado, ¡suicídate! y no me compliques la vida. Menudo ejemplo a seguir eres, ¡ja, ja, ja! Me troncho y me mondo de la risa. ¡Tío, preocúpate de cambiar tú, que eres el hazmerreír en todos los sitios donde apareces! Creo que los golpes que te dio mi abuelo te dejaron secuelas de por vida.
Es una pena no poder hacer nada por remediar lo de mi hija. No entiendo ni comprendo por qué me tiene que ocurrir esto a mí, y estoy convencido de que mi vida es ¡un fracaso! Me gustaría haceros una pregunta y espero que respondáis con sinceridad: ¿Qué opináis del comportamiento actual de los hijos?
Merche: Hola, amigos. Quizás la falta de comunicación entre padres e hijos es algo a tener muy en cuenta. Es muy importante preguntar a diario a los hijos: «¿Cómo te ha ido en la escuela?», «¿Qué hiciste?», «¿Cómo os portasteis?» y, sobre todo, «¿Cómo te has sentido?». Con ese tipo de preguntas les facilitamos las cosas a nuestros hijos cuando entran en esa etapa difícil de pasar de niños a adolescentes; así se sentirán en la libertad de comunicar con facilidad lo que les pasa. En cambio, cuando hay falta de comunicación, estamos contribuyendo a que se manifiesten agresivos, descarados, hipócritas, etcétera. Y, sobre todo, estamos potenciando la inseguridad en sí mismos, lo cual es algo que a la larga nos afecta a todos aquellos que coincidamos en su trayectoria vital, dando lugar a lo que todos conocemos como trastorno antisocial.
Ramón: Hola, amigos. ¡Efectivamente!, se piensa que cuando hay amor en la infancia no debería haber problemas en el adulto, pero por desgracia la verdad no es esa. Los sistemas de educación primaria, la rigidez de las religiones y de los propios padres en las formas de crianza —cuando no les tratan con el suficiente respeto y cariño al tiempo que ponen los límites necesarios— hacen que las cosas no sean todo lo buenas que serían de desear. Lo cierto es que hay muchos síntomas en la infancia que luego, de adultos, se manifiestan de la forma que por desgracia conocemos.
Los padres tratan de enseñarles a sus hijos lo mismo que hicieron con ellos mediante la disciplina, repitiendo paso a paso lo que sus progenitores les inculcaron. De esa forma inconsciente transmiten a los hijos todo aquello que a ellos les hicieron; y como cada familia es un mundo, de ahí nace la diversidad de caracteres adquiridos. Esa es la problemática actual en el mundo que vivimos.
Jessica: Buenas noches, amigos. Concuerdo con ustedes en lo anteriormente escrito y, si me lo permiten, me gustaría contribuir con una aportación en este magnífico foro: El respeto a lo ajeno implica conocer y sentir que no se debe disponer de lo que no es propio; y si en un momento determinado necesitamos algo que no es nuestro, no podemos tomarlo si no contamos con el consentimiento de su dueño. También hay que saber apreciar, reconocer y cuidar el trabajo de los demás. Por ejemplo: no destruir los bienes materiales que realizan otras personas y de los cuales nosotros nos servimos, tales como la limpieza de la ciudad, el cuidado de los árboles del parque o ¡incluso de la propia naturaleza!, de la que dependemos totalmente para poder existir... ¡El derecho al respeto ajeno da lugar a la paz! Y, por tanto, hace posible un mundo mejor. De nosotros depende el futuro de las generaciones venideras.
Peón de albañil: Pienso que la vida consiste en ir superando las adversidades y dificultades que esta nos va presentando desde que comenzamos a formar parte de ella y hasta el final de nuestra existencia. Cuando nacemos no somos conscientes de lo que es el miedo y, por lo tanto, no tememos a nada. El miedo lo adquirimos a través de expresiones como: «no hagas esto», «ten cuidado con aquello», «si lo haces te ocurrirá esto o lo otro», que llegan a nuestros oídos en forma de consejo, principalmente por parte de nuestros progenitores y demás seres cercanos.
A pesar de que ellos lo hacen con el fin de evitar males mayores, no son conscientes de que con su actuar están contribuyendo a fomentar la inseguridad en nuestra persona. A partir de ahí, esta será la primera meta que deberemos superar, una meta tan difícil de vencer para algunos que probablemente vivirán con ella de por vida. La inseguridad personal es la causante de que la existencia se vea desde un prisma deformado, convirtiendo a la persona afectada en un ser infeliz, triste y frustrado… La inseguridad es el miedo a lo desconocido, a uno mismo, a enfrentarse a los demás, a la vida. Ese miedo limita tus actitudes y tus aptitudes.
Tiene varios orígenes derivados de la infancia, quizás por una sobreprotección familiar o por una falta de autoestima provocada por burlas o algún defecto físico. Es una duda permanente que se instala en todo tu ser; es ver pasar los acontecimientos, la vida... y mirar indeciso sin saber qué hacer por temor a equivocarse o a perder. La inseguridad te impide crecer y desarrollarte como persona, y se vence simplemente haciendo frente, afrontando con orgullo quién eres y hasta dónde puedes llegar, sin importarte lo que los demás piensen sobre ello…
Cuando realmente te aceptas tal cual eres y sientes aprecio por lo que eres y lo que quieres, entonces estás preparado para afrontar la vida con todas sus consecuencias y empiezas a dar la importancia justa a las adversidades. Pues las cosas, simplemente, tienen la importancia que uno mismo les quiera dar. Solo entonces es cuando te liberas y empiezas a verlo todo de otra manera, abriendo un nuevo horizonte que te llena de satisfacción personal. Aprendes que, si tú te sientes feliz, es porque realmente tú lo crees; ya que, en la vida, todo aquello que ocurre no son siempre problemas, son simplemente situaciones. Con cambiar un poco nuestros hábitos es suficiente en muchas ocasiones para que las cosas se solucionen.
Una buena medida es vivir siempre dentro de tus posibilidades y limitaciones personales; quizá así se podría ver todo de otra manera. Aunque es cierto que cuesta mucho superarse a sí mismo, el resultado es tan satisfactorio que, incluso cuando no se consiga del todo, el hecho de intentarlo ya de por sí es un triunfo. Y si decides no hacerlo, déjate de buscar culpables y de lamentarte, pues solo eres tú quien te impide crecer como persona. La vida se presenta para todos cargada de adversidades; la diferencia está en la forma en que actúes frente a ella. Tanto en lo positivo como en lo negativo, ¡tú, y solo tú!, eres el único culpable de cuanto acontece en tu vida. ¿A qué estás esperando para enfrentarte a ti mismo y vencer tus miedos?
Sonia: ¡Hola, Juan! Te comprendo perfectamente. Mi hijo es un adolescente de diecisiete años y lo tengo bastante complicado; hay veces que no sé cómo actuar, si siendo más estricta o más severa. El caso es que mi hijo, de un tiempo a esta parte, es muy rebelde y todos los consejos que le doy los toma como algo pésimo. La comunicación es nula entre ambos y ya no sé qué hacer para que no me vea como su enemiga. Hace lo que quiere, entra y sale cuando le viene en gana; me consta que no anda con buenas amistades. Por su parte, él me dice que mi comportamiento es como el de las personas anticuadas y que trate de estar más relajada. ¿Cómo puedo relajarme si su comportamiento no es normal?
Los estudios se los toma a risa y no acude a clase. Para darle un poco más de confianza, le permití que llevase a sus amigos a casa con el fin de conocerlos personalmente y, ¿cuál sería mi sorpresa? cuando los sorprendí fumando marihuana en el dormitorio… Quedé impactada por su relajada actitud; en mis tiempos jamás se me hubiese ocurrido hacer eso en casa y, de haberlo hecho, estoy convencida de que cualquiera de mis padres me hubiese dado una paliza. Mi preocupación es que tengo miedo de que esa droga lo conduzca hacia otras y no quiero ver a mi hijo hundido en la miseria. Además, no cuento con el apoyo de su padre; al estar separados, él es más permisivo y me dice que no tengo de qué preocuparme, que mi hijo está en una etapa que ha de pasar y que después se le quitará. Es más, en alguna ocasión lo he sorprendido desautorizándome frente a él... Por eso creo que mi angustia nada más acaba de comenzar...
