lunes, 31 de agosto de 2026

LA ÚLTIMA HILADA...


 

LA ÚLTIMA HILADA...

Los primeros treinta años de mi vida tienen olor a cantueso, a tierra caliente, al calor seco de la Plaza Mayor de Plasencia y al agua fría del río Jerte.

Allí aprendí muy pronto que la vida no regalaba nada y que, si querías salir adelante, había que ganárselo con las manos. Con dieciséis años recién cumplidos salí a buscarme la vida. Corría el año 1979. Eran otros tiempos: no se hablaba de contratos, ni de vida laboral, ni de derechos laborales como hoy. Te daban la ropa de trabajo, te facilitaban las herramientas necesarias, te metían un sobre en el bolsillo los viernes al caer la tarde y el lunes volvías a empezar.

Así era entonces la vida de muchos trabajadores de la comarca. Había trabajo, había esfuerzo y había necesidad. Lo que no había era demasiadas preguntas. Uno trabajaba, cobraba y seguía adelante. Las cotizaciones, los papeles y la vida laboral eran asuntos que parecían pertenecer a otro mundo.

Y así pasaron los años...

A los treinta dejé mi tierra y me vine para el norte, en principio estuve 13 meses en Portugalete (Vizcaya) y de ahí me vine a Miranda de Ebro. Cambié el sol de Extremadura por las nieblas heladas del norte; el calor que te hacía sudar antes de empezar por un frío que se metía hasta los huesos. Aprendí a coger el ladrillo húmedo con las manos entumecidas, a trabajar bajo la lluvia y a levantar naves, viviendas y paredes mientras el cuerpo, poco a poco, iba acumulando el precio de cada jornada.

Treinta años de madrugones, de botas embarradas, de cemento, de andamios, de frío y de calor. Treinta años poniendo el cuerpo donde otros ponían los planos. Treinta años dejando la espalda, las rodillas y las manos en cada obra.

Hoy tengo 63 años. Y entonces llega la paradoja. Cuando miro los papeles, el Estado dice que solo tengo treinta años cotizados.

Los más de diez años de mi juventud que pasé trabajando en Extremadura prácticamente han desaparecido de los ordenadores. Para la Administración no están. Para los archivos no cuentan. Para una pantalla, aquellos años son poco más que un vacío. Pero mi cuerpo sí los recuerda. Los recuerda mi espalda cuando me levanto por las mañanas. Los recuerdan mis rodillas cuando subo unas escaleras. Los recuerdan mis manos, llenas de marcas y grietas que ningún ordenador puede borrar. Los recuerda cada músculo que durante décadas respondió cuando todavía no había tiempo para preguntarse cuánto iba a durar.

Los papeles dicen treinta años. Mi cuerpo dice más de cuarenta. Y entre ambas cifras hay una vida entera.

Ahora estoy en el paro. Y estar desempleado a los 63 años, después de haber trabajado toda una vida en un oficio tan duro, no es precisamente descansar. Es entrar en un limbo. Es demasiado mayor para que muchas empresas quieran apostar por ti y, al mismo tiempo, demasiado joven para que la jubilación sea una salida.

En la obra te miran y piensan que ya no vas a aguantar el ritmo. En la Administración miran tus años cotizados y te dicen que todavía no llegas. Y uno se queda en medio.

Demasiado viejo para empezar de nuevo, demasiado joven para retirarse y demasiado cansado para seguir demostrando cada día que todavía puedes. Así transcurren mis mañanas en Miranda de Ebro. Camino junto al Ebro. Miro el agua. Dejo que los pasos ordenen un poco la cabeza. Quizá caminar sea ahora mi manera de seguir trabajando: avanzar, aunque no sepa muy bien hacia dónde.

No busco lujos. No quiero privilegios. No pido que nadie me regale nada. Solo quiero que se reconozca lo que he hecho. Quiero que algún día los papeles estén a la altura de la vida que hay detrás de ellos. Que esos años que quedaron perdidos en la burocracia no sean simplemente años inexistentes. Porque una vida trabajada no debería desaparecer porque en su momento nadie estampó un sello, rellenó un formulario o dejó constancia en un ordenador.

Mientras tanto, cuento los días. Me agarro a los subsidios, a los requisitos, a las fechas y a las leyes. Espero. Como he esperado tantas veces en mi vida. Pero esta espera es diferente. Porque ya no espero que llegue el viernes para cobrar un sobre. Espero que llegue el día en que pueda dejar de mirar hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo. El día en que pueda soltar definitivamente la herramienta. Sentarme al sol. Mirar mis manos. Mirar todo lo que he levantado. Y decir, sin reproches y sin cuentas pendientes: Ya está. Mi obra está terminada. Porque después de más de cuarenta años de trabajo, lo único que quiero no es que me regalen el descanso. Quiero haberme ganado el derecho a descansar. Y que, por una vez, los papeles digan lo mismo que dice mi cuerpo.


domingo, 30 de agosto de 2026

EL FARO EN LA NIEBLA...


 

EL FARO EN LA NIEBLA...

El despertador vibró a las seis y media de la mañana, antes de que el sol lograra romper la niebla del amanecer. Me levanté con el habitual crujido en la espalda, pero esta vez no me quejé. Respiré hondo, me calcé las zapatillas y apliqué la primera regla de mi nuevo manual de supervivencia: diez minutos para mí. Me preparé un café solo, me senté junto a la ventana de la cocina y saboreé cada sorbo en absoluto silencio, viendo cómo la luz del día ganaba terreno. Esas pocas onzas de tiempo eran mi blindaje emocional para la jornada.

A las siete, escuché el primer murmullo desde la habitación. Carmen ya estaba despierta. Antes de entrar, borré de mi rostro cualquier rastro de fatiga y me colgué la mejor de mis sonrisas. La encontré sentada en el borde de la cama, mirando sus zapatos con el ceño fruncido, perdida en el laberinto de un botón que no sabía cómo abrochar.

Buenos días, preciosa —le dije con voz suave, agachándome frente a ella.

Tengo que ir a la oficina... el autobús pasa pronto —murmuró sin mirarme, con una angustia flotando en los ojos. El coche ya no existía en su mente, y su antiguo trabajo de los noventa había regresado.

Hace una semana, le habría recordado que lleva quince años jubilada. Hoy, con la lección aprendida, le tomé las manos frías entre las mías.

No te preocupes por el autobús, cariño. El jefe llamó anoche; hoy es día festivo para toda la empresa. Tenemos la mañana libre para nosotros.

El efecto de la validación fue inmediato. Sus hombros se destensaron y la línea dura de su boca se convirtió en una expresión de alivio. Me miró a los ojos, y aunque sé que en su mapa mental yo ya no era exactamente su esposo de la juventud, vio en mí a alguien seguro. Alguien que la protegía.

¿De verdad? —preguntó, casi como una niña.

De verdad. Y para celebrarlo, he preparado esos cereales que tanto te gustan. Vamos a la cocina.

La ayudé a levantarse, dejando que apoyara su peso en mi brazo. Mi rodilla protestó, pero mi mente se mantuvo firme. Mientras caminábamos lentamente por el pasillo hacia la luz de la cocina, entendí que la vejez no me había quitado las fuerzas; solo las había transformado en paciencia. El día acababa de empezar, y lo íbamos ganando paso a paso.

El sol entraba por la ventana de la cocina, iluminando el tazón de cereales que Carmen había dejado a medio terminar. No porque estuviera llena, sino porque, simplemente, olvidó que estaba desayunando.

A mis sesenta y dos años, pensaba que los próximos capítulos de mi vida tendrían que ver con la jubilación, los paseos sin prisa y, tal vez, aprender a cuidar un jardín. Pero el diagnóstico médico de la semana pasada cambió el guion. Carmen, mi compañera de batallas desde hace tres décadas, está perdiendo el mapa de sus propios recuerdos. Y yo me estoy preparando para ser su faro.

Al principio, el miedo te paraliza el pecho. Te miras al espejo y te preguntas si un sexagenario, con sus propios dolores de espalda y su energía en declive, tiene la fuerza necesaria para cargar con la mente de otra persona. La respuesta honesta es no, no la tengo hoy. Pero la tendré que construir.

Mi preparación no ha empezado con medicamentos, sino con cuadernos. He vaciado un cajón del escritorio para guardar sus informes médicos, los contactos de los neurólogos y una lista de sus rutinas actuales. La clave, me han dicho los médicos, es adelantarse al caos. He empezado a poner etiquetas discretas en los cajones: «Cubiertos», «Vasos», «Llaves». No lo hago solo por ella; lo hago por el hombre que seré dentro de un año, cuando la paciencia escasee y el tiempo apremie.

