sábado, 18 de julio de 2026

Parte 1, episodio 3, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hola, buenos días, amigos/as. Gracias por vuestros comentarios. Doy la bienvenida a los recién llegados y continúo:
Nada más llegar a una de las principales capitales de España (y os pido disculpas por no desvelar su identidad, ya que actúo así con el fin de no perjudicarla de manera gratuita) pude comprobar la situación dramática de ciertos barrios donde la gente dormía en la calle y la policía estaba siempre rondando. A partir de aquello, mi vida y mi manera de pensar cambiaron. Conocí a personas de todas las clases, fui adquiriendo experiencia y, sin saber ni cómo ni cuándo, me hice hombre antes de tiempo.
En aquel mundo sucio y hostil, comencé a tener relaciones sexuales con mujeres maduras, tanto que incluso por edad podrían haber sido mi abuela. Allí cogí mucha experiencia con las mujeres, y cuando me cansé de aquello de lo que tantas ganas tenía… decidí regresar a casa. Fueron dos años muy duros en los que, además de tener que dormir en la calle, muchos días ni siquiera pude comer. Sin embargo, allí aprendí a tratar y a respetar a las mujeres, e incluso a defenderlas del machismo, las injusticias y la violencia conyugal.
Con el pensamiento cambiado por cuanto me tocó ver y vivir, siendo un joven moderno que defendía a las mujeres, decidí volver a mi tierra: Extremadura. Una tierra arraigada a las viejas costumbres y donde imperaba el machismo, ya que así había sido durante generaciones e incluso, además de tenerlo asumido, era defendido por las propias mujeres. Al regresar a mi pueblo, convertido en un «hombrecillo moderno», comencé a participar en todo tipo de manifestaciones tratando de ayudar a los que padecían injusticias; allí donde hiciese falta me presentaba siempre de manera altruista. Con veinte años me hice donante de sangre y al poco tiempo me ofrecí de voluntario en la Cruz Roja.
Al cabo de un tiempo, tras cumplir el servicio militar, mi madre me aconsejo que me dejase de tantas tonterías y que fuese pensando en asentar la cabeza… Y, unos meses después, comencé a salir con María Jesús, una preciosa joven con la que acabaría casándome un año más tarde. Desde el principio le enseñé a que fuese ella misma y se comportase como creyera conveniente, y que tuviese la libertad de hacer o decir lo que le pareciese, pero siempre con respeto.
Una tarde, al regresar completamente abatido después de haberme pateado la ciudad de un extremo a otro en busca de trabajo, me dijo que había ido a la consulta del médico. —¿Estás enferma de algo? —le pregunté.
—No, para nada... ¡Estoy embarazada! —me dijo de repente, sonriendo como una descosida.
En aquel momento me sentí el hombre más feliz del mundo y me juré a mí mismo que mis descendientes crecerían en un ambiente totalmente distinto al que tuve yo. Por aquella época encontré trabajo en una multinacional y la verdad, por primera vez, sentí que mi vida había cambiado. ¡Me sentía tan feliz que los días transcurrían vertiginosamente! María Jesús llevaba muy bien el embarazo, todo avanzaba con normalidad y sin ninguna molestia. Lo teníamos todo preparado para el nacimiento de nuestro hijo y, casi sin darnos cuenta, llegó el día del parto. Recuerdo que ambos estábamos muy nerviosos y creo que eso influyó de manera negativa; ella no dilataba bien, y en aquellos años la medicina no era como hoy en día. El parto se prolongó durante veinte horas y allí permanecí en todo momento acompañando a mi esposa, viendo cómo sufría en cada contracción mientras yo la animaba: «¡Venga, cariño, un poco más, que tú puedes!». Y en una de esas contracciones nació nuestro primer hijo, Julián.
¡Fuimos tan felices aquellos años! Tenía un buen trabajo, una excelente esposa y un hijo maravilloso al que daba todo el cariño para que no le ocurriese lo que a mí, ya que por parte de mi padre nunca recibí cariño alguno…
María: Hola, amigo. Es evidente que tu capacidad de almacenamiento podría superar a la de un ordenador, que lo tienes bien amueblado y dispuesto; pero ¿te importaría si te cambio de tema? Es que me gustaría saber qué opinas de Interchat. Espero que no te sientas ofendido con mi aporte y, por si acaso, te ruego que me perdones en el caso de que así lo estimes, amigo.