Sandra: Hola a todos. Un tema interesante porque todos lo vivimos en mayor o menor medida. ¿Quién no se rebeló alguna vez? En todas las edades hay necesidad de rebelarse y es en la adolescencia cuando se hace más notoria, porque es en esa etapa cuando nos enfrentamos a muchas cosas que no logramos comprender. Tenemos temores y empezamos a darnos cuenta de que no todo es como creíamos; ni siquiera nuestros padres lo son. Entonces, al dejar de verlos como perfectos y omniscientes, comenzamos a cuestionarlo todo y vemos el mundo sin unas reglas claras: con grandes injusticias, donde vale más parecer que ser, donde no siempre el que más se esfuerza es el que consigue los logros... Y todo eso nos rebela; entiendo que es un proceso lógico y necesario.
Por eso las normas y los límites se han de poner de forma tranquila y deben ser inamovibles; jamás deben establecerse en el momento de una discusión, sino en el transcurso de una buena conversación, explicando por qué se tienen que seguir las pautas con razonamientos claros. A ningún adolescente le gustan las charlas que se cierran con un «porque sí» o «porque aquí el que manda soy yo». Llegados a este punto, sería bueno saber en qué momento comenzó esa falta de comunicación y distanciamiento. Es hora de tratar de acortar distancias, ver qué cosas los rebelan, no juzgarlos ni ponerse en el papel de detectives o policías. Hay que acercarse y hacerles saber los miedos que tenemos como padres y tratar de que ellos nos cuenten sus propios temores, recordarles que siempre pueden confiar en nosotros.
También hay veces en que, ante las situaciones más severas, es conveniente que los padres busquen ayuda en profesionales para informarse sobre cómo convencer a sus hijos de acudir a terapia. Cuando las cosas no se hacen a través del cariño y utilizamos el castigo, lo único que conseguimos es el distanciamiento y, por consiguiente, el empeoramiento del problema. No siempre es culpa del adolescente; él desconoce la realidad y las consecuencias en la mayoría de las ocasiones.
Perico el de los palotes: ¡Gracias, amigos! Cada día que pasa me encuentro más a gusto en este sitio donde la gente es comprensiva, donde te ofrecen respuestas a través de sus vivencias y donde se puede ver que aún hay gente sincera que te habla sin miedo desde el corazón. Eso es algo que, por desgracia, en la vida cotidiana y en la calle escasea; cada vez hay menos personas dispuestas a escucharnos, lo que nos hace sentir que en realidad estamos solos. Esa es una de las preguntas que me hago frecuentemente: ¿por qué estamos tan solos?
Utópico: Hola, amigos. Posiblemente sea porque así lo han decidido, otros porque esperan encontrar a la persona apropiada, otros porque no tienen otra alternativa… Pero creo que lo más importante es ser feliz y disfrutar del día a día con las circunstancias que nos rodean, y no el hecho de estar o no solos. La soledad tiene varias caras y hay que ser conscientes de que la vida es una sola; hay que intentar vivir, con soledad o sin ella… Y la mejor manera posible es pensar que hay un mañana y que las cosas pueden ser muchísimo mejores.
María: En la especie humana nadie quiere estar solo; todos, de alguna manera, buscamos evitar ese sentimiento. Pero, en realidad, todos estamos solos en las situaciones difíciles y creo que deberíamos aprender a estarlo; quiero decir que no podemos refugiarnos en otras personas para aliviar la soledad porque de esa manera, sin ser conscientes, nos autoengañamos. Lo bonito de vivir es compartir, dar a los demás parte de nosotros, pero no siempre es posible, y muchas veces la soledad nos hace elegir mal o refugiarnos en personas que no nos convienen simplemente por evitar ese vacío. Lo ideal sería conseguir el equilibrio interior, estar a gusto con nosotros mismos y enfrentarnos a la vida sin miedos; después de todo, es peor estar mal acompañados que vivir en soledad.
Julia 32: ¡Hola, amigos! En mi opinión, aceptas la soledad cuando vivir contigo misma no supone una carga… y, como todo, requiere un aprendizaje. Como seres humanos, no creo que fuéramos creados para vivir solos, ya que desde la prehistoria fuimos formando grupos porque de otra manera no habríamos sobrevivido; por lo tanto, el instinto social es el que nos lleva a integrarnos, bien o mal, con otros seres humanos. Eso era más que una necesidad de supervivencia. Desgraciadamente, en la actualidad vivimos individualizados y el precio de ese cambio es el sufrimiento de la soledad que, de no remediarlo, acabará con la extinción del hombre. Solo es cuestión de tiempo si no se pone remedio, ahora que quizás estamos aún a tiempo de evitarlo.
Manuela: Es cierto que la soledad es una asignatura pendiente para muchos de nosotros. Pero, aun estando en esa filosofía de armonía y paz interior que te hace ver la vida desde otra perspectiva de equilibrio y aceptación, la soledad puede generar un malestar emocional si no se acepta como un aprendizaje y una unificación de uno mismo. Es cierto que nacemos, vivimos y morimos solos, aunque en la mayor parte de nuestra vida no seamos conscientes de ello. El ser humano experimenta, a través de sus emociones, un crecimiento personal basado en el amor, y para nosotros el amor significa, literalmente, compartir con otro ser. Tendrían que enseñarnos desde pequeños que el amor existe en todo lo que nos rodea y, sobre todo, a cuidarnos y amarnos a nosotros mismos para así poder compartir la calidad de nuestro ser y no la carencia de nuestra necesidad en la soledad.
Peón de albañil: Hola, amigos y demás contertulios. Aunque difiero en algunas cosas con vosotros, sí que es cierto y concuerdo en que la soledad es la única que nos permite estar con nosotros mismos y que, a través de ella, indagando en nuestro interior, podríamos descubrir quiénes somos en realidad. Nos ayuda a madurar y a no depender de las opiniones ajenas para construir nuestra felicidad.
Utópico: ¡Ah! Sin duda, Manuela. Justamente, el sentir una soledad dolorosa significa que aún no se ha obtenido el aprendizaje que se necesita. Como bien dices, al final somos nosotros solos quienes tenemos que resolver nuestros conflictos, aunque creamos que los solucionamos a través de otras personas o causas. De nada sirve la ayuda que nos puedan brindar si nosotros no tomamos la acción para hacer cambios de actitud ante las experiencias que nos toca vivir.
El solitario: ¿Cómo fue?… Es una pregunta que me hago con frecuencia y sin obtener respuesta. Sin pedir mi permiso, te has convertido en la compañera inseparable de mi vida. En todo momento te llevo conmigo como invitada especial, sin distanciarnos un momento. ¡Debo decirte que me he acostumbrado a tu presencia! No me abandonas ni un instante. En sueños te contemplo y, cuando despierto, estás a mi lado, escuchando a cada momento… Con tus caricias y abrazos me dominas; eres única conmigo y apenas lo puedo creer. Me tomas de la mano y me llevas a donde quieres, me inmovilizas, no puedo escapar, me tienes a tus pies.
Como voces en mi mente, siempre estás presente repitiéndome tu nombre, recordándote en momentos inoportunos. Imagino que vivo en un mundo aparte, solos tú y yo. Contigo he compartido mi vida entera; sin importar cómo hayas llegado, estás siempre a mi lado. A veces me gana este sentimiento y quisiera contarles a los demás lo que está pasando, pero sé que les sería difícil comprenderme. Tal vez piensen que somos tan diferentes que parecería algo ilógico. En realidad, me has convertido en tu reflejo, compartiendo un mismo sentido. Es por eso que te he dedicado estas líneas, por todo este tiempo contigo, ¡solo para ti!, mi única amiga y compañera: la soledad.
Judit: La verdad es que a uno le gusta, en algunas ocasiones, escapar de la soledad, pero ella te persigue implacable; corre más que tú, a veces pasa de largo y otras espera a que te encuentres con ella. En cambio, otras veces la buscamos desesperadamente. Nunca es una amiga que te haga compañía, siempre es un extraño a quien no llegas a conocer, pero siempre camina a tu lado. Muchas veces hablas con ella, ¡pero nunca te escucha! No oye ni habla, pero siempre está ahí, caminando a tu lado como si fuese tu sombra. Nunca desaparece, solo se oculta algunas veces; pero si miras hacia el suelo, observas que tu sombra es más larga que de costumbre, entonces reconoces que la soledad te acompaña y es cuando tienes que aprender a vivir con ella. Entonces comienza la transformación: acabas aceptándola y así deja de ser una extraña. Ahora comienzas a hablar con ella, incluso te gusta, y eso quiere decir que has aprendido a convivir con ella; solo le pides una cosa: «que, por favor, no te deje sola».