Aceptar esta nueva realidad duele en el alma. Significa despedirse, poco a poco, de las conversaciones profundas de los domingos y transformarlas en frases cortas, sencillas y directas. Significa aprender a no corregirla cuando confunda el año 1984 con el presente. ¿Qué más da el año si su mano sigue buscando la mía bajo las sábanas?

Mi mayor batalla actual es contra mi propio orgullo. Siempre fui el proveedor, el que resolvía todo solo. Ahora sé que el aislamiento es el peor enemigo del cuidador. Ya he hablado con un grupo de apoyo local. Les he dicho la verdad: los voy a necesitar. Prepararse para cuidar no es volverse un héroe solitario; es aprender a pedir ayuda antes de que el barco se hunda.

Mañana volverá a salir el sol. Carmen me mirará con esa mezcla de amor y confusión que empieza a ser habitual. Yo respiraré hondo, me ajustaré las gafas y le sonreiré. Mi jubilación no será la que soñé, pero cuidar de ella será, sin duda, el trabajo más importante de mi vida.

El sol de la tarde ya se había ocultado, dejando la cocina en una penumbra suave. Carmen dormía en el sillón del salón, con el televisor encendido sin volumen, una rutina que se había convertido en nuestro refugio para evitar que el silencio de la casa la inquietara. Miré mis manos sobre la mesa de madera; las mismas manos que un día sostuvieron planos de ingeniería hoy sostenían un folleto arrugado sobre el autocuidado del cuidador.

«Si tú te hundes, ella se hunde con ella», me había dicho la psicóloga del centro de apoyo. La frase, directa y sin anestesia, se me había quedado grabada en la mente. Para un hombre de mi generación, criado bajo la premisa de que la fortaleza consiste en aguantar el dolor en silencio, admitir la propia fragilidad se siente casi como una traición. Pero mirar el futuro con Carmen requería un tipo de valentía diferente: la valentía de proteger mi propia salud para poder proteger la suya.

También he empezado a cambiar la forma en que le hablo a Carmen. La semana pasada pasaba horas intentando convencerla de que estábamos en el año 2026, enseñándole el calendario, frustrándome cuando insistía en que debíamos ir a buscar a los niños al colegio —unos niños que hoy ya tienen sus propias hipotecas—. Ahora he aprendido a practicar lo que los expertos llaman «validación». Cuando ayer me miró angustiada diciendo que el coche no arrancaba y que llegaría tarde al trabajo, no la corregí. Solo le tomé la mano, sentí su piel suave y le dije: «No te preocupes, cariño, hoy el jefe dio el día libre. Quédate aquí conmigo». Su rostro se relajó al instante, y el mío también. No hay necesidad de ganar batallas contra una realidad que ya no existe.

En el cajón del escritorio, junto a los informes médicos, ahora hay un pastillero de colores brillantes para ella, pero también un cronograma para mí. He automatizado los pagos de los servicios y he anotado en una libreta sus mejores horas del día —las mañanas, cuando su mente está más clara— para programar los baños o las visitas médicas.

A mis sesenta y dos años, el espejo me devuelve la imagen de un hombre con más ojeras y menos certezas que antes. Sé que vendrán días oscuros, noches de vigilia y momentos en que la paciencia penda de un hilo. Pero hoy, mientras la observo dormir desde la cocina, sé que cuidar de Carmen no es un sacrificio que me borre del mapa; es un pacto de amor que me obliga, más que nunca, a mantenerme en pie.

A mi edad, el tiempo ya no es esa línea recta y predecible que solía ser; ahora se siente más bien como un mapa que se desdibuja bajo la lluvia. Mientras observo a Carmen dormir, no puedo evitar mirarme las manos, notar las manchas de la edad que empiezan a multiplicarse en el dorso y sentir ese leve crujido en la rodilla izquierda que me recuerda que yo tampoco soy el mismo de antes.

Prepararse para ser cuidador a esta edad tiene una ironía cruel. Justo cuando tu propio cuerpo empieza a pedir tregua, la vida te exige el doble de esfuerzo físico y mental. Hubo un tiempo en que me sentía invencible, el eje sobre el cual giraba toda la familia. Ahora, la idea de tener que levantar a Carmen si sufre una caída, o el simple hecho de pasar una noche en vela, me genera un temor sordo, una incertidumbre sobre mis propias capacidades físicas que nunca antes había experimentado.

La vejez, que yo imaginaba como un terreno de descanso y contemplación, se ha transformado en un espejo de dos caras. Por un lado, veo el deterioro de la mente de la mujer que amo; por el otro, el desgaste lento pero implacable de mi propio cuerpo. Me pregunto cuántos años de buena salud me quedan y si seré capaz de aguantar el ritmo de esta enfermedad que no da tregua. ¿Quién cuidará de mí si mis propias fuerzas fallan? Es una pregunta que evito, pero que da vueltas en mi cabeza durante el insomnio de las madrugadas.

Sin embargo, en medio de esta fragilidad, he descubierto una extraña forma de paz. El pasado ya no importa porque ella no lo recuerda, y el futuro es un territorio demasiado brumoso como para planificarlo. La vejez y la enfermedad nos han despojado de los grandes planes, pero nos han obligado a habitar el presente con una intensidad que jamás conocimos en la juventud. Ahora, el éxito de un día se mide en cosas diminutas: que Carmen se haya tomado la sopa sin protestar, que hayamos logrado reírnos juntos de un chiste viejo, o que me haya mirado durante dos segundos reconociendo al hombre con el que se casó.

Quizás madurar consista precisamente en esto: en aceptar que el cuerpo se cansa y que el control es una ilusión, pero que el corazón todavía conserva la fuerza exacta para sostener a otro. No soy el joven fuerte de hace treinta años, pero soy el hombre sabio y paciente que Carmen necesita hoy.

Mientras Carmen seguía sumida en ese sueño profundo y ajeno, me levanté de la mesa de la cocina sin hacer ruido. Mis pasos, condicionados ya por la costumbre de no alterar la paz de la casa, me llevaron hasta la estantería del pasillo. Allí, oculto tras unos manuales de ingeniería descoloridos, encontré el viejo álbum de tapas de cuero marrón.

Volví a la mesa y lo abrí bajo la última luz dorada de la tarde.

Apareció nuestra juventud en papel fotográfico brillante. Éramos nosotros en la playa de Somo, en el verano del 88. Yo lucía un pelo espeso y negro, unos brazos fuertes y una sonrisa de quien se cree dueño del destino. A mi lado, Carmen reía con la cabeza echada hacia atrás, con esa mirada viva y afilada que devoraba el mundo. Al pasar los dedos sobre su rostro atrapado en el tiempo, miré mis propias manos actuales: nudosas, con venas marcadas y manchas que el calendario no perdona.

La distancia entre el hombre de la foto y el que soy ahora me golpeó con fuerza. Aquel joven planificaba décadas enteras; yo ahora planifico las próximas dos horas. Aquel cuerpo no conocía el cansancio; el mío se resiente tras pasar una tarde ordenando armarios. Sentí una punzada de nostalgia que amenazó con convertirse en autocompasión, pero la atajé a tiempo. Aquella fuerza física del pasado era para conquistar el mundo; la resistencia silenciosa de hoy es para proteger el nuestro. Cerré el álbum. El pasado ya había cumplido su función. Ahora tocaba descansar para el presente.




sábado, 29 de agosto de 2026

VIVIR EL HOY CON ILUSIÓN, GRATITUD Y ESPERANZA...


 

Vivir el hoy con ilusión, gratitud y esperanza...

A partir de los 60 años, el reloj biológico no solo marca las horas; comienza a medir la profundidad de la existencia. Es una etapa donde el tiempo sufre una metamorfosis sagrada. Ya no somos esos marineros que solo miraban obsesivamente hacia el horizonte del futuro, con la ansiedad de lo que vendría. Ahora, nuestra mirada posee una nueva amplitud: contempla con ternura el vasto mapa del camino recorrido, los recuerdos grabados en la piel del alma, las personas que tejieron su historia con la nuestra y, crucialmente, la sabiduría dorada que hemos cosechado en cada lección.

Esta nueva perspectiva es la que otorga al presente un valor absoluto, casi místico. La madurez nos regala una lucidez descarnada: comprendemos que esperar la «ocasión perfecta» es, a menudo, una forma elegante de desperdiciar la vida. Nos damos cuenta de que el momento perfecto es este, el que estamos respirando. No hay mañana garantizado para decir ese «te quiero» que hemos guardado, para hacer esa visita que llevamos meses posponiendo o para dar rienda suelta a ese deseo que hemos domesticado durante décadas.

El tiempo presente es la única moneda real y tangible que poseemos. No podemos reescribir ni una coma del pasado; es una estatua de mármol. Tampoco podemos forzar la cerradura del futuro; es un cofre cerrado. Pero sí somos los dueños absolutos de cómo habitamos este instante. Una conversación honesta que cure una herida, una sonrisa compartida en silencio, un paseo bajo la luz de la tarde, una llamada inesperada o simplemente el cobijo de un rato compartido con alguien querido... esos gestos, que antes parecían pequeños, ahora revelan su significado monumental. Son los átomos de la felicidad genuina.