Juan: No te preocupes, no tengo nada que perdonar y sí mucho que agradecerte a ti y a todos los que comentáis en mis foros. En cuanto a tu pregunta, según mi humilde opinión, este sitio puede servir para conocer personas y, si se puede, relacionarse con ellas. No es un mundo para encerrarse en sí mismo ni detrás de una pantalla. Creo que hay mucha gente que se aprovecha de esta situación. Hay personas que tienen problemas y se encuentran solas, y en este medio se abren al diálogo con más facilidad; personas que en realidad, en la vida real, se sienten solas entre la multitud.
Muchos me han advertido en privado que no me crea nada de lo que me dicen en Internet, que es un sitio donde existe mucha mentira, pero mientras nadie me demuestre lo contrario, ¿por qué tengo que desconfiar? En mi caso, por ponerte un ejemplo, todo lo que comento lo puedo demostrar siempre. Yo hablo con el corazón y la verdad en la mano, porque entiendo que así tiene que ser, y no concibo que haya personas que se aprovechen de estas situaciones. Entro buscando amistad, sin alardear ni mentir como hacen otros con el pretexto de ligar. Aunque respeto que haya personas buscando pareja, entiendo que primero ha de existir una amistad y luego, si surge algo, entonces puede que sea cierto.
Hace unos días conocí a una persona por este medio y me dijo que se había enamorado de mí. Le dije que no podía ser, que no me conoce en persona y que quizás podría tratarse solo de afecto. Al cabo de tres días contándome penas, me pidió que mirase por Internet un ordenador, un teléfono móvil y alguna que otra cosa más, y que se los regalase. Yo le dije que también quería un avión, pero que mi precaria situación económica no me permitía ni una cosa ni otra. A partir de ahí sé que hay personas mentirosas tratando de engañar y aprovecharse de personas como yo, que voy con la verdad y de corazón por la vida. Reconozco que no todas las personas son iguales, tengo amigos/as que hablan con el corazón y entre esas personas te encuentras tú. Prefiero seguir siendo así, aunque en la vida me vaya mal y sea consciente de que, tanto en lo real como en lo virtual, abundan las falacias y la hipocresía.
Jessica: Hola, amigo. He observado que en tus aportes aparece con frecuencia la palabra hipocresía y la verdad es que a veces no entiendo con qué fin. ¿Podrías aclarármelo?
Juan: Hola, Jessica. La hipocresía es aparentar lo que no eres, intentar mostrarte como una buena persona cuando eres todo lo contrario. En mi caso, me muestro tal cual soy. Es cierto que soy muy nervioso, pero no por eso trato de ocultarlo; intento ser educado y correcto en todo momento. Soy transparente con los demás, no oculto nada de mi vida y, cuando conozco a alguien, en principio me gusta tratarlo de usted porque creo que así se demuestra el respeto ante los demás. Son mis principios y los muestro con naturalidad.
Jessica: ¡Tú sabes cuán grande eres y la capacidad de amar que tienes! Has soportado el dolor en tus propias carnes y, aun así, tu corazón siempre está abierto y dispuesto para ayudar a quien lo necesite. Eres sensible, te conoces a ti mismo, eres tolerante con los demás, sabes que eres imperfecto y que tienes muchas limitaciones, y te condenas por ello. Resumiendo: para vivir una vida plena debes adaptarte y ser tú mismo, sin que te importe lo que de ti digan los demás.
Juan: Es muy fácil decir que si eres positivo u optimista la vida es maravillosa; pero cuando eres consciente de que tus huesos se están desgastando, de que tu cuerpo se va apagando y de que, a pesar de que tu corazón quiera seguir luchando, te encuentras con un muro muy grande... ahí te das cuenta de que la vida y las personas van al ritmo que toca. Cuando tratas de hablar, de amar de verdad o de creer en la vida, y la gente te dice: «Pero ¿en qué mundo vives tú?». O cuando, al comenzar el día, piensas que te vas a comer el mundo y observas la frialdad de las personas a las que les dices «¡buenos días!», y si es que te contestan es con un simple «hola»... regresas a casa cabizbajo, enciendes el ordenador y encuentras casi la misma frialdad.