jueves, 30 de julio de 2026

Primera parte, episodio 14, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado y moderado por Juan.
Juan: Buenos días, amigos. ¡Gracias por vuestras aportaciones! Cuando entro de nuevo al sitio, me satisface enormemente la diversidad de vuestros comentarios; me hacéis ver la vida desde varios puntos de vista al tiempo que aportáis felicidad a mi situación personal. Como todos sabéis, me siento hundido emocionalmente, pero leer día a día lo que aportáis en el foro causa en mí un efecto mayor que la medicación recomendada por el psicólogo. Os agradezco, una vez más, la atención que me prestáis. Y ahora, si no os importa, me gustaría saber qué significa para vosotros la palabra envidia: ¿qué es y qué esconde?
Indira: ¡Hola, amigos! Hace poco que me he incorporado a esta página y, en cuanto vi y leí de qué trata este foro —el cual, dicho sea de paso, encuentro muy interesante—, me decidí a dejar constancia de mi paso por el mismo. Aunque en cierto sentido la envidia es bastante común, el no poder llegar a dominarla puede ser altamente autodestructivo para quien la padece. La envidia es un sentimiento negativo del que se habla muy poco y se sufre en mayor o menor grado; se trata de una reacción que tiene la mayoría de los seres humanos, y es aquí donde pueden surgir las mayores aberraciones, tanto en sufrimiento personal como en la proyección hacia los demás. Por envidia se han podido hacer infinidad de cosas, como recurrir a la magia negra para destruir el entorno armonioso de una familia, agredir a una persona por ser más guapa, alta o simpática, e incluso rayar un coche nuevo por el simple hecho de pertenecer al envidiado. Lo peor de este sentimiento es que puede surgir con facilidad en cualquier ambiente, incluido internet.
Judit: El mejor remedio es actuar rápidamente. Todos sabemos que la envidia comienza en la infancia y, por eso, desde pequeñitos, los padres debemos impedir que este sentimiento avance en nuestros hijos; al menor indicio hay que actuar. Cuando el niño comienza a relacionarse con el grupo familiar y social, si se siente amenazado en su terreno y en lo que más quiere, experimenta un sentimiento de vacío y deseará a toda costa conseguir todo lo que no posee, manifestándolo mediante pataletas o rabietas. Nosotros, como padres, tenemos que intentar calmar esas manifestaciones con explicaciones lógicas y tratar de evitar esas conductas impulsivas; de esta forma, el niño aprenderá a tolerar las diferencias y a valorar sus propias cualidades, es decir, comenzará a madurar.
Uno más: ¡Hola, amigos! Perdonad mi intromisión, me he incorporado recientemente a este sitio y el foro me ha llamado la atención. Os advierto que voy retrasado en la lectura, ya que soy algo corto a la hora de leer y entender lo escrito, pues soy un fontanero sin estudios, trabajo, poca cultura, etc. Aunque eso no me impide ver y entender que hay personas participando en este foro simplemente con la intención de ridiculizar a una persona sencilla, la cual se limita a hablar de su propia vida... Y lo único que pretende es hacer saber a los demás lo que piensa de la existencia y el camino que esta ha tomado; un rumbo que él cree que, de seguir así, acabará con la vida en el planeta.
No te preocupes, amigo Juan, en este sitio tú no eres el único en ser atacado: son muchos los que soportan día tras día los envites de los envidiosos y marginados sociales, quienes no hacen más que buscar triquiñuelas para hacer creer a los demás que todo lo que aquí se escribe es para ir en contra de ellos. Son personas que no pueden aportar nada bueno a la vida y, al sentirse fracasadas, intentan generar conflictos. Están obsesionadas, creen ser el centro de atención y que hay un complot para acabar con ellos.
He de decirte, amigo, que se muestran así porque tienen miedo. ¿De qué? La verdad es que no lo sé, pero he observado que, al leer aportaciones congruentes, les entra el pánico y, tal y como lo haría cualquier animal salvaje, se defienden uniéndose para atacar a todo aquel que intuyen como algo peligroso para su integridad, tanto física como psíquica. Posiblemente se muestren así porque arrastran un complejo de inferioridad desde la infancia.
Por otro lado, quiero que sepáis que esta será mi última participación en el foro, simplemente porque me da ¡náuseas! contemplar las carencias afectivas o de cualquier otra índole en este tipo de sujetos, por llamarlos de alguna manera cívica, ya que su comportamiento deja mucho que desear… Por eso creo que sería injusto por mi parte no aportar mi granito de arena en este foro.
Aunque os parezca raro, este tipo de personas son necesarias para la humanidad, me explico: el bien no existiría sin el mal... la paz no existiría sin la guerra, el día... sin la noche. Sin anormales no existirían las personas normales. ¡Entonces, amigo Juan! Que este energúmeno se fije en ti, te nombre e insulte, marca una diferencia que te dignifica. Quizás trate de culparte por cómo le va en la vida, porque este tipo de personas siempre encuentran a alguien a quien culpar de su miserable existencia... Son personas que están condenadas al fracaso en todas sus dimensiones. ¡Ánimo, amigo! Y no le hagas caso, sigue tu camino que, al fin y al cabo, hay una gran diferencia entre él y tú: no le necesitas para nada, ni siquiera para justificar tu modélico comportamiento. Eso es lo que envidia de ti, de cómo afrontas la vida sin necesidad de culpar a nadie por ello.
Manuela: La envidia no solo llega a disolver amistades o separar familias; a lo largo de la historia hemos podido observar grandes acontecimientos de trascendencia política y social nacidos de ella. Por ejemplo, María Estuardo (Reina de Escocia) fue llevada a la guillotina por su prima Isabel I de Inglaterra bajo la falsa acusación de alta traición, cuando en realidad el motivo fue la envidia que esta despertaba en Isabel. María, aparte de ser una mujer bella y querida por sus súbditos, era la legítima heredera al trono inglés; Isabel, en cambio, era la hija ilegítima de Enrique VIII. En fin, se conjugaron varios factores, pero todos ellos envueltos por la envidia de una reina hacia su prima.
Peón de albañil: Hola, amigos. A lo largo de la historia, incluida la familiar, si los progenitores no han sido capaces de calmar la ansiedad en su hijo, este, al ir creciendo, lo hará con sentimientos de frustración y vacío. Por consiguiente, será un adulto envidioso contaminado por el rencor a los éxitos ajenos, incluso a los de su pareja y amistades, llegando a convertir su vida en un verdadero infierno.
El reconocer que algunas situaciones o personas nos provocan envidia ¡es positivo!, ya que ayuda a reflexionar sobre los propios recursos y con ello a aceptar nuestras limitaciones. La admiración hacia determinadas personas no significa tenerles envidia, es saber valorarlas y valorarse uno mismo. Si sufres las miradas y palabras de una persona envidiosa, trata de pasarlas por alto; no eres responsable de su sentimiento. Si detectas la envidia a tiempo te evitarás muchos problemas, y la mejor manera es no desarrollar confianza con las personas envidiosas. Como bien sabemos, la envidia es el signo más evidente de la falta de madurez.
Silvia: Hola, amigos. Aquí les dejo mi aportación y espero que sea de su agrado. Existe envidia cuando se está insatisfecho con uno mismo, cuando se tiene menos que el otro y deseamos tenerlo, sin saber que el rico no es el que más tiene, sino el que vive feliz con lo poco o mucho que le toca vivir.
Considero que venimos al mundo con una misión... A veces nuestra misión nos pesa, tenemos carencias, obstáculos que superar, etc. Si miramos a nuestro alrededor, siempre habrá personas con menos recursos o talento que nosotros, y también aquellas que cuentan con más, a las que podemos superar y admirar. Desear estar mejor o ambicionar lo que ellos tienen es válido, pero con equilibrio, sin sentirnos inferiores por tener menos; eso demostraría que hemos madurado. En cambio, el envidioso es un ser negativo que nada hace para superarse a sí mismo, maldiciendo y lamentándose de su situación. El envidioso no es feliz porque le pesa el bien ajeno, y esto le impide disfrutar de lo poco o mucho que él posee.
Libra: Buenas noches a todos los que participan en este lindo foro. En el tema de la envidia, debo decir que este es uno de los males que aquejan al mundo desde sus comienzos... Ya en la Biblia, Caín mató a su hermano Abel por envidia, así que, remontándome a aquella época, dejo testimoniado que esto es un mal muy antiguo. Las personas envidiosas, además, suelen ser tramposas: nunca van de frente, es un sentimiento resguardado y siempre actúan a espaldas de uno. ¡Amigos! El mejor remedio para la envidia es tener fe y convicción en lo que haces. Ignorarlos es una de las medidas, pero estar seguro de ti y de tu pareja es el mejor antídoto contra este mal milenario. ¡Buen fin de semana para ustedes les desea su amigo Libra!
Juan: Gracias, amigos, por vuestra visita y comentarios, siempre llenos de positividad, lo cual agradezco enormemente. Como dice el amigo Libra: «ignorarlos es la mejor manera de desprenderse de ello». Pero es una lástima contemplar cómo esas personas derrochan tanta energía en hacer el mal y, en cambio, son incapaces de alcanzar sus propios objetivos. Al considerar que los demás consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo, el envidioso se vuelve alguien tacaño de espíritu; si triunfa, nunca se siente satisfecho. Está sentenciado a sufrir por lo que desea del envidiado y, en contrapartida, no ceja en su empeño por incomodar y causar mal a quien envidia. Con el apoyo y los comentarios que aportáis, poco a poco voy recuperando la confianza en mí... ¡Gracias por todo, amigos! Sin vosotros no sabría qué hacer.
Teresa: ¡Hola, amigos! Muy interesante el tema del foro. Las palabras envidia o maldito no deberían existir en nuestro vocabulario. la envidia es un sentimiento que hace anhelar lo ajeno; el envidioso contempla el bien como algo inalcanzable y las cosas solo son valiosas para él mientras están en manos de otros, lo que hace que se sienta desdichado. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, el oportunismo…
Si nos fijamos, casi siempre es en el entorno familiar donde comienzan las comparaciones: «tu hermano es más guapo», «sabe más»... He visto casos donde es la propia madre la causante de hacer sentir frustrado a su hijo al compararlo con sus amigos y al hacerle saber que son más inteligentes o que sacan mejores notas; con esa actitud genera el conflicto. Como humanos que somos, en ocasiones no tenemos la suficiente fuerza y voluntad para superar comentarios adversos y, de esa manera inconsciente, emerge la envidia. Por eso considero que las comparaciones no son buenas desde ningún punto de vista, porque crean complejos de inferioridad y baja autoestima, desencadenando con todo ello la creación de un individuo codicioso, ambicioso y destructivo, incapaz de hallar un equilibrio entre las personas y la sociedad. Lo bueno de los foros es que siempre podemos aprender unos de otros.
Peón de albañil: Hola, buenas tardes a todos. He de reconocer que son muy buenos y acertados los comentarios expuestos por los que por aquí participáis. En verdad hay gente malintencionada y lo digo con conocimiento de causa: se acercan a ti con la intención de cambiar la opinión que puedes tener de una persona determinada. Los desacuerdos entre ideas siempre van a existir y no podemos pretender que todo el mundo acepte nuestros puntos de vista; todos pensamos o actuamos de diferente manera y nada podemos hacer para evitarlo, pero sí podemos dejar claro que se estima y respeta a una persona que ante ti se ha mostrado abiertamente y con sinceridad. La envidia está latente en todos lados y, por desgracia, no se puede erradicar; solo es cuestión de plantearlo en tu pensamiento y no dejar que ese sentimiento maligno sea capaz de dañar la amistad.
La amistad es el sentimiento más puro que existe, a la vez que un lazo de unión imposible de superar, y todo esto va en beneficio de los seres vivos. ¡Agradezco vuestras aportaciones! En ellas son muchas las veces que podemos hallar las respuestas a nuestras situaciones personales y, como dice Teresa: «a través de los foros podemos aprender unos de otros». ¡Efectivamente!, así podemos concordar o debatir aquello que merezca la pena ser tenido en cuenta. Los foros en sí no son más que el lugar de reunión donde el diálogo hace posible el entendimiento entre las personas.
Si esto fuese posible hacerlo a nivel de calle y día a día, podríamos llegar a una conclusión urgente y necesaria. Actuando de manera individual, pero en conjunto y con un mismo objetivo, ¡conseguiríamos un mundo mejor! Podríamos disfrutar de él sin las desigualdades actuales que padecemos. Todos somos conscientes, pero muy pocos estamos dispuestos a hacer algo por conseguir que en la vida no existan las diferencias actuales que hay entre los seres humanos; llevándolo incluso más allá, respetando todo lo que nos rodea con el fin de preservar lo que hasta nuestros días ha llegado en beneficio de las generaciones venideras. ¡Es un derecho que tienen!
Intentar que esto sea posible es todo un reto que está en nuestras manos, y creo que aún estamos a tiempo. El diálogo es el camino más corto y efectivo. ¡Luchemos por conseguir el bienestar y la supervivencia de todos los seres vivos! Quizás esa sea nuestra misión y el destino final de nuestro paseo por la vida.
La ciencia ha demostrado que en la vida todo se repite una y otra vez cíclicamente; a través de ella somos conscientes de que la materia no se destruye, sino que se transforma, y también por mediación de ella somos conocedores de cómo surgió la vida en la Tierra. ¿Entonces por qué algunos se empeñan en afirmar que tras la muerte no hay nada más? Según la propia ciencia, todo depende de la unión de los átomos y las moléculas... Tal vez no recuperemos la vida tal cual la conocemos ni tendríamos por qué volver a ser un ser vivo; incluso podríamos formar parte de un desierto en forma de un granito de arena. Entonces, si partimos de esa premisa, está claro que las generaciones venideras podríamos ser nosotros mismos. Imaginemos que ese fuese el misterio que aún hoy el hombre no ha sido capaz de desvelar.
Asumo que puedo estar totalmente equivocado, pero ¿qué o quién podría demostrármelo? Soñar e imaginar es algo gratuito y cada cual puede hacerlo a su libre albedrío. El día que la Parca venga a por mí, partiré con la esperanza de encontrarme con todos y cada uno de los que en esta vida he conocido, tanto con los buenos como con los malos, pues, en el fondo, todos han contribuido a que sea quien soy y, sin ellos, no hubiese sido posible.