Cumplir años no es una resta; es una suma de razones para vibrar. No significa que nos queden menos motivos para vivir, sino que nuestra capacidad de asombro se ha afilado. Aprendemos a paladear la vida, no a tragarla. Valoramos cada momento no por lo que dura, sino por la profundidad con la que lo grabamos en el corazón.

Quizás la mayor revelación de los 60 es comprender que la vida no se mide por la cantidad de años que hemos acumulado, sino por la manera en que disfrutamos de los días que todavía tenemos por delante. El tiempo presente es, literalmente, un regalo que se nos entrega cada mañana, nuevo y sin estrenar. Y la gran noticia es esta: nunca, bajo ninguna circunstancia, es demasiado tarde para desenvolverlo y vivirlo con una ilusión renovada, una gratitud profunda por seguir aquí y una esperanza inquebrantable en lo que este «ahora» tiene para ofrecernos. El presente no es el final de nada; es la única plataforma desde la cual podemos seguir escribiendo nuestra historia más vibrante.


viernes, 28 de agosto de 2026

EL MANIFIESTO DE LA VIDA...


 

La Vida nos enseña que nada permanece igual para siempre

Nos han vendido la idea de que la estabilidad es el estado ideal. Buscamos certeza en un mundo donde la única constante real es el cambio. Las personas evolucionan, los escenarios cambian y tanto la alegría desbordante como la tristeza más profunda terminan convirtiéndose en ecos del pasado.

Aceptar esta caducidad no es un acto de resignación; es un despiadado recordatorio para dejar de vivir en piloto automático. Cuando entiendes que el presente es lo único que realmente te pertenece, la urgencia de valorar lo que tienes hoy se vuelve inevitable.

Esperar a que «todo se acomode» para empezar a disfrutar es una trampa. El trayecto real se parece más a un camino lleno de baches, curvas inesperadas y desvíos que no tenías planeados:

  • Las caídas forman parte del diseño: tropezaremos, cometeremos errores y las decepciones dolerán. Pretender lo contrario es irreal.

  • El contraste da valor al paisaje: en medio de la tormenta aparecen los encuentros genuinos, las risas que alivian el alma y las pequeñas victorias que nos recuerdan por qué seguimos aquí.

Existir no consiste en trazar una ruta impecable, sino en perfeccionar el arte de caminar. Se trata de avanzar con una esperanza obstinada, sabiendo que cada tropiezo trae consigo una lección sobre cómo pisar más fuerte en la siguiente etapa.

Lo fascinante de la vida no es la ausencia de fisuras, sino nuestra capacidad para restaurarlas. Cada amanecer funciona como un lienzo en blanco que nos concede una oportunidad muy clara: ajustar el rumbo, pedir perdón, soltar lo que pesa y volcar la energía en lo que de verdad importa.

Al final del día, la belleza no está en la perfección del guion, sino en el poder que tenemos de sostener la pluma. La historia sigue abierta y hoy tienes la oportunidad de escribir una gran página.



jueves, 27 de agosto de 2026

MÁS ALLÁ DE LOS 60...


 

Más allá de los 60...

Cumplir sesenta años es un hito monumental. No es, ni de lejos, el principio del fin; es la consagración de un viaje épico, pavimentado con una rica tapicería de risas compartidas, lágrimas derramadas, batallas ganadas y lecciones grabadas en el alma. Es el momento en que la suma de todas nuestras experiencias, amores y pérdidas se fusiona para definir la esencia de lo que somos hoy: un ser humano sabio, resiliente y lleno de historias.

Es cierto que, en esta orilla de la vida, la soledad puede tejer una sombra distinta. Las casas se sienten más silenciosas cuando los hijos, ahora adultos, trazan sus propios rumbos. El círculo de amistades se estrecha, y la ausencia de figuras fundamentales que nos acompañaron en el camino se convierte en un eco constante. Este tipo de soledad no es la falta de compañía física; es la nostalgia de lo que fue y la sensación de que el mundo, a veces, avanza sin nosotros.

Sin embargo, sentirse solo no equivale a estar olvidado ni a haber perdido relevancia. Lejos de ser una condena, esta soledad puede ser una invitada que nos susurra al oído. Nos invita a un acto de valentía: detenernos, mirar hacia adentro y preguntarnos qué es lo que realmente anhela nuestro corazón en esta etapa. Es un espacio sagrado para reencontrarnos con nosotros mismos, para comprender qué tipo de compañía genuina y qué paz profunda necesitamos para nutrir nuestra alma.

La vida después de los sesenta no es un desierto, sino un jardín que aún espera ser cultivado. Nunca es tarde —ni siquiera un segundo— para sembrar nuevas semillas. Tenemos la capacidad de forjar nuevas conexiones, de reabrir puentes con viejas amistades, de embarcarnos en el aprendizaje de algo que siempre pospusimos, de salir a explorar el mundo con ojos curiosos y de encender la chispa de una pasión que nos haga ilusión. Esta etapa puede estar tan saturada de encuentros significativos, de proyectos vibrantes y de instantes de pura felicidad como cualquier otra anterior.

La edad es simplemente una coordenada en el tiempo, no una frontera para el espíritu. No permitamos que un número limite nuestra capacidad de asombro o nuestra sed de aventura. Que sea, en cambio, la plataforma de lanzamiento hacia una nueva y audaz era de autodescubrimiento. Incluso en los momentos en que la soledad parezca un muro insalvable, siempre está en nuestras manos la llave para abrir una puerta. Un simple gesto, una llamada sincera, dar el primer paso hacia alguien... esos son los actos de valentía que nos recuerdan que nuestro viaje sigue siendo vital. Tenemos un océano de sabiduría que ofrecer y, crucialmente, todavía un vasto universo de experiencias por recibir.

Porque cumplir años no encoge nuestra existencia; la expande. Significa que tenemos una historia más rica y colorida que compartir, y que el libro de nuestra vida, lejos de cerrarse, tiene aún innumerables páginas en blanco esperando ser escritas con la tinta de nuestra propia voluntad y alegría de vivir. El viaje continúa, y lo mejor puede estar aún por llegar.


miércoles, 26 de agosto de 2026

El muro del tiempo...


 

El muro del tiempo...

Hay algo profundamente conmovedor en esos rincones de Facebook donde las personas mayores se reúnen para tejer, hilo a hilo, el tapiz de su pasado. Entre fotografías que la digitalización ha salvado del olvido, canciones que despiertan ecos dormidos y nombres que traen rostros queridos, se produce un viaje alucinante: vuelven por un momento a aquellos años que parecían lejanos y que, sin embargo, laten con fuerza en su memoria.

Compartir estos recuerdos no es un ejercicio de mera melancolía. Es un acto de reencuentro profundo con una versión anterior de uno mismo. Es mirar al espejo de la memoria y recordar cómo éramos, con qué soñábamos, quiénes nos sostenían la mano y cómo el mundo se desplegaba ante nosotros, con la promesa de la simplicidad.

A veces, no se necesita mucho: una foto borrosa del primer día de escuela, los acordes de una canción que sonaba en la radio o el simple nombre de una calle que ya no existe basta para encender una mecha de emociones que creíamos extintas. Y cuando esa chispa se comparte con alguien que estaba allí, que respiraba el mismo aire y compartía el mismo asombro, la nostalgia se transforma en una forma de compañía íntima y reconfortante.

Recordar juntos es una manera poderosa de mantener viva nuestra historia colectiva. Mientras existan personas dispuestas a contarla, aquellos lugares, costumbres, juegos que ya nadie practica, amistades eternas y momentos de la juventud seguirán latiendo como parte fundamental de nuestro presente.

Quizás por eso estos encuentros tienen tanto valor: no solo nos permiten recordar quiénes fuimos, sino también sentir que, a pesar de las arrugas y el paso del tiempo, todavía poseemos la capacidad de encontrarnos, sonreír, emocionarnos y compartir la vida. El pasado no es solo lo que quedó atrás; es el cimiento de nuestro presente y el puente que nos sigue uniendo.


martes, 25 de agosto de 2026

EPÍLOGO, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 

EPÍLOGO





El espacio virtual es un territorio volátil. Uno puede pasar meses construyendo un hogar hecho de caracteres, píxeles y complicidades nocturnas, y sin embargo, basta un solo clic en la opción «Eliminar cuenta» para que todo ese universo se disuelva como si nunca hubiera existido.

La mañana en que Bonifacio decidió no abrir Interchat, el cuarto de su casa recuperó una calma que no había tenido en meses. Tras presionar el botón de la torre de su ordenador, no hubo prisa por revisar notificaciones ni necesidad de moderar disputas ajenas. Se limitó a observar el mueble contrachapado de melamina que imitaba al roble rojo americano y, con un gesto firme, ordenó los folios impresos que ya descansaban sobre el escritorio. Su obra estaba terminada.

El foro que él mismo había creado quedó huérfano. Durante los primeros días, algunos usuarios habituales entraron buscando sus réplicas analíticas o sus debates sobre la honestidad, pero la corriente de la red es rápida y pronto la atención del chat se desvió hacia nuevas polémicas y nuevos nombres. La plataforma no guardaba luto por nadie; simplemente se regeneraba.

Meses después, el texto de Bonifacio dejó de ser un archivo digital para convertirse en un objeto tangible. Una tarde, mientras revisaba el correo ordinario, Bonifacio recibió el primer lote de ejemplares impresos. Al abrir la caja y sostener el libro entre sus manos, comprobó que el diseño respetaba la sobriedad que buscaba, luciendo en la esquina inferior izquierda la firma discreta de su autor.

Al hojearlo, sus ojos recorrieron las páginas. Allí estaban guardadas, a salvo de la volatilidad de los servidores de Internet, las reflexiones exactas sobre el respeto, la madurez, el mobbing digital y la búsqueda de la honestidad que habían marcado aquellos meses. Comprendió que su decisión de cerrar el perfil no había sido una huida, sino el paso necesario para devolver aquellas vivencias al mundo real, el único plano donde las palabras tienen un peso duradero.

Cerró el volumen, lo colocó en la estantería junto a sus obras preferidas y llamó a su fiel mascota. Salió a la calle a dar su paseo diario con la certeza de que la literatura había cumplido su propósito: rescatar un fragmento de observación humana del caos de la red y dejarlo sellado para siempre en el papel.



FIN


lunes, 24 de agosto de 2026

Parte 2, episodio 21, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 

21





Bienvenidos al foro: ¿Qué crees que aportas en Interchat y en la vida?
Creado por Albañil 62.

Panadera: ¡Hola, amigos! Quiero deciros algo: encontré este medio un día sin buscarlo y quiero deciros que aquí hallé a muchas personas, y una de ellas es Vidente. La verdad, me considero amiga suya, ante todo porque es algo que nació de dentro; quizás no hablamos todo lo que a mí me gustaría, pero sé que si la necesitara, ella estaría ahí. Al igual que con Vidente, a mi paso por este medio tropecé con muchas personas y con muchas sigo aún el camino; yo lo llamo amistad y me gusta sentirlos cerca. Aunque entre nosotros haya muchos kilómetros de distancia, pienso que en mis momentos más queridos no existen los kilómetros y eso me llena de ilusión. Gracias por dejarme acercarme a vosotros y por dedicarme vuestro tiempo; para mí eso es lo más importante. Un beso para todos.

Vidente: Agradecida por el aprecio que me brindas, Panadera. Sin duda, cuando me necesites, ahí estaré. Mi mayor gratificación es el bienestar y la paz que genera el ayudar. Hasta el martes no estaré prácticamente conectada; estoy haciendo un curso de sanación con el maestro canalizador de la terapia de curación egipcia, o como es más conocida: Todo Amor. Las experiencias que estoy viviendo en este taller son grandiosas; me encantaría estar al lado de mucha gente querida para poder practicarla, pues hay que hacer uso de ella de forma presencial, no a distancia como hago con otras terapias. A partir del martes charlaremos.

Albañil 62: La verdadera amistad solo se manifiesta después de algunos años de trato íntimo y de inequívocas pruebas de cariño y desinterés.

Enfermera: ¡Sí!, estoy de acuerdo. ¡Qué difícil es tener una amistad verdadera!, sobre todo porque esta siempre es desinteresada y, hoy en día, es difícil encontrar personas que estén contigo sin ningún tipo de interés.

Panadera: Para mí es muy bello volver a ver aquí a la gente con la que compartí mi tiempo. Albañil, quizás a ti no te pase, pero te considero mi amigo y me hace mucha ilusión volver a saludarte.

Albañil 62: Hola, Panadera. Te considero una persona honesta y, a mi parecer, mereces todos los calificativos positivos que se puedan otorgar; quiero decir que eres una mujer de ley, que sabe estar y comportarse correctamente. En cuanto al término «amistad», para mí significa algo más que ser personas conocidas; espero que comprendas mi forma de entender lo que significa. Es para mí un placer volver a saludarte.

Panadera: Hola, Albañil. Es siempre un placer hablar contigo y claro que entiendo lo que dices; hasta puedo comprender el sentido que le das a la palabra amistad, pero también digo yo que por algo se deberá empezar, ¿no? Un saludo, caballero, y gracias por tus letras; siempre ha sido un placer leerte.

Albañil 62: Eso es para que veas que no todo lo que hay en Internet tiene que ser malo, solo es cuestión de dar con el sitio y las personas adecuadas. También te digo que no toda la gente piensa igual de mí. ¿Sabes por qué? Sencillamente porque en mí la gente ve reflejado lo que ellos mismos me transmiten: quien es educado y coherente recibe cordialidad y respeto; por el contrario, quien se muestra en la vertiente opuesta, se lleva su merecido. Eso lo dejé bien claro en mi presentación sobre cómo me gustaban los libros y las personas, pero hay quienes no entendieron ni aquel mensaje y menos aún mi comportamiento, procurando no tener que recurrir al insulto salvo en contadas ocasiones.

Enfermera, dices «haber podido ser mi amiga»; eso suena a pasado o a que crees que desapareceré sin más. No te preocupes: cuando así lo decida, serás la segunda en saberlo, ya que el primero, evidentemente, seré yo.

Enfermera: Bueno, a veces tengo la sensación de que te puedo dejar de ver en cualquier momento; quizás me traiciona el subconsciente. Un beso de nuevo.

Albañil 62: Veo que en realidad me conoces muy poco, y eso que en mi escritura dejo reflejado claramente cómo soy. Tengo la sensación de que la que se estaba apartando de mí eras tú y, la verdad, es que no encuentro una argumentación razonable, aunque por otro lado intuyo algo bastante diferente que no encuentro lógico.

Enfermera: Bueno, a veces nos sentimos lejos. Sí, puede que de alguna manera yo me haya alejado. Es lo que tiene este medio: percibimos las cosas a través de lo que escribimos y hay veces que el estado de ánimo influye en nuestro comportamiento. Considero que tengo un carácter despreocupado y no soy depresiva, pero el estado de ánimo hay veces que fluctúa por bobadas y eso repercute en nosotros; pero es algo puntual que pasa rápidamente y vuelves a ser tú misma. Yo trabajo en turnos de noches fijas en el hospital y tengo el ciclo del sueño totalmente alterado. Trabajo un día sí y un día no, y quieras que no, eso afecta. Tengo una duda sobre algo que me dijiste un día respecto a que nunca buscarías el amor en este medio, ¿podrías decirme por qué?

Albañil 62: En cuanto a lo de que nunca buscaría una pareja en Internet es bien sencillo, y te podría dar varias razones desde mi punto de vista personal:

  • 1.ª Creo sinceramente que a estas alturas de mi existencia y con el tipo de vida que llevo, sería incapaz de adaptarme a otra persona y tener que volver a empezar de nuevo. Entre otras muchas cosas, esa persona me podría cambiar la vida por completo. Imagínate lo que es, después de haber luchado durante tantos años e ir moldeando mi forma y estilo de vivir, estando ahora en plena madurez y con las cosas ordenadas en la cabeza, tener que cambiarlo todo por el simple hecho de estar acompañado o tener relaciones sexuales. Para mí no es compensatorio, ya que ahora estoy disfrutando de la paz y el sosiego de sentirme tranquilo con mi vida y mi conciencia.

  • 2.ª Lo referente a Internet es aún más fácil de explicar: suelen ser personas que ya fracasaron anteriormente con otras parejas. Quizás no en todos los casos sean ellas las culpables, pero creo que en la mayoría el problema es del hombre, y si accedes a una relación con una persona así, ¿crees que podrás ser feliz? Personalmente creo que hay muy pocas probabilidades de que este tipo de relaciones lleguen a funcionar.

  • 3.ª Por aquí hay muchas personas que, estando casadas y sabiendo que no cambiarán su situación real por el motivo que sea, se prestan a seguir un rollo amatorio intentando crear un amor que no es real; imagino que lo único que buscan es encontrar el trato dulce que no reciben de su cónyuge. No lo critico ni lo cuestiono, cada quien es libre de vivir su vida como le venga en gana; solo que, personalmente, creo que ese tipo de relaciones acaban perjudicando a las personas que viven de la fantasía virtual. En mi caso, si me enamorase de alguien, dejaría todo para irme a vivir esa historia de amor, porque a mí me gusta disfrutar de la realidad. Lo virtual y ficticio está bien para pasar un ratito, pero no para toda la vida.