miércoles, 29 de julio de 2026

Parte 1, episodio 13, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Al percatarme de la presencia de los nuevos adscritos al foro, y dejándome llevar por la presión que ejercía sobre mí la curiosidad, decidí echar un vistazo a sus perfiles y darme una vuelta por los hilos para saber qué tipo de personas se hallaban detrás de aquellos aportes.

PERFIL DE USUARIO: Belinda
  • Edad: 45 años
  • País: Colombia
  • Estado civil: Soltera
  • Busca: ¡Hola, amigos! Soy una mujer real, verdadera y soñadora por naturaleza. Quisiera ser un aporte positivo en este mundo virtual, donde hay miles de razones por las que estamos aquí: conversar de la vida, de los logros, de las penas que nos amargan el alma, reír, entretenerse o cualquier cosa... Siempre desde el respeto hacia los demás. Siempre estoy conectada, pues mi trabajo me lo permite.

Según he podido comprobar siguiendo los foros donde participa, se comporta de una manera sensata, coherente y afín a lo que deja reflejado en su perfil. En una palabra, es una persona que actúa con coherencia, respeto y dignidad; algo que debería ser normal tanto en el espacio real como en el virtual.

PERFIL DE USUARIO: La Canadiense Encantada
  • Edad: 49 años
  • País: Canadá
  • Estado civil: Soltera
  • Busca: Amigos, novios o lo que surja. Me gusta abrir muchos foros porque soy una persona encantadora y buena anfitriona; todos mis amigos me dicen que soy la mejor y, además, sé de todos los temas a tratar. Soy inteligente, tengo mi propio despacho, soy licenciada en derecho y poseo varios títulos académicos. He trabajado incluso para un político importante en mi país de origen (Perú); en fin, tengo una buena situación económica y social...

Bajo mi punto de vista, pertenece a la peor calaña que te puedes encontrar en este sitio. Es envidiosa, engreída, vanidosa y, además de tener doble cara, le gusta ser el centro de atención. Cuando alguien abre un foro ajeno y ella cree perder protagonismo, acude en privado a sus otros amigos para sembrar cizaña, haciéndoles creer que hay alguien que los está atacando, sabiendo de antemano que estos responderán sin ningún reparo, cegados por el rencor.

Por un lado se muestra modosita y educada para rodearse de personas normales que desconocen su doble juego; a ella lo único que le interesa es estar en la cabecera y sentirse segura por el éxito de sus hilos. La Canadiense funciona así: de frente a la galería y, por detrás, a escondidas. Mediante el uso de los mensajes privados se pone en contacto con otro tipo de usuarios que, como ella, padecen de envidia y no toleran que entre un tercero y se convierta en el centro de atención. Se alían en grupo como las fieras para atacar a traición y por sorpresa; ella siembra la duda en sus acomplejados compinches y estos, faltos de inteligencia, le hacen el trabajo sucio, siendo ella la única beneficiada. Realmente es tal y como se muestra a escondidas: le encanta generar conflictos donde los demás parezcan personas desagradables. Sus foros solo sirven para crear polémica mientras los suyos propios están rodeados de una falsa tranquilidad, armonía y sosiego. Si le tuviese que comparar con un animal, el caracol sería el elegido por lo babosa y arrastrada que es.

PERFIL DE USUARIO: Sr. Demonio
  • Edad: 48 años
  • País: España
  • Busca: Hola, soy malagueño y como andaluz tengo mucho arte y gracia. Tengo mi propio negocio: soy fontanero. Me gusta el Heavy Metal, soy anarquista y no creo en Dios, pero sí en el amor; me gusta estar picando de flor en flor. Tengo un coeficiente intelectual por encima de la media y unos conocimientos adquiridos superiores a los de cualquiera y en cualquier materia, modestia aparte. Me siento igual que de joven, con ganas de comerme el mundo y conquistar a las mujeres bellas de este sitio. Soy amigo de mis amigos, incondicional de ellos hasta el punto de que los enemigos de ellos también son los míos.

¿Qué puedo decir de este personaje? He visitado los foros por donde aparece este ser que, según él, es gracioso, aunque parece desconocer aquel sabio dicho de «más vale caer en gracia que ser gracioso», ya que no de todo se puede hacer un chiste. Por lo que he leído en los hilos donde participa, se vanagloria de ser heavy, de no creer en Dios y se declara abiertamente anarquista en un país como España, donde la monarquía está constituida. Aparte de las sandeces e improperios que no merecen la pena ser mencionados, está rodeado de alimañas que se asocian para crear conflictos en los foros que consideran que les quitan protagonismo a los creados por ellos mismos.

He observado que la mayoría de sus compinches hacen apología del ateísmo. Estos personajes no necesitan enemigos: ellos mismos, con sus manifiestos y escritos, se hunden solos, cayendo una y otra vez en los mismos errores sin evolucionar física ni mentalmente. En el caso concreto del Sr. Demonio, creo que su estado se debe a que en su juventud, y dados los gustos musicales que manifiesta, posiblemente haya consumido sustancias estupefacientes que alteraron notablemente sus neuronas. Por si esto fuera poco, deja claras evidencias de que carece de autoestima al saberse inferior a cualquiera que presente un mínimo de coherencia; de ahí deriva su inmadurez y su comportamiento infantil, queriendo hacer un chiste de todo lo que dice, esperando que sus aduladores —que no amigos— le rían la gracia de turno para sentirse feliz. En fin, no es más que un pobre antisocial, frustrado por su poca valía.

PERFIL DE USUARIO: La Canela en Rama
  • Edad: 45 años
  • País: Perú
  • Estado civil: Soltera
  • Busca: Hola, amigos. Me gusta conversar, hacer amigos, divertirme y enamorarme. Soy profesora de Ciencias Naturales y, aunque la ciencia lo tiene todo suficientemente demostrado, yo sí creo en Dios. Soy tolerante, no me gustan las injusticias y también me gusta mucho la fantasía; es decir, vivir en mundos imaginarios rodeada de príncipes, princesas, caballeros y vasallos…

La verdad es que, con respecto a esta dama, tengo serias dudas. Dependiendo del sitio donde participe se le puede ver como a una persona culta, preocupada por la desigualdad entre clases sociales; o sea, una persona normal, coherente y razonable. Pero, a su vez, está rodeada de ciertos personajes siniestros con los que se lo pasa bien. Tiene imaginación y, cuando crea alguno de esos foros donde la fantasía está a la orden del día, le gusta que la traten como a una reina. Es muy aficionada a desarrollar escenarios en torno a los «aposentos», dando lugar con ellos a conversaciones de índole sexual. A cambio de que sus vasallos y caballeros colaboren en el palacio, se une a ellos cuando emprenden algún acoso y derribo contra cualquier otro forista que no concuerde con su manera de actuar.