  • 4.ª En cuanto a cubrir las necesidades fisiológicas, he de decirte que todos venimos preparados de serie para satisfacernos individualmente; sé que no es lo mismo, pero es evidente que te trae menos complicaciones.

  • 5.ª Creo que cualquier persona que conozcas en tus inmediaciones (el barrio, el trabajo, etc.), de la cual conozcas su trayectoria personal, podría satisfacer con creces a cualquiera de los que por este medio aparecemos y que ni se conocen, porque la cámara web no es igual que ver todo lo que uno conlleva en el plano real.

En cuanto a lo de los foros ajenos, me voy a reservar mi opinión para no sembrar polémica; lo que hay, a la vista está, y el valor de ellos lo puedes hallar en cada uno. Si a quienes participan les sirve, no seré yo el que les diga lo que tienen que hacer o decir; cada cual es dueño y responsable de sus actos. Pienso que esto podría dar para mucho más y servir para interrelacionar a las personas, pero la gran mayoría sigue viendo esto de igual forma que la vida: como si de un juego se tratase. En fin, allá cada cual con cómo quiera vivir su vida, siempre y cuando no interfieran en la mía. Espero haber satisfecho tus dudas y que mis respuestas te sirvan de algo.

Enfermera: Creo que entiendo todos tus argumentos. Bueno, yo por Internet nunca he ligado. Mi situación actual es la siguiente: me separé en el año 2003, año en que mi padre murió por una infección ósea; por otro lado, ese año fue horroroso. Primero la separación, que fue un trauma muy gordo pues llevaba casada quince años con el único hombre que había conocido como pareja (antes de casarme estuvimos de novios unos siete años, total: toda una vida para nada). Luego, y al poco tiempo, conocí al que hasta hace unos ocho meses fue mi pareja; terminó la relación y en la actualidad salgo con mis amigas, me divierto y nada más. Un conocido me añadió a esta red social, me gustó la página por los foros de discusión y desde entonces pululo por aquí; entro en algunos foros para opinar y en otros para jugar.

Pero como no sé de qué va esto y voy de ingenua, algo que he observado es que la gente parece una cosa y luego te das cuenta de lo que hay detrás. De eso no me había dado cuenta, pues se muestran como gente seria y parecen respetables; no quiero decir que no lo sean, pero ahora empiezo a ver las cosas de otra manera. Me han insinuado en alguna ocasión que en estos sitios hay mujeres que piden cibersexo a los hombres y viceversa; teniendo esta conversación —que yo no saqué y que no sé cómo surgió—, la persona en cuestión me sugirió algo de este tipo. La verdad, me quedé que no me creía lo que oía. Ya en alguna ocasión más me ha pasado algo parecido, por lo que veo hay gente, y hablo de todas las edades, que practica el cibersexo con asiduidad. Debe de ser una práctica habitual en estos sitios; yo no lo sabía y empiezo a darme cuenta ahora. O sea, que no se trata solo de pasar un rato inocentemente e interactuar con otras personas, sino que también es una especie de descarga de tipo sexual, bastante más habitual de lo que se reconoce y de lo que se quiere aceptar. «Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro» y, en este caso, a mis dos gatitos.

Albañil 62: Bueno, sobre ese aspecto, decirte que en el 90 % de los casos la única finalidad de las personas es llegar a practicar cibersexo. No soy quién para cuestionar lo que cada uno venga buscando por aquí; pero también existen personas que, en realidad, lo que buscan es sencillamente entretenerse sin ir más allá del «hola, ji, ji, ja, ja...». En fin, cosas que para mí pueden significar conversaciones vacías; sin embargo, para esas personas constituye su única unión con el resto de la sociedad, por eso te digo que lo que a unos puede parecerles una tontería, para otros es su mundo y tienen derecho a ser respetados.

Soy una persona observadora y me atrae ver el comportamiento de la especie humana; ahora, además, me ha dado por escribir aquellas cosas que percibo. Disfruto mucho con los pensamientos y reflexiones a los que me hacen llegar personas que ni siquiera conozco, simplemente basándome en lo que ellos mismos escriben, y que en ocasiones ni siquiera va dirigido a mí. La verdad es que hay casos que me dan mucha pena y no me gustaría por nada del mundo sentirme en su pellejo; por otro lado, todas estas cosas me aportan positividad y a la vez me siento una persona privilegiada por mi capacidad de adaptarme al medio.

Lo del cibersexo creo que estaría bien si solo se buscase para un ratito de satisfacción, pero cuando ese tema te resta tanto tiempo de tu vida, creo sencillamente que es algo enfermizo. Aparte, hay páginas que, sin necesidad de ser redes sociales, se prestan precisamente para eso: para tener cibersexo abiertamente. Alguna vez he entrado e incluso he participado en ellas, pero una vez satisfecha mi necesidad fisiológica, tengo otras muchas cosas que me producen incluso mayor satisfacción que el placer sexual.

Enfermera: Gracias por tu sinceridad. Sobre el cibersexo, en mi caso solo le encuentro explicación cuando, en una relación estable, por motivos de trabajo o de otra índole tu pareja está fuera de tu alcance e Internet es el único medio para hablar y tener algún tipo de contacto; siempre de manera ocasional y no haciendo de ello una forma de vida. En cuanto a si se utiliza de manera habitual, no suelo juzgar el comportamiento de los demás: cada uno es cada cual siempre que ambas partes lo consientan. Pero para mí una cosa es el ocio y el entretenimiento, y otra cosa utilizar una red social para tener algún tipo de sexo; es desvirtuar la naturalidad del acto. Para mí el sexo es una forma de comunicación, una forma de amar y, aunque no sea lo que llamo amor con mayúsculas, es una forma de dar afecto. Por eso, limitarlo a una imagen morbosa distante porque no hay roce, y a un simple toqueteo de genitales para entrar en excitación, me resulta grotesco y triste, aunque lo entiendo y no lo censuro. Todos tenemos nuestras fantasías sexuales y nuestra peculiar forma de excitarnos, pero algo que debería ser natural, para mí acaba siendo algo distorsionado, carente de magia. Para mí las cosas tienen que tener algo de magia, de misterio, de sensualidad, de encanto... Debo de ser muy rara.

Albañil 62: De rara nada; tú eres sencillamente una persona con sentimientos y emociones, además de tener unos valores y un criterio personal en cuanto a lo que consideras normal y necesario. Otras simplemente viven para satisfacerse sexualmente y hacen de su vida una esclavitud; pero como digo siempre, allá cada cual con sus gustos y aficiones, eso es algo que no me preocupa en absoluto. Lo único que pido es que nadie se acerque a mí con esas intenciones: ni ciberpareja, ni cibersexo, ni siquiera ciberamigos. Entro aquí sencillamente a distraerme y tengo un abanico muy grande de posibilidades, que es lo que aprovecho; visito muchas páginas donde incluso recitan poemas creados por ellos mismos y me encanta leer a muchas personas que escriben cosas muy interesantes, donde siempre se puede aprender algo y adquirir conocimientos de cualquier índole, ya que este medio te permite saber de todo aquello que te produzca algún tipo de interés.

Enfermera: Me agrada conversar contigo porque tú me entiendes y estoy de acuerdo: cada cual que haga con su vida lo que quiera, mientras respete a los demás. Entré en la página que me diste y disfruté leyendo cosas interesantes; gente que escribe y tiene inquietudes similares sobre literatura. Es lo que tú dices: Internet puede ser útil si se sabe utilizar, y si buscas cosas que te llenen y te hagan sentir bien. Como todo, depende de la persona y de lo que se busque. Bueno, que tengas un fin de semana entretenido y feliz.

Albañil 62: Igualmente para ti. Y si te pasas por Escritos y reflexiones, mi blog personal, allí podrás entretenerte y disfrutar de las cosas que escribo y comparto para todo aquel al que le guste; la entrada es gratuita y allí podrás ver un anticipo del libro donde aparecerás como coprotagonista. Sé que la lectura es un acto voluntario, pero a pesar de ello, te invito a que te pases por allí. Tú y solo tú decides si te apetece saber de qué va; no me gusta obligar a nadie y tampoco influye en nada que las personas caminen libremente por donde quieran, independientemente del lazo que las una. Creo que la libertad es algo que se tiene que otorgar en todos los tipos de relaciones y no obligar a nadie a hacer o decir lo que otro esté dispuesto, ya que, además de que cada quien es libre de hacer o decir lo que crea conveniente, tiene el derecho de ser respetado.

Enfermera: Me parece interesante tu proposición; entraré y leeré porque me gusta lo que transmites. Ya te contaré...