En cuanto a lo demás, pienso que si fuese un poco más selectiva a la hora de elegir a sus contertulios, posiblemente se rodearía de personas sensatas y coherentes, lo que cambiaría sustancialmente su estancia en el sitio. Otra cosa que me llama la atención es la frecuencia con la que abandona y vuelve a crear perfiles en la página; como ella, hay varios que cambian constantemente el nick de registro. Tal vez lo hacen con la intención de pasar desapercibidos, creyendo que con modificar el nombre es suficiente, sin tener en cuenta que en estos sitios basta con observar cómo se expresan y se comportan para saber qué identidad se oculta detrás de sus aportes. He observado en ella que, cuando sus amigos le salen al encuentro para pedirle ayuda, aun sabiendo que actúan mal, se deja influenciar y actúa de un modo muy parecido al de estos personajes, aunque reconozco que no es tan dañina como ellos.




martes, 28 de julio de 2026

Parte 1, episodio 12, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: ¡Gracias, amigos! Con vuestras aportaciones diarias conseguís que por unos momentos me olvide de mi situación actual y, si me lo permitís, me gustaría proponeros una serie de preguntas. Aquí lanzo la primera: ¿Qué os parecen las mentiras que hay por este sitio?
Amor de madre: ¡Hola, amigos y amigas! Creo que todos conocemos algún caso de esos donde los «Don Juanes de internet», después de la conquista, se aburren y no dudan en inventarse incluso hasta muertes con tal de quitarse de encima a la ciberpareja. No tienen escrúpulos a la hora de hacer sufrir a las personas, jugando con los sentimientos de aquellas que han creído en el amor apasionado que les brindaban en la distancia y valiéndose de la ingenuidad o la necesidad de esa noble persona.
Utópico: Cada quien carga con las consecuencias de sus actos. El problema reside en nosotros mismos cuando, la mayoría de las veces, tergiversamos, malinterpretamos, idealizamos y nos aferramos a palabras que, del otro lado de la pantalla, no están dichas con esa intención. Hay quienes confunden amistad con amor. En primera instancia debería conocerse a la persona y luego dejar aflorar los sentimientos. Veo a diario que hay usuarios que, de una semana para otra, ya están enamorados y haciendo planes de viajes para conocerse; a partir de ahí surgen todo tipo de problemas porque se enamoran solos. Es decir, al otro lado de la pantalla están meramente pasando el rato sin mayor compromiso. Uno tiene que actuar en función de su propia ¡intuición y criterio!, nunca bajo el criterio de los demás, pues cada quien viene a vivir sus circunstancias y estas determinan su propio plan de vida. Vivir en función de lo que los demás desean o quieren de nosotros es una creencia errada que arrastramos y que tenemos que sanar nosotros mismos, ¡siendo auténticos!
María: ¡Buenos días, amigos! Pienso que en este tipo de relaciones hay que tener paciencia y más cuando se interpone la distancia (aunque hay veces que esas personas están muy cercanas a nosotros). Debemos ser más prudentes y no entregarnos tanto porque terminaremos enamorándonos; si de pronto esa persona desaparece —pudiendo ser incluso nuestra propia expareja—, deja en nosotros la desilusión y el sufrimiento, aprovechándose una vez más de nuestro estado precario, emocional y social en la mayoría de los casos. Uno nunca está seguro de quién está detrás de la pantalla, excepto que nos comuniquemos vía Messenger y con webcam; por eso yo no me fío de nadie, ya que en mi caso no me gusta ponerme delante de la cámara.
Peón de albañil: Hola a todos. Parece que este foro se pone aún más interesante. Juan es una persona imprevisible y nunca sé qué me voy a encontrar al entrar aquí. Personalmente, ante la pregunta expuesta por él, creo que todos los aquí presentes tenemos edad más que suficiente para saber distinguir quién se acerca a nosotros y con ¡qué pretensiones! Entiendo que no es necesario ir de mártires, al menos en lo virtual, ya que por este medio es bastante más sencillo apartarse de cualquiera que nos quiera causar algún tipo de malestar. Este canal cuenta con una gran ventaja: si no quieres que alguien te moleste, es tan sencillo como bloquear a esa persona y asunto concluido. El engaño, por tanto, solo es posible cuando la persona en sí está dispuesta a permitirlo. Ya todos deberíamos saber a esta edad que nadie da duros a cuatro pesetas y que las historias de amor quedan muy bien en los cuentos de hadas, donde siempre terminan siendo felices y comiendo perdices. Una cosa es la vida real y otra muy distinta la ficción o la fantasía que arrastramos desde la infancia y que persiste en aquellas personas que no logran madurar.
Jessica: ¡Hola! ¿Qué tal están, amigos? En mi humilde opinión, el mentiroso es aquel que vive de evasivas, y aquí hay muchos, pero entiendo que no soy quién para juzgarlos. A diferencia de ellos, siempre he mostrado mi verdadera imagen: soy respetuosa, con escasas virtudes y mil defectos, pero los digo y no los oculto. Así la otra persona sabe con quién está tratando y, si no son conscientes o suficientemente inteligentes para entenderme, entonces de ninguna de las maneras se puede hacer nada. No entro aquí a buscar ni amor ni comprensión, simplemente entro a entretenerme, sin ninguna otra intención que la mera conversación. Por lo tanto, no quiero que nadie se sienta engañado. ¡Bastante difícil es la vida como para complicarla aún más en internet!
Utópico: Por supuesto que existen mentirosos y mentirosas. Lo importante en estos casos es no dejarse llevar solo por las apariencias. Debemos conocer primero bien a la persona antes de entregarnos totalmente a una relación; en este medio corres un elevado riesgo de ser engañado. Pienso que, como personas adultas que somos, debemos ser más cautelosos. Además, creo que la mentira es algo que tarde o temprano sale por sí misma a la luz, y para evitar que sea más bien tarde que temprano, lo importante es estar alerta en todo momento. Con este sencillo método ahorraremos la pérdida de tiempo y, lo que es más importante aún... ¡el sufrimiento!
Belinda: Siento que sí, que ¡efectivamente! hay personas buenas y malas, pero depende de uno tomar o dejar. Lamentablemente, no podemos entrar en este mundo virtual con los ojos cerrados, pensando y sintiendo como verdadero todo aquello que nos dicen, ya que los sentimientos se manifiestan rápidamente. Debemos entender que hay quien entra simplemente a pasar el rato, sin importarles el daño que puedan causar a los demás... Por el contrario, también existen las personas nobles y con buenas intenciones, que desde el principio dejan bien claro que lo suyo es una conversación limpia, sana y a través de la amistad... Siempre he escuchado que por estos sitios abundan los mentirosos y, a su vez, personas que buscan una posible víctima para satisfacer sus instintos primitivos de la dominación del macho sobre la hembra... Con el tiempo una aprende y tu sexto sentido detecta a los aduladores y gentes de mal vivir que entran buscando una víctima con quien satisfacerse en beneficio propio, sin importarles para nada la otra persona.



lunes, 27 de julio de 2026

Parte 1, episodio 11, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Tras varios días sin poder conectarme a internet como consecuencia de una subida de tensión que inhabilitó el alimentador de corriente del router, y habiendo tenido que esperar a que me enviasen uno nuevo, estaba ávido de saber qué habría acontecido en el foro que me tenía completamente fascinado. Me llevó más de diez horas ponerme al día:

Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hola, buenos días a todos. Aquí les dejo algo por si les apetece leer un ratito y saber más de mí:
Domingo 7 de mayo de 2006. El día comenzó muy temprano y estaba con los nervios a flor de piel: Cristina hacía la Primera Comunión. Recuerdo que un mes antes se me ocurrió una idea mediante la cual hice saber al vecindario que, gustosamente, me gustaría invitarle al evento; para hacerme una idea de cuántos acudirían, necesitaba que se inscribiesen en una lista que dejé en la asociación de vecinos.
En total nos juntamos trescientos comensales. El gasto no me importaba; lo único que quería conseguir era recuperar lo que en mi infancia constituía una bonita costumbre: invitar a familiares, amigos y conocidos para que pasaran a tomar un aperitivo y algún tipo de bebida con el fin de acompañarnos en un día tan especial. Para ello contraté un servicio de catering, al cual le advertí que prefería que sobrase comida antes de que alguien se quedase sin comer y beber.
La gente se mostraba muy satisfecha y me lo hacían saber: «¡Qué pocas personas quedan como tú! ¡Gracias por tan magnífico día!». Con sus comentarios y el transcurso de la jornada, pude disfrutar de un feliz día en compañía de amigos y conocidos… Ellos evitaron que echase de menos a mis hermanos.
Jessica: ¡Hola, amigos! También he conocido, como vosotros, lo que significa el lazo de amistad que existía entre las personas años atrás; pero siento deciros que no hice la comunión, ya que no soy cristiana, aunque sí sé lo que se siente al estar rodeada de tantos amigos y familiares.
María: Hola a todos. Amigo Juan, cada día me haces ir recobrando la ilusión perdida. Al recordar la comunión de Cristina me hiciste retroceder en el tiempo y regresar a una linda época de mi vida… A medida que he ido leyendo, me he ido distanciando en el tiempo hasta llegar al día de ¡mi primera comunión! En mi caso, como éramos una familia muy humilde, nos tuvimos que juntar tres familias para poder hacer el convite; los asistentes fueron escasamente treinta personas, pero lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida. ¡Gracias, amigo, por conseguir que vuelva a sonreír y a tener un poco de fe en que todo se puede conseguir cuando se quiere de veras!
Peón de albañil: El día de mi comunión, a pesar de que por aquel entonces las familias como la mía se veían obligadas a celebrarlo en sus propias casas, el traje me lo hizo a medida un sastre amigo de mis padres, el cual también asistió al convite acompañado de su esposa e hijas. El regalo que más ilusión me hizo consistió en un paquete de cigarrillos que mi abuelo materno me entregó —a escondidas de mis padres, por supuesto—. ¡Qué tiempos aquellos! Los recuerdos los tengo tan presentes que me parece estar viviéndolos de nuevo.
¡Gracias, Juan! Es para mí un placer seguirte en el foro; cada día consigues que piense que ¡la vida es maravillosa! Entre los que participáis positivamente lográis hacerme sentir una persona afortunada y feliz, ya que pienso que las personas como ustedes, por desgracia, están en peligro de extinción. Es por eso por lo que agradezco al medio que hace posible que, día tras día, podamos intercambiar anécdotas de nuestra vida cotidiana. Me siento una persona privilegiada. En este medio y fuera de él he tenido la suerte de cruzarme con personas similares a mis criterios y costumbres, y eso es algo que no todos pueden decir, ya que cada cual valoramos las cosas de diferente manera.
Empresario: Pero qué manada de estúpidos. «Dios los cría y ellos solitos se juntan», como bien dice el refrán. ¡Yo no he hecho la comunión! Sencillamente porque no creo en Dios… Para creer en él hay que estar como vosotros: tontos, locos o ser analfabetos. ¡Ya que las personas inteligentes como yo solo creemos en lo que vemos, el dinero y la buena vida! A Albañil solo decirle que cuántas estupideces se pueden leer en tan corto espacio de tiempo. Lo único que conseguís es que, cada vez que os leo, ¡mis carcajadas se oigan en el otro lado del mundo! No creo que una persona en su sano juicio pueda ser tan estúpida y necia… Mi conclusión es que esta persona le da a la bebida; o sea, que es esclavo del alcohol…
Juan: «Señor empresario», si le molesta lo que aquí comentamos, lo tiene usted bien fácil… No es culpa nuestra que se sienta diferente. ¿Quizás se siente más grande? Ya que suele alardear de su sobrada inteligencia… Le voy a decir algo: creo que no soporta que otras personas conversen tranquilamente de cosas que tienen en común. No sé el grado de inteligencia que pueda usted tener y créame que me pesa tener que decirle que hay evidencias suficientes en su forma de actuar que indican que está bastante limitado. También quiero hacerle saber que eso de que «envejecer es algo obligatorio para el ser humano, pero madurar es solo una opción», y, posiblemente, sea esta la causa que no le deje entender que en la vida nadie es imprescindible y que todos somos necesarios.
Peón de albañil: Empresario, parece mentira que con la edad que tienes aún sigas sin evolucionar. ¡Cuídate, «amigo»! Es el consejo que te doy: acude al psicólogo y le explicas lo que sientes cuando nos lees. Quizás él te pueda ayudar con tus muchos complejos e inseguridades. ¡Hazme caso y ganarás en salud! Total, con tanto dinero como tienes, no te supondrá ningún problema económico.




domingo, 26 de julio de 2026

Parte 1, episodio 10, CICATRICES DE DOBLE FILO

 

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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hoy ha amanecido un día espectacular, me encuentro pletórico y quisiera compartirlo con todos vosotros. ¡Gracias por hacerme sentir que la vida es maravillosa! ¡No sé qué sería de mí sin vuestra atención y el calor humano que me brindáis! Y ahora, si me lo permitís, como cada día…:
Al disponer de vehículo propio, los fines de semana los dedicábamos a viajar y pasar el día por ahí, conociendo, en principio, todos los pueblos de Extremadura. Lo pasábamos muy bien y, allí donde nos llegaba la hora de comer, buscábamos un restaurante o bar que sirviese comidas, excepto para la pequeña Cristina, que así es como le pusimos de nombre, cuya comida ya llevábamos preparada.
Después de un tiempo, decidimos ir a conocer otras provincias y, entre ellas, Huelva, para disfrutar de sus playas y de las gambas que tanta fama tienen; fueron unos años en los que disfrutamos mucho. Recuerdo que en uno de esos viajes, al poco de haber comprado el coche, decidimos ir hasta Navalmoral de la Mata (Cáceres) para pasar allí el día. Durante el trayecto, al pasar junto a un pueblecito pequeño, recordé que de allí era la señora Carmen. Esta mujer fue compañera de habitación de mi madre cuando estuvo ingresada y resultó un gran apoyo, tanto para mi madre como para mí. Estuvo intentando hacerme entender que la vida, muchas veces, nos parece injusta al llevarse a nuestros seres queridos. Siempre tratándome con cariño y buenas palabras, consiguió que el afecto fuera mutuo, por lo que al pasar junto al pueblo me vinieron esos entrañables recuerdos.
—Cariño, ¿qué te parece si preguntamos dónde vive la señora Carmen y le damos una sorpresa? Estoy seguro de que se pondrá muy contenta al verme de nuevo —le dije a María Jesús.
—¡Ah, pues bien! Nos quedamos un ratito y, donde nos parezca, paramos a comer —me contestó ella.
Era un pueblo pequeño, de esos donde todos se conocen o son familia. Recuerdo que al entrar en él no se veía a nadie y parecía estar desierto. Al llegar a la plaza, dos señoras muy mayores estaban sentadas en un banco tomando el sol. Me acerqué hasta ellas.
—Hola, muy buenos días, señoras. Qué poca gente hay en el pueblo, ¿no?
—Estamos solo nosotras, los demás están en la romería, allá en el pantano. ¡Hoy es el día de Nuestra Señora del Carmen y están allí divirtiéndose! —respondió la que tenía la cara más arrugada y renegrida por el sol y los muchos años que tendría la enjuta y simpática mujer.
—¿Conocen ustedes a la señora Carmen?
—¿A cuál de ellas? —me dijo la que parecía más vieja.
—Carmen Gómez, es una señora que estuvo ingresada en el hospital de Mérida y le trasplantaron un riñón.
—Ahora sé quién es, se trata de Carmen la Piquijuela, así es como la conocemos en el pueblo. Ella está en la romería; le gusta mucho el baile y pasarlo bien como a las mozas. Está como una chiquilla y no se pierde una fiesta; dice que la vida son cuatro días y que hay que vivirlos y disfrutarlos.
—¿Está cerca el pantano? ¿Me pueden decir por dónde se va?
—Sí, hijo, ¿cómo no?
—¿Está cerca?
—A unos seis kilómetros más o menos, pero no te apures, hijo, porque con seguir esta calle hasta el final y continuar por el camino de tierra, enseguida estarás allí.
—Bueno, pues muchas gracias y que pasen ustedes un buen día.
—Y vosotros también, ¡id con Dios!
Continuamos por la calle y, al llegar al camino, detuve el coche junto a un letrero en el que una flecha, que estaba bajo el enunciado «A la playa», indicaba hacia dónde continuar. La verdad es que nos hizo mucha gracia, ya que hay que tener mucha imaginación para situar una playa en Extremadura. Nos acercamos y nos sorprendió ver tanta gente por allí. Mientras unos estaban preparando una comida comunal, otros bailaban y cantaban al son de la flauta y el tamboril. Según nos contaron después de unirnos a la fiesta, era costumbre pasar todo el día allí.
Me acuerdo de que, en uno de aquellos grupos, se encontraban personas muy mayores bailando jotas y, entre ellas, estaba la señora Carmen. La saludé con la mano y, al reconocerme, se acercó gritando:
—¿Pero qué haces tú aquí, hijo mío? ¡Cuánto tiempo sin saber de ti!
Nos abrazamos y la emoción que nos invadió se hizo presente en nuestros ojos y mejillas.
—Pues verá usted, al pasar por el pueblo me vino su imagen a la memoria y, tras consultar a mi esposa si le apetecía que parásemos a saludarla, aquí estamos.
—Cuánto me alegro de volver a verte, hijo. ¡Fue tanto el cariño que me diste!, que creo que sin ti no hubiese podido superar lo del trasplante. ¿Ella es tu mujer?
—Sí, así es, y estos son Julián y Cristina, nuestros hijos.
—Un gusto conocerte, hija. Tienes un buen marido y estoy segura de que todo os irá bien. Os quedaréis a pasar el día, ¿verdad?
—La verdad es que vamos a otro pueblo, pero si usted lo pide y María Jesús dice que sí, por mi parte no hay problema.
—¿Qué dices, hija? Es para mí un día muy especial y no es solo por ser el día de Nuestra Señora; el encontrarme de nuevo con Juan me llena enormemente de satisfacción.
—Por mí no veo inconveniente alguno, a excepción de que no me gusta viajar de noche, más que nada por los niños.
—No te preocupes por eso, mi casa es grande y está a vuestra entera disposición. Podéis quedaros y marcharos cuando os apetezca.
—¡Ea, dicho está! Pasaremos aquí la noche y mañana hasta el mediodía —dijo María Jesús, luciendo una preciosa sonrisa.
Una vez más se cumplió aquel dicho: «Lo que mejor sale es aquello que no se organiza». Me acuerdo perfectamente de que disfrutamos de lo lindo, tanto los niños como nosotros, pero la que más disfrutó de aquel encuentro fue, sin duda alguna, la señora Carmen. Al día siguiente, después de comer y tomar café en la sobremesa, nos fundimos en un abrazo y fueron tantos los besos que nos dimos al despedirnos que parecía como si se tratase del último de nuestros días.
El tiempo en aquella época pasaba tan rápidamente para mí que, un mes después de visitar la urbanización, adquirimos una de las viviendas y, al cabo de un par de semanas, después de equiparla de arriba abajo con nuevos enseres, comenzamos a habitarla, dejando atrás todas aquellas cosas que tantos malos ratos nos habían hecho pasar a ambos. Nos decantamos por elegir una de planta baja, ya que contaba con una terraza bastante grande y los niños podrían jugar allí sin el peligro de los coches, al menos para la pequeña Cristina. Julián, por aquel entonces, era casi un hombrecito; había cumplido ya los trece años y era tanto el cariño que sentía por su hermanita que prefería estar más tiempo con ella que con los chicos de su edad.
Llegó el día de la mudanza y de ello se encargó una empresa especializada. Según iban descargando los enseres, estos quedaban en su sitio predispuesto. Nos trasladamos a una urbanización nueva, en una zona en expansión; nuestro grupo constaba de diez edificios y cada uno de ellos con veinte viviendas. Ese día, prácticamente todos los vecinos coincidimos con el traslado; comenzamos a conversar unos con otros y así, poco a poco, a conocernos.
Transcurrido un mes desde la ocupación de las viviendas, se me ocurrió la idea de hacer una fiesta de convivencia y así estar unidos como antiguamente: «Que si alguien necesitaba algo, colaborásemos entre todos para conseguirlo». A los vecinos les pareció bien y convocamos una reunión para el fin de semana con la intención de tratar los temas que surgiesen con respecto a la fiesta. Los días transcurrieron de manera vertiginosa; asistió un gran número de vecinos y, al tiempo de hablar de la fiesta y acordar cómo se llevaría a cabo, también se trató el tema de que era necesario crear una asociación de vecinos para abordar los problemas que surgiesen e intentar solucionarlos entre todos. Decidimos elegir a los representantes y constituir la asociación y, casualidades de la vida, para mi sorpresa salí elegido como presidente. Acepté el cargo y, por cuatro años consecutivos, las ideas, eventos y demás trámites corrían de mi cuenta; si concertaba una reunión extraordinaria para exponer lo que fuese, esta se aprobaba o no dependiendo de las votaciones y la asistencia de los vecinos, quedando todo ello anotado en el libro de actas.
Habilitamos una de las lonjas y la transformamos en la sede de la asociación. Inserción en la puerta de un buzón para recoger las sugerencias e ideas, para posteriormente estudiarlas y llevarlas a cabo si era posible. Al estar jubilado y disponer de tiempo libre, me pasaba bastantes horas allí y siempre aparecía alguien con algún que otro problema o incluso a interesarse por cómo cursaban los trámites respecto a algún caso concreto. En una de las reuniones, decidimos llevar a cabo la primera comida de convivencia; acordamos que cada edificio se encargaría de preparar y comprar los ingredientes para hacer una paella y competir entre todos para elegir la mejor. Mientras se preparaba la comida, en el barrio había programados diferentes eventos: desde un partido de fútbol entre solteros y casados, una partida de petanca para los mayores, carrera de sacos para los jóvenes e incluso una piñata para los más pequeños. Cada uno colaboraba en lo que podía o como quería, nada era obligatorio. ¡Parecíamos una gran familia! La asistencia era casi del ochenta por ciento de los residentes. Recuerdo que, llegada la hora de probar las aromáticas y deliciosas paellas, nos resultó bastante difícil decidirnos por una en especial y acordamos, por mayoría y sin que sirviese de precedente, que aquel año el premio sería para todos.
Se acercaba el verano y, desde la asociación, surgió la idea de acudir a la playa en grupo. Nos organizamos y la gente se apuntaba; al ser tantos, decidimos realizar el viaje en autocar. En la primera excursión partimos en cuatro de ellos. La zona costera elegida por proximidad fue Huelva, ya que era la más cercana, y acordamos con el conductor del autobús que habíamos alquilado que nos recogería en torno a las cinco de la mañana con el fin de pasar el máximo de horas en la playa; la hora de embarque para el regreso estaba programada para las nueve de la noche. El día elegido era el sábado, ya que así, antes de reincorporarse al trabajo, tenían de por medio el domingo para descansar. Recuerdo que a la ida la mayoría de los asistentes aprovechaba para dormir un ratito más; en cambio, al regresar lo hacíamos cantando y con mucha alegría. Parecíamos una gran familia, el cariño y el compañerismo eran totales.
Las fiestas de la urbanización se celebraban en el mes de agosto, ya que así fueron designadas por el ayuntamiento. Nosotros, desde la asociación y a través de ser socios la gran mayoría mediante una cuota de participación simbólica al año —tres mil pesetas (unos veinte euros de ahora)—, teníamos suficiente para preparar unas buenas fiestas y pagar los gastos de mantenimiento del local social. El segundo año en celebrarse incluso contratamos un cine de verano, de esos ambulantes. El dueño nos hizo un precio razonable a condición de que los asistentes diesen la voluntad y, una vez terminada la película de turno, al filo de la medianoche comenzaba la verbena y se prolongaba hasta el amanecer. En años sucesivos se fueron incrementando eventos y actividades para todas las edades: fútbol, carreras de sacos y actividades deportivas para los más jóvenes; y para el resto, concursos de cartas, de cante y baile, exposiciones de trabajos de costura y bolillos, así como un concurso de exposición y degustación de alimentos. En esos años alcanzamos tanta fama con las fiestas que acudían de todos los puntos de la ciudad, haciendo que pareciesen las ferias y fiestas patronales; incluso el ayuntamiento nos daba una asignación económica para que pudiésemos llevarlas a cabo. La asociación montaba un bar y lo que se recaudaba quedaba íntegramente para beneficio de la urbanización y, en especial, para solucionar algún problema económico de algún vecino.