Esas serían las últimas palabras que Bonifacio intercambiase con quien creía su medio amiga; las mismas que escribió quien lo tenía por medio novio. Tras varios días en los que Enfermera no apareció por el foro, Bonifacio comenzó a releer todo cuanto habían intercambiado por la página y, al concluir la lectura, llegó a la conclusión de que ella se podía haber enamorado de él. Después de meditarlo durante unos minutos, optó por eliminar su perfil en Interchat y comenzó a distribuir de manera altruista todo cuanto había trascendido desde que hizo su aparición por la página.

¡Ojalá que esta novela sirva para algo más que el mero entretenimiento! Estoy convencido de que un mundo mejor es posible y que ni siquiera sería necesario tener que cambiar el sistema actual: bastaría con respetar todo aquello que ya está legislado.






domingo, 23 de agosto de 2026

Parte 2, episodio 20, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 

20




Bienvenidos al foro: ¿Qué crees que aportas en Interchat y en la vida?
Creado por Albañil 62.

Albañil 62: Hola, buenos días a todos y a todas. Ahora solo tengo una podenca, una de las razas que se utilizan para la caza, aunque, a decir verdad, la mía solo sabe cazar en el plato. Es toda blanca, excepto la cabeza y las orejas, que las tiene de un marrón clarito. Hemos tenido gato y sé hasta dónde pueden llegar a incordiar; pero realmente no son peleas, sino juegos, aunque eso sí, solo cuando ellos quieren.

Enfermera: Últimamente me cuesta trabajo encontrar este foro, ¡¿será que soy muy torpe?! En el foro de Ángel de amor he intentado entrar, pero me han bloqueado; supongo quién ha sido y me imagino que lo ha hecho para seguir insultándome sin que le pueda replicar. Digno comportamiento de quien va por ahí llamando envidiosos a los demás y lo único que sabe hacer es insultar; pero, como es tan valiente, lo hace arropado por un grupo de gente y procurando que la persona a la que insulta no pueda defenderse. Eso se llama de todo menos bonito. No quiere el señor que protesten los demás cuando él injuria; debe ser que se cree el amo del calabozo. Cree tener las llaves, cierra y abre como cualquier carcelero abre las celdas; pues acabaré enterándome y replicando, porque será el amo de su casa, pero de ningún sitio más.

Albañil 62: Enfermera, dejemos que los muertos descansen en paz, no es necesario que sean recordados quienes nada positivo han hecho por la vida. En cuanto a lo de su ventana abierta, posiblemente alguien le haya aplicado su misma medicina y le hayan clausurado el local por no ajustarse a las normas de buen comportamiento y funcionamiento, algo que se supone normal para lo que esta página ha de servir: fomentar el diálogo entre las personas de manera civilizada. Además, la plataforma te indica que si observas que alguna norma es vulnerada una y otra vez, se puede reportar. Incluso a los amigos de poner poemas y poesías que no respeten al autor; o sea, que han de citarlo en vez de hacer creer que es algo de su propia cosecha.

Aunque es fácil saber esto último, pues alguien que es capaz de crear un escrito de esas características difícilmente se comportaría como la gran mayoría de los presentes, que tratan de expresarse y hablar con las palabras de otros. Quiero decir que si se pone al autor de los escritos, además de demostrar ser honestos, el acto de respetar a los demás es algo que les dignificará como personas; y que entiendan que para participar por estos sitios no es necesario medirse con nadie ni demostrar quién es mejor o peor. Sencillamente, esto ha de servir para compartir conocimientos y así aprender unos de otros, para avanzar en temas de trabajo y facilitar la comunicación entre las personas, que es para lo que ha de servir esto en principio, independientemente de las utilidades que cada cual le pueda sacar; no creo que sea necesario hacer hincapié en ninguna de esas cosas que bien son sabidas por todos. Respeto es lo único que nos debemos. Yo, por ejemplo, lo utilizo para aprender a escribir e ir perfeccionando y corrigiendo las faltas ortográficas; cuando el tiempo me lo permita, intentaré adaptarme a las normas gramaticales para, en un futuro, dedicarme a escribir sobre aquello que percibo de la vida.

Enfermera: Me parece bien, es bueno aprender. Desde que participo en los foros, algunas veces soy consciente de lo olvidada que tenía la ortografía. Hay veces que le doy unas patadas al diccionario que yo misma me espanto al comprobarlo; lo bueno que tiene esto es que puedes borrar y rectificar. Deberíamos —me refiero a la clase trabajadora— tener más tiempo para cultivar la lectura y la escritura en lugar de tener solo tiempo para trabajar. Nos acomodamos cuando terminamos la enseñanza y vamos perdiendo cosas importantes; al no practicarlas las olvidamos, como es el caso de la ortografía, las reglas gramaticales y el uso del acento. Tampoco sé cómo bajar vídeos; lo intento, pero no sé qué hago mal.

Pienso que tienes talento para escribir, eso es algo que se lleva dentro. Tu amiga, la que te sugirió que escribieras, vio en ti a una persona con talento. He estado leyendo tu obra, pero no todo lo tranquila que hubiera querido por falta de tiempo. Pero antes de que no te vuelva a ver, te doy mi opinión personal: a mí me ha gustado el libro, lo considero sencillo y original, pero entiendo que la historia de Interchat se podía haber contado de muchas maneras. Como tú la has escrito es una opción, aunque no sé si alguien que esté fuera de esta página y sepa cómo funciona tendrá la misma visión. La sensación que tengo es que tú lo cuentas como alguien que entra y sale de la plataforma, eres el narrador anónimo y a la vez el personaje de Peón de albañil, que es uno más de los integrantes del chat. La historia es original, muy sencilla, y el desenlace final me gusta; pero no sé si el hilo de la historia, que se mezcla con la del personaje principal de la vida de Juan, queda claro en algunos puntos. Tendré que comprarme el libro en papel, porque leyéndolo por Internet a través de una pantalla la perspectiva creo que no es la misma que si estuviera leyendo en formato físico. El libro creo que está bien escrito, aunque la forma de contar la trama en ciertos pasajes no me parece muy definida. Bueno, espero que entiendas que es solo mi opinión personal; te deseo mucho éxito en tu vida literaria y espero leer más libros tuyos. Para mí este libro es muy especial, lo compraré y lo tendré como algo muy valioso.

Albañil 62: ¡Hola, buenos días! No te preocupes por eso, hay que leer con calma: es la mejor manera de comprender las cosas. Cuando se hace con tranquilidad es cuando se llega a asimilar la lectura. En cuanto a lo de hacer la crítica, esta requiere de tiempo y maduración, ya que de no ser así, posiblemente aquello que escribas no será creíble y mucho menos aceptable. Recuerda que todo en la vida requiere de paz, tranquilidad, sosiego... y que la improvisación está condenada al mayor de los fracasos.

Enfermera: Me alegra que tengas esa visión, pienso igual; creo que las cosas hay que razonarlas, meditarlas y pensarlas.

Albañil 62: Todo lo que carezca de esas tres cosas carecerá de los argumentos fundamentales para llegar a una conclusión acertada y pienso que, además de ser el error más habitual en los seres humanos, se da también en todos los ámbitos.

Mecánico: Buenas noches, amigos. Es un gusto para mí estar con ustedes ya que gracias a mi amiga Luisa estoy aquí y, de antemano, agradezco su invitación. Si se dan cuenta, la amistad es símbolo de confianza, apoyo y comprensión entre las personas que se llegan a conocer. Comienza una linda y hermosa relación: en cuanto se le necesita, ahí está el amigo sin esperar nada a cambio, raudo y veloz para dar su apoyo de cualquier índole; pero a veces esa amistad se convierte en verdadero amor. Amistad = amor = felicidad. ¿Ustedes qué piensan?

Enfermera: Puede pasar que lo que empieza como una simple amistad acabe siendo una historia de amor; a veces encontramos el amor donde menos lo pensamos. Yo pienso que en el amor también hay amistad: creo que tu pareja debe ser tu mejor amigo, la amistad también forma parte del amor, aunque no siempre amistad y amor de pareja vayan juntos.

Albañil 62: Bueno, personalmente tengo una linda amistad con varias mujeres que conozco desde hace muchos años y, la verdad sea dicha, sí que es cierto el cariño que siento hacia ellas; pero de ahí a hablar de amor como pareja, la verdad es que nunca he llegado hasta ese punto. Entiendo que la amistad es otra forma de amar incluso más pura y fuerte ya que, a diferencia del amor —que exige respeto, comportamiento ejemplar, comprensión, entrega y que siempre espera algo a cambio de la otra persona—, en la amistad no se exige ni se espera nada. Por ello es más fácil encontrar un amor que una amistad verdadera, aunque también existen las amistades interesadas. En fin, es todo tan sencillo o complicado como lo queramos entender.