En invierno, y tras comprobar la cantidad de indigentes que existían repartidos por la ciudad, creamos un grupo de apoyo destinado a dar comida y mantas a las personas sin hogar que deambulaban por las calles. Intentábamos convencerlas de que acudiesen a los albergues, pero ante la negativa de la gran mayoría de ellos, nos limitábamos a darles alimentos y bebidas calientes para combatir el frío, aparte de ofrecerles un poco de calor humano, brindándoles cariño y amistad... Ellos lo agradecían enormemente, pero luego seguían su camino sin hacer caso de los consejos. Por aquellos tiempos, personalmente me sentía una persona completamente feliz y satisfecha por la labor llevada a cabo, intentando darles una calidad de vida mejor que la elegida por ellos. Siempre me ha interesado el bienestar social de todo aquello que me rodea. ¡Recuerdo con nostalgia aquellos maravillosos años donde mi entrega era total y desinteresada!
Peón de albañil: Hola a todos. He estado unos días sin pasarme por el foro y, cuando he entrado, me ha llamado la atención la cantidad de cosas que le han sucedido al amigo Juan. Asimismo, he observado que entre él y yo existe mucha similitud con respecto a la forma de pensar y ver la vida. Concuerdo con él en que, de seguir la cosa así, no solo se está condicionado a la extinción de los hombres, sino también a la del mundo en que habitamos.
Al igual que él, conocí una vida bastante distinta a la actual. Donde yo me crié, en una barriada de obreros en la década de los sesenta, lo único que había era humanidad y compañerismo. Tal y como menciona el amigo Juan, antes los vecinos formaban parte de tu vida diaria y hacían incluso las funciones de familiares. Por poner un ejemplo: si tu madre tenía que acudir al médico con alguno de tus hermanos, cualquier vecino se hacía cargo del resto de los hijos, dándoles incluso de comer y estando al cuidado hasta que regresara alguno de los progenitores.
En mi barrio, por aquel entonces, ni siquiera estaban asfaltadas las calles, los medios de transporte eran escasos y tampoco llegaban los autobuses urbanos. Para desplazarnos hasta el colegio, el cual distaba un kilómetro más o menos, teníamos que ir sorteando los charcos de agua y evitando en lo posible la cantidad de barro que se formaba en el camino, acompañados por los chavales de más edad. En mi casa éramos cuatro hermanos, tres chicas y yo. Antes de acudir a la escuela, nos pasábamos por el ultramarinos de la señora Marciana, la cual nos daba, como tenía acordado con mi madre, un bollo suizo o uno de pan normal con su correspondiente chocolatina. Eran tiempos difíciles y no todos los niños podían llevar bocadillo; no obstante, por aquel entonces, al llegar te daban un vaso de leche con galletas por si acaso en casa no habías desayunado.
Mis padres nos enseñaron, tanto a mi hermanas como a mí, que cuando una persona mayor necesitase nuestra ayuda no esperásemos a ser reclamados y que teníamos que acudir a socorrerla. Por ejemplo: si una persona mayor iba cargada con las bolsas de la compra, nos ofrecíamos a llevárselas hasta su casa y en ningún caso aceptábamos dinero a cambio; pero si lo que nos ofrecían era algo de comer, sí podíamos aceptarlo y siempre, además de tratarles en todo momento de usted, dando las gracias. Mis padres y demás ascendientes nos inculcaron desde bien pequeños que el respeto era algo que en ningún momento podíamos faltarle a ningún adulto y que no se nos ocurriese contestar mal a nadie porque entonces, al llegar a casa, tendríamos que darle explicaciones a nuestro padre, ya que por aquella época la tarea de disciplinar a los hijos recaía más bien sobre el hombre, mientras que la mujer, además de las labores del hogar, se encargaba de que estuviésemos bien alimentados, cuidados y luciésemos un aspecto impecable.
Me acuerdo también que, cuando llegaban las fiestas del barrio, todos los chavales colaborábamos en la limpieza de las calles para que después las madres sacasen a la ventana las mejores piezas de su ajuar, las mejores colchas y atuendos para adornar y embellecer el aspecto del barrio. Por aquella época todos los vecinos colaboraban para poder llevar a cabo cualquier evento comunitario; las actividades eran variadas tanto para los niños como para los adultos. Crecimos en un ambiente de cariño y solidaridad por parte de todos los adultos y eso fue algo que me marcó profundamente. A día de hoy, aún siento ese cariño por las personas mayores e, independientemente de que las conozca o no, ellas me recuerdan mi feliz infancia y, cuando dispongo de tiempo libre, mi pasatiempo favorito es conversar con ellas.
Es curioso cómo en menos de dos horas pueden hacer un recorrido por su larga historia y, sin necesidad de entrar en detalles, te queda constancia de todos y cada uno de los momentos importantes de su vida; lindos recuerdos que una vez en el pasado convivimos y compartimos, sirviendo una vez más en este caso a dos personas que se han convertido, uno en adulto y el otro en anciano. En sus palabras puedes observar que hablan bien de cualquier cosa, incluso de cuando se resignaron a aceptar algunas situaciones con las que ni siquiera estaban de acuerdo. En sus conversaciones te transmiten perfectamente que, incluso habiendo carecido de bienes materiales, ¡su vida les ha merecido la pena!, y que, a pesar de las adversidades que han tenido que librar, se consideran unos privilegiados y que, aun sabiendo que la hora de su partida está próxima, la mayoría de ellos se sienten felices por todo cuanto les ha tocado vivir.
María: Concuerdo con Juan y Albañil en que hace años las personas parecíamos una gran familia donde el cariño y el respeto formaban parte del día a día, y pienso que es una verdadera pena que nos estemos distanciando sin ser conscientes de lo que ello puede conllevar. En mi caso no dispongo de mucho tiempo libre, pero ¡sí es verdad que he sustituido el contacto diario con las personas por la calle y es por este medio que mantengo comunicación con usuarios que, aun estando en la distancia, me hacen sentir que todavía hay personas responsables, coherentes y respetuosas con las que mantengo conversaciones que, sin entrar en profundidades, comprenden mi situación actual de incomprensión y soledad!
Amor de Madre: Así es, amiga. La soledad es algo que, cuando es impuesta, resulta desagradable a quien la sufre en sus propias carnes. Aquí entro buscando con quién poder conversar; aunque estoy casada y mis hijos viven en casa, me siento realmente sola y desatendida, llegando incluso a sentir en muchos momentos que simplemente me están utilizando. ¡Es triste sentirse sola y más aún estando acompañada!
Jessica: El sentimiento de amar y no ser amado, la melancolía de mi corazón al sentirse rechazado... «Mi corazón llora sin parar por una sola razón: la de encontrarme en esta vida rodeada de soledad». Como bien decís, concuerdo con todos en que la soledad es cruel y desgarradora, que se adueña de uno y es muy difícil de vencer. ¡Mi vida se encuentra en un callejón oscuro y sin salida! Y no sé qué hacer para poder salir de ella, excepto entrar por este medio y comunicarme con ustedes. ¡Gracias, amigos, por estar ahí! No sé qué sería de mí sin el cariño de todos vosotros.
Juan: Me siento solo y sin saber qué hacer. Lamento vivir pensando cómo será el más allá. Mis sentimientos se confunden entre la verdad y las negras nubes de cristal que me funden con su mirada. Pienso que si lloras porque no ves con claridad la situación actual, el llanto y la tristeza te impedirán abrir el corazón en el futuro. No hablo solo de amor, también lo hago de amistad. Me siento perdido entre penumbras al contemplar que las personas ¡han perdido el interés por los valores humanos!, y no hallo deseos para seguir viviendo una vida tan negativa donde no se valoran los sentimientos verdaderos, donde todos quieren más sin tener en cuenta siquiera que tras ellos existen personas que nada tienen. Donde mi amor por la verdad fluye queriendo compartir mis sentimientos y deseos de ayudar a los demás; pero cada día me cuesta más. Es duro oír o leer un día tras otro: «Este está como una puta cabra, pues ¿no dice que quiere cambiar el destino del mundo como si fuese tan sencillo?».
Peón de albañil: La verdad es que en ese sentido no me puedo quejar: me siento querido tanto por la familia como por las personas que están a mi alrededor; aunque sí que es cierto que, en ocasiones, necesito estar solo. Pero, afortunadamente para mí, en la ciudad donde resido he encontrado dos maneras de liberarme de las tensiones y del estrés acumulado. Cuando me siento alterado, suelo acudir al río, que está a unos cien metros escasos de mi domicilio, para contemplar, con los brazos apoyados sobre la barandilla del puente, el paso del agua. Noto como si mis pesares se fuesen alejando de mí a lomos de la corriente, y eso me produce un estado de relajación total.
La otra forma de liberarme es acudiendo a cualquiera de los montes que circundan la ciudad, sin necesidad de tener que desplazarme hasta ellos en otros medios de transporte que no sean mis propios pies. Al llegar allí, permanezco en silencio y me siento sobre una roca o un tronco. Es precioso contemplar cómo en breves minutos la naturaleza vuelve a su tranquilidad y, si permaneces estático, incluso puede que veas cómo un pajarillo curioso se acerca y, sin más, se pone a trinar alegremente, quizás avisando al resto de los habitantes de que todo está tranquilo y que la persona es de fiar. En ambos lugares aprovecho para viajar en el tiempo y los buenos recuerdos acuden a mi mente, liberándome así de cualquier problema o incertidumbre que ronde por mi cabeza. La naturaleza tiene y dispone de esa grandeza de manera altruista y nos brinda todo su potencial y sabiduría a cambio del simple respeto. En silencio, a través de las imágenes que nos muestra, trata de hacernos entender que la tenemos abandonada y que no la respetamos…
La naturaleza es la encargada de crear y proporcionarnos todo aquello que es necesario para nuestra existencia. ¡Cuidemos de ella, aún estamos a tiempo de cambiar el destino que lamentablemente nos estamos labrando los hombres! Ninguna otra especie causa tanto daño como el ser humano. Ese ser que se jacta de decir que es un animal racional, el mismo que cree estar por encima de los demás seres vivos cuando, en realidad, depende de que otros seres vivos le proporcionen el oxígeno y los nutrientes necesarios para existir. Parece ser que, por su comportamiento, ignora que todo ello nos viene de la mano de la Madre Naturaleza.