Enfermera: ¡Sí!, comparto lo que dices. La amistad, cuando es sincera, es más rara y difícil de encontrar que el amor y, por eso mismo, nunca debemos dejarla escapar. Siempre he querido ser no solo la mujer de mi pareja; para mí es muy importante ser su mejor amiga, aunque entiendo que el amor de pareja es mucho más complicado y la amistad es menos dada a los problemas. De todas formas, la calidad de la persona es siempre la que marca las diferencias en cualquier tipo de relación.

Mecánico: Definitivamente así es, queridos amigos. La amistad duradera es la mejor cuando se riega como un jardín de bellas flores. Hay que alimentarla y saberla conservar. Como dice el amigo, hay amistades por interés, pero esas tienen sus propias respuestas y conclusiones. En la pareja, primordialmente, tiene que florecer siempre, para lograr esa buena relación de comunicación y confianza, sobre todo. En fin, la amistad es luz de vida.

Albañil 62: Solo el tiempo es quien decide si verdaderamente ha surgido la amistad entre las personas. No es necesario estar colmándolo todo de detalles y gestos; es más bien en las situaciones difíciles cuando ves quién está a tu lado. En mi caso, para decir que alguien es mi amigo no es necesario que me regale nada: con saber que está, esa es la mejor manera de demostrar la amistad, y todo lo demás lo considero puro interés.

Enfermera: Estoy de acuerdo en todo contigo, la amistad siempre es desinteresada.

Mecánico: La amistad es simplemente pura y se nota en las personas cuando más se necesita: en la enfermedad y en la cárcel se ven los grandes amigos.

Albañil 62: A mí, personalmente, no me gustaría tener que pasar por la cárcel para saber si tengo amigos o no; prefiero estar solo que acompañado en algún lugar donde esté privado de libertad.

Prudencia: Yo creo que puede pasar eso, que de la amistad se pase al amor; pero también que es difícil saber quién es tu amigo o amiga, y mucho más por este medio.

Mecánico: No necesariamente ha de ser en la cárcel, es un decir; a veces suelen pasar esas cosas. Hay quienes dicen ser amigos y a la primera que te sucede algo desaparecen; pocos son los que te brindan apoyo, pero es bueno porque ahí sabes quién y cómo es cada uno.

Albañil 62: Sigo diciendo que no es necesario que los amigos te visiten en la cárcel. De hecho, en España, normalmente a quienes visitan a sus presos les une el lazo familiar y no permiten ir a muchos de visita. Hay infinidad de formas de demostrar la amistad y sin necesidad de que esta sea notoria; todo esto a mi manera de entender, que no digo que tenga razón: es mi opinión personal.

Enfermera: Estoy de acuerdo. La amistad surge o no, pero cuando surge, se demuestra en la intención del que se considera tu amigo. En primer lugar el respeto: respeto por sus opiniones aunque sean opuestas a las tuyas, aceptarle con sus defectos, no exigirle más de lo que sea capaz de dar... en definitiva, la incondicionalidad; y no estar solo cuando te necesita, sino estar ahí simplemente porque te apetece.

Mecánico: Uno de los tesoros que hemos dejado de capitalizar es la amistad y, a veces, si le doy la razón incluso a quien no actúa bien, estaríamos en la miseria.

Enfermera: Muy bonito lo que dices de la amistad; hay una frase que a mí me gusta sobre ella. Para mí es importante porque es siempre desinteresada, y hoy en día encontrar a alguien desinteresado es bastante difícil. Yo no sé si la gente no tiene estilo o clase, porque aparte del egoísmo humano, muchas veces no entiendo esa forma de comportarse. Me refiero a conocer gente y que solo estén contigo mientras les interesa, ¿o es que llaman amistad al interés temporal que puedan tener mientras esa relación funciona?

Vidente: Bajo mi criterio, y siempre respetando el de los demás, claro está, es que a través de la dualidad del ego en el que hemos estado viviendo en este plano, hemos condicionado todo. «Te amo si me amas», «te brindo mi amistad si tú me brindas la tuya», cuando el verdadero secreto es entregar, disfrutar de la gratificación que genera esa entrega y no enjuiciar el actuar del otro. Siempre estamos esperando algo a cambio de lo que entregamos.

Enfermera: Yo me considero desinteresada; es decir, cuando hago algo es porque lo siento, no lo hago por esperar que el otro responda. Por poneros un ejemplo: si siembro flores en un desierto no puedo esperar que estas florezcan, pero si asoma la hoja de una flor, uno siente gratificación. De alguna manera, aunque nunca esperas que florezca, si la flor sale, tú te sientes agradecida. La mayor satisfacción no es que la flor salga entre la arena, sino que ella sea la que quiere salir y se esfuerce por asomar la cabeza; a eso le llamo agradecimiento. No lo buscas, pero cuando lo obtienes, te sientes recompensada. Para mí eso es la amistad: dar sin recibir nada a cambio. La generosidad es un don y, cuando uno da, no espera recompensa; pero cuando alguien te corresponde, te satisface con plenitud y te hace sentir pletórica.




sábado, 22 de agosto de 2026

Parte 2, episodio 19, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 

18





Nada más levantarse, asearse y desayunar, como todos los días, Bonifacio condujo sus pasos hacia el cuarto donde tenía montado el aparato que le permitía conectarse con todo el mundo sin necesidad de tener que abandonar la estancia en ningún momento. Se detuvo frente al escritorio, se inclinó y, mientras con una mano se apoyaba sobre el moderno mueble contrachapado con melamina que imitaba al roble rojo americano, con el dedo índice de la otra presionó el botón de la torre con la intención de encender el ordenador.

Una vez que este estuvo operativo, intentó acceder directamente a Interchat; pero, al observar que era imposible, decidió invertir el orden de su actuación cotidiana: comenzó a leer la prensa, terminó por abrir el correo electrónico y revisó los mensajes recibidos:

De: Interchat
Asunto: Poner en conocimiento
Fecha: 16/10/2015 02:35:16
Estimado usuario: el motivo por el que ha sido restringida su entrada en la página no es otro que el reporte de varios usuarios, quienes afirman que usted está participando en la plataforma bajo un perfil falso. Le rogamos que, si no es cierto cuanto dicen, se ponga en contacto con nosotros a vuelta de correo y nos envíe una fotografía en la que aparezca usted sujetando un cartel donde indique su nick. Le recuerdo que no necesariamente ha de ser esta la imagen que muestre en su perfil público y le informo de que nadie, excepto usted y nosotros, podrá acceder a sus datos personales. Una vez recibamos su respuesta, después de verificarla y darla por válida, podrá regresar a la página en un plazo máximo de 72 horas.
Atentamente,
Alexis R. Maxwell

48 horas después:

Bienvenidos al foro: ¿Qué crees que aportas en Interchat y en la vida?
Creado por Albañil 62.

Albañil 62: Hola, buenos días a todos y a todas. Aquí estoy de nuevo y con el mismo nick. ¡Afortunadamente para mí, la verdad es algo que se puede demostrar! Además de contar con ello a mi favor, es un privilegio poder demostrar aquello que es real, ya que no todas las personas pueden contar con la misma credibilidad. ¡Qué bajeza intentar acabar conmigo diciendo que soy un perfil falso! Eso tendría que estar penado por la página para aquellos que son reincidentes.

Aquí les dejo un «copio y pego» de una noticia que me ha dejado totalmente conmovido:

«Últimas noticias, según datos facilitados por la Agencia EFE: El inminente ‹empresario› conocido en las redes sociales como Ángel de amor, al enterarse del lamentable suceso ocurrido a su fiel amigo El Demonio, optó por desplazarse en su avión particular para recoger allí a su más que amiga Canela en flor, con la intención de acudir juntos a dar el último adiós a su estimado «ciberamigo». El accidente ha tenido lugar en los Pirineos Orientales. El fuselaje, al igual que los dos ocupantes, ha quedado reducido a cenizas y, por tanto, ni siquiera las pruebas de ADN servirán para identificarlos. Al parecer, todo apunta hacia un fallo mecánico, ya que el mundialmente conocido ‹empresario› era un experto piloto y contaba con más de 3000 horas de vuelo en su historial. Es todo cuanto podemos informar hasta ahora. ¡Que Dios les acoja en su reino!».

Espero y deseo que su paso por la vida no quede reflejado como en este foro ‹donde participaron con tanta ilusión...›. ¡Señor, ten compasión de sus almas! Y, aunque según han manifestado no creían en ti, te ruego que les perdones porque no saben ni lo que hacen ni lo que dicen. Amén. En fin, por lo que a mí respecta, ‹muertos están› y, como dije en el foro de la tal Lilian, en fantasmas no creo: espero que los fiambres no aparezcan en mis foros ni en mis conversaciones.

Enfermera: ¡Qué ganas tenía de conversar contigo, amigo! ¡Por fin regresaste! ¡Te echaba de menos! Agradezco a Dios porque «no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista». En cuanto al argumento de acusar a alguien falsamente, como a ti te ha ocurrido, me parece que no solo es denunciable, sino que debería tener una penalización ejemplar para evitar que, de aquí en adelante, las personas que tratan de desprestigiar a otras con falsos testimonios consigan su objetivo. Lo que estaba pasando aquí —al igual que ocurre en la vida real cuando un grupo de gente se une para arrinconar a otra persona que no ve ni piensa como ellos— se llama mobbing. Es algo que se ha puesto de moda tanto en los trabajos como en cualquier entorno donde, cuando alguien sobresale o es distinto a los demás, siempre hay personas a las que no les gusta el diferente, bien sea por cómo viste o bien por cómo se comporta generalmente. Hay un cliché que dice que la idea de la normalidad, o de lo que se considera «normal», la tienen unos pocos; si tú no te adaptas a ella, te hacen el vacío. Es algo que parece muy banal pero que, en muchos casos, ha destruido la vida de personas cuyo único delito fue su eficacia en el desarrollo de su trabajo, o simplemente el ser buenas personas.

Albañil 62: Hola y bienvenida a tu casa. ¿En serio creías que te librarías tan fácilmente de mí? ¡Jajaja! Normalmente, de los sitios me suelo marchar cuando yo lo decido; otra cosa que hago, en caso de tener intención de retirarme, es hacérselo saber a quien considero mi amigo. Mientras nada de eso ocurra, puedes estar tranquila de que no desapareceré así como así. He echado esto de menos. Lo que realmente me preocupaba era cómo os sentiríais los que estáis a bien conmigo por lo ocurrido; yo estaba tranquilo y sabía que regresaría, era cuestión de unas horas. El único descontento que tengo con la página es que no miran con detenimiento quién tiene la culpa de los altercados y la mayoría de las veces sancionan precisamente a quien menos culpa tiene. En fin, seguiremos por aquí con nuestras cosas y nuestras causas, y no permitiré que la casa se vuelva a llenar de basura cibernética.

Enfermera: Bueno, recibe un beso grande y un abrazo de tu amiga, que no sabía lo que pasaba pero que siempre ha estado a tu lado y siempre estará, porque nos une el respeto y el reconocimiento por mi parte de tu buen obrar. En todo momento sé que eres auténtico y me gusta tu coherencia en todo lo que haces; lo que yo más respeto en alguien es su coherencia, por eso siempre estaré a tu lado, entre otras cosas porque nos une el ser buena gente.

Antes de desconectar el ordenador y marcharse a dormir, Enfermera envió un mensaje privado.

De: Enfermera
Para: Albañil 62
Hola, amigo. Cuánto me extraña que «la familia Trapisonda...» se mantenga al margen del foro, ¿verdad? Pienso que estas personas no tienen otra forma de vivir que no sea la de generar malentendidos y altercados allá por donde pasan. Su silencio me hace pensar que puedan estar preparando alguna de las suyas.
De: Albañil 62
Para: Enfermera
Hola, amiga. Nada es por casualidad. He de hacerte saber que, muy a mi pesar —ya que por ello se me podría adjetivar como un dictador al no permitir la libertad de expresión, lo cual admito y asumo las consecuencias que mi actitud me pueda deparar—, me he visto obligado a recurrir a la herramienta que la página otorga a los creadores de foros. Con el fin de evitar lo que vienen haciendo últimamente los personajes de marras, los he tenido que bloquear, pues lo único que estos persiguen con sus aportes es generar el conflicto con la intención de que abandone la página y dejarles a su libre albedrío, tal y como lo vienen haciendo de manera impune.

Tras esperar un tiempo más que prudencial, Bonifacio entendió que Enfermera no había leído su misiva y optó por continuar con el aporte que estaba redactando antes de haber recibido el privado.

Albañil 62: Bueno, creo que todo depende de lo que las personas anden buscando y de ahí su comportamiento; me parece todo respetable siempre y cuando no me salpique. A mí, en concreto, me gusta conversar de cualquier tema pero con seriedad, tratando las cosas desde el punto de vista real y manifiesto. no creo que a estas alturas de mi vida tenga que entrar a jugar y mucho menos a seguir algún rollo que no vaya conmigo. Desde el principio he dejado bien claro que no entro a buscar nada, ni siquiera amistad, ya que considero que eso es algo que ha de surgir sin ser buscado y no es cuestión de decir «ya eres mi amigo» y mañana «ya no lo eres»; creo que a ciertas edades esas cosas han de estar suficientemente claras.

También otra cosa que suelo hacer es ir probando ideas para sacarle partido a esto. En principio, me gusta escribir para ir corrigiendo las faltas de ortografía y, al mismo tiempo, ir aprendiendo a construir diálogos con expresión. ¿Te atreverías a escribir un libro? Si es así, ¿de qué trataría? En mi caso, alguien me dijo: «¡Ánimo, amigo! ¿Por qué no te dedicas a escribir algo?», y me invitó a una página donde ella participaba. A esa persona la conocí aquí, aunque la verdad es que coincidimos poco tiempo: ella se aburrió del panorama que por aquí pululaba. Bueno, amigos, me despido por hoy. Adiós, hasta mañana a todos y a todas.

Enfermera: Hola, buenos días, amigos. Albañil 62, supongo que sí, estoy de acuerdo. Yo soy muy cariñosa y, cuando alguien me cae bien, enseguida le tomo afecto, pero siempre con los pies en el suelo; este es un medio virtual y no podemos dejar volar la fantasía a su libre albedrío. Aquí, como ocurre en todos los sitios, nada es lo que parece; quiero decir que este sitio tiene unos límites, y tanto la amistad como el amor hay que cultivarlos en el día a día. En estos sitios no tienes el contacto directo de ver a la persona que tienes enfrente, ni su voz, ni su olor y, aunque se pueda ver por la cámara web, nunca es igual que la realidad, por lo menos para mí. Cuando Dinio, el personaje mediático, dice: «La noche me confunde», le entiendo perfectamente. En Internet se corre el riesgo de confundir la realidad con la fantasía, porque la soledad humana te hace ver cosas donde no las hay; es el riesgo que corren las almas solitarias que se meten aquí. Pero bueno, yo estoy contenta de poder seguir dando mi opinión en tu foro y, en mi caso, esto es una forma de entretenerme; fuera de aquí tengo mi vida, mi familia, mi trabajo, mis amigos y la verdad es que me considero muy afortunada en ese sentido.

Albañil 62: Personalmente, creo que para que surja el amor por un sitio de estos hay que estar predispuestos a que eso suceda y, por tanto, siempre será algo buscado; esto equivale a que, a no muy largo plazo, todo quede en un intento fallido. Sí que es cierto que hay muchas personas que se han conocido por Internet e incluso se han casado y viven felizmente, pero ese tipo de relaciones no tienen nada que ver con lo que por esta página acontece. Creo que la gran mayoría son simplemente pasatiempos que, al final, lo único que pueden crear es sufrimiento en aquella de las partes que llegue a sentir algo real; por eso me parece que este no es el medio más adecuado para buscar ni el amor ni la amistad. ¡Efectivamente, falta el cara a cara!, ver y sentir lo que esa persona te está diciendo con su mirada, y que coincida con la expresión de su cara y que los gestos sean acordes a la conversación. También tengo familia, vida social, esposa y mi fiel e inseparable mascota. He de decir que me siento una persona satisfecha y feliz con lo que tengo y, además, como me gusta compartir aquellas cosas que me hacen feliz con el resto de las personas, lo disfruto doblemente.

Enfermera: ¡Ah!, pero ¿tienes un perro? Yo tengo dos gatitos, que lo digo en diminutivo pero que son dos gatazos, sobre todo Chiquito. Le puse ese nombre cuando lo traje a casa, pero se ha convertido en un gatazo. También tengo a Peleón; a este lo cogí siendo muy pequeño. Me encontraba dando un paseo con mi pareja y oímos a un gatito maullando que estaba en lo alto de un árbol; mi pareja se subió y lo llevamos para casa. Al principio no sabíamos si era macho o hembra y, pensando que era gata, la llamé Perlita. Estaba totalmente convencida de que era hembra y la llevé al veterinario para castrarla. Este, al verlo, me dijo: «Pero si es un macho», y entonces le tuve que cambiar el nombre por el de Peleón. Ya que es un gatito hiperactivo y siempre le está haciendo la vida imposible a Chiquito, pensé que el nombre que mejor le iba era Peleón. Son dos gatitos comunes, los dos son de color negro y son muy lindos. Chiquito es negro con dos grandes ojos azules; Peleón los tiene verdes y la cabeza más pequeña. Yo los quiero mucho, me gusta cuidarlos y preocuparme por ellos, aunque hay veces que me sacan de quicio.