sábado, 25 de julio de 2026

Parte 1, episodio 9, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


9





Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hola, buenos días a todos y, dicho esto, al igual que la vida sigue su curso sin detenerse por nada ni por nadie:
Corría el mes de mayo de 1996. La primavera se mostraba esplendorosa después de haber superado un crudo y frío invierno; con ella todo volvía a resurgir para recobrar la esperanza perdida. Así me sentí al recibir la noticia aquel día.
—Hola, cariño, te traigo una sorpresa que espero sea de tu agrado —me dijo María Jesús nada más entrar en casa.
—Hola, mi amor. A estas alturas pocas cosas me sorprenden, espero que al menos sea algo positivo.
—Vamos a ser padres otra vez. Algo tendrá que salirnos bien, ¿no crees?
—Sí, claro. Supongo que algún día se tendrá que terminar de una vez esta mala racha y podremos disfrutar un poco de la vida.
Al cabo de unos segundos caí en la cuenta y me abracé a ella llorando por la emoción. El tiempo fue transcurriendo sin ningún contratiempo y, como todo cursaba con normalidad, el nacimiento sería para últimos de diciembre.
Recuerdo, como si hubiese sido ayer mismo, que nos encontrábamos paseando por el pueblo cuando la casualidad hizo que me encontrase con un amigo, de los pocos que tuve en la infancia, al cual hacía muchos años que no veía. Según me dijo, habían pasado más de veinte años desde que se había marchado a la capital de España. A pesar del tiempo transcurrido, al reconocernos mutuamente nos fundimos en un fuerte abrazo y después nos pasamos un buen rato intercambiando información de cómo nos iba en la vida.
—Vamos a tomar algo, que esto hay que celebrarlo. Eres muy importante para mí y siempre te he recordado —me dijo sonriendo.
—Tú también has estado en mis recuerdos. Eres una de las pocas personas que me trataron con cariño; para mí eras como un hermano, pero de los buenos, ¿eh?
—He venido a visitar a mis padres y justo me iba hoy. Ha sido una suerte encontrarme con vosotros, ya que pregunté a algunos qué era de ti y, además de hablarme mal de ti, me dijeron que estabas loco. Pero ¡doy gracias a Dios! por haber hecho posible el reencuentro y comprobar que todo es mentira y fruto de su maldad. ¡Vergüenza les tendría que dar estar toda la vida metiéndose contigo, con lo noble y buena persona que eres!
—Jacinto, ¡por favor!, cóbrate lo que hemos tomado y dame también esa serie de lotería. Toma, Juan, la mitad es para vosotros y ¡ojalá! que la suerte premie al destino por habernos puesto de nuevo en el mismo camino.
En la madrugada del día 22, María Jesús se puso de parto y, como la criatura venía de nalgas, tuvieron que hacerle una cesárea. Al amanecer, aprovechando que las dos se habían quedado dormidas —y según me había dicho el médico tendrían que permanecer un par de días o tres en el hospital—, decidí marcharme a casa para comer un poco. Después de levantar, asear, vestir y darle el desayuno a Julián, llamé a la vecina de enfrente, le puse al corriente de la situación y, tras darme la enhorabuena y hacerse cargo del pequeño, salí trotando para regresar cuanto antes al hospital.
Recuerdo que oí una voz lejana y me detuve un momento.
—¡Enhorabuena, Juan! Vaya suerte que has tenido.
—Sí, así es, ya tengo la parejita.
—¡Hombre! Suerte por lo de la niña y por lo de la lotería... ¿o es que ahora te quieres hacer el tonto?
—¡¿Qué lotería?! —le dije sin saber de qué me estaba hablando.
—En el bar de Jacinto ha tocado el Gordo de Navidad y se dice y se comenta por todo el pueblo que la única serie con ese número os la habéis llevado «Luisito nariz pistola» y tú, justamente el día anterior. Así es que de nada sirve que te hagas el desentendido.
—Pues es la primera noticia que tengo, ¡gracias por avisarme! —le dije sin emoción alguna, ya que esa persona se había burlado de mí durante muchos años.
Me acerqué hasta el bar y, desde la distancia, pude observar que era cierto: tenían puesto un cartel en la puerta con el número premiado. Lo memoricé y me fui corriendo a mi casa con la intención de comprobar si era el mismo número. Al confirmarlo, salí corriendo de vuelta hacia el hospital. Recuerdo que todo el mundo me miraba sin salir de su asombro al verme correr de aquella manera y gritando:
—¡La niña! ¡La niña!
—¿Qué le pasa a la niña? —me dijo María Jesús asustada.
—¡Que no viene sola!
La cara de mi esposa era un poema.
—¿Cómo que no viene sola? Pero si he tenido una nada más.
—La niña viene con un pan debajo del brazo —me calmé un poco y, por fin, pude explicarle—: Mi amor, nos ha tocado el Gordo de Navidad. Ya iba siendo hora de que nos ocurriera algo bueno, cariño.
—Ves, cariño, cómo tenía razón cuando te he dicho más de una vez que después de una mala racha siempre llega una buena —me dijo abrazándose a mí, temblorosa como un flan y llorando como una Magdalena.
La vida me dio un giro de 180 grados. Tiempo atrás soñábamos con que algún día podríamos cambiar de vivienda y comenzar una nueva vida, apartándonos un poco de allí, donde desde niño los malnacidos no hacían otra cosa que burlarse de mí. Lo primero que hicimos con el dinero fue comprarnos un coche ya que, a pesar de contar con el carné de conducir desde tiempo atrás, no había sido posible comprar un vehículo. Después de que mi esposa se recuperara del parto y transcurridos seis meses, decidimos darnos una vuelta por la zona en expansión y estuvimos visitando unas viviendas de reciente construcción en la ciudad de Augusta Emerita, Mérida…