Personas que mantienen conversaciones vacías, donde abundan los ji, ji, ji y los ja, ja, ja, donde ves que solo buscan pasar el día con flirteos sin sentido sabiendo que nunca ocurrirá nada más allá de lo virtual... En la mayoría de los casos eso termina desanimándote. Y cuando trato de compartir mis ilusiones, intentando convencer a los demás de que aún podemos salvar la naturaleza, el distanciamiento entre las personas y que ¡es posible un mundo mejor!, algunos, con sus comentarios y burlas, me hacen sentir que mis pensamientos no son válidos para esta sociedad tan modernista donde solo abunda la maldad y el afán por la ostentación del poder. Son los mismos que han conseguido que la mayoría de las personas crean firmemente que valen más cuanto mayor sea el número de sus posesiones. No soy amigo del dinero ni vivo por ni para él, y he observado que algo tan fundamental como los valores humanos ahora no interesa a casi nadie: prefieren vivir por y para ellos mismos, sin importarles los demás y, pese a quien pese, esa es la pura realidad. Todo ello es, para mí, la hipocresía.
Empresario: ¡Eres patético, tío! Si por cada foro que abres te diesen un euro, serías millonario. Abres temas absurdos y sin sentido... ¡No interesas a nadie! ¿Cuándo te vas a enterar de que no es la cantidad, sino la calidad lo importante? Ya sé que a oídos necios todas las palabras son inapropiadas, pero es que algunos os creéis dioses y que merecéis ser reverenciados. Por lo que se ve sabes de todo, y si no es así, te lo inventas... ¿A quién pretendes engañar?
Juan: Empresario, la verdad es que no entiendo por qué le pones tanto empeño al asunto. No recuerdo haberte invitado a seguirme y mucho menos a que leas lo que escribo, así es que te pido, ¡por favor!, que me respetes. Creo tener el mismo derecho que los demás usuarios y, es por ello que, si mis foros no son de tu agrado, decirte que es tan sencillo como no entrar. ¡Ah!, por cierto, ¿la palabra respeto te resulta inapropiada? Antes eran mis faltas de ortografía las que no te gustaban, ahora son los temas que abro. ¿Qué será lo siguiente? ¿O es que acaso pretendes que abandone la página para quedarte a tus anchas? Porque de ser eso lo que buscas con tu comportamiento, siento decirte que no tengo ninguna intención de abandonar el lugar, y menos porque te moleste mi presencia. ¡Vive y deja vivir! ¿Te suenan de algo esas palabras? Espero y deseo que no consideres inapropiado este aporte.
Empresario: ¡Eres un imbécil y nada de lo que dices tiene coherencia! Además, ¿a quién le puede interesar una asquerosa vida que está llena de miserias y mentiras? Soy mucho más listo que tú y te aseguro que a mí no me engañas con tus argucias. No es necesario ser un erudito en la materia para evidenciar que detrás de tus escritos hay un claro interés: dar pena con la intención de que las chicas se acerquen a ti. ¡Que no eres más que un triste y miserable mentecato!
Juan: Te recuerdo, «amigo», que solo hablo de mi experiencia personal y que, ¡a Dios gracias!, no necesito hacer como «otros» que en el perfil suben imágenes rodeados de coches de alta gama, casas de lujo… y creo que, además de que posiblemente ni siquiera sean suyos, lo hacen con la intención de impresionar.
Empresario: ¡Que te den, mamotreto! No hay manera de hacerte entrar en razón. Espero que no abras más foros, ¡así estaremos todos tranquilos! Como antes de que entrara el analfabeto universal, o sea, ¡tú! Que estoy seguro de que te has escapado de algún centro psiquiátrico.
María: Saludos, Juan. No te preocupes por nada. ¿Sabes qué le ocurre al que me precede? Pues sencillamente que él ha abierto foros y, como no ha conseguido llamar la atención de los demás, no acepta que llegases tú y que desde el principio te sigamos quienes no observamos tus faltas de ortografía, sino la sinceridad y el respeto que expresas al escribir. Ya sabes que para mí eres un ángel y, cada vez que te leo, consigues emocionarme con tu sencillez y nobleza; al igual que yo, hay muchas personas que opinan lo mismo y eso, amigo mío, es lo que provoca que algunas personas no toleren tu presencia.
Juan: Gracias, amigas. Vuestras palabras me invitan a continuar contando mis experiencias y, a quienes intentan que abandone la idea, siento decirles que no tendré en cuenta sus deseos.
Peón de Albañil: Hola, amigos. La verdad es que me quedo perplejo cada vez que entro en un foro y observo que hay personas cuyo único objetivo es sembrar la discordia entre los participantes. Algo que me parece desproporcionado es el modo en que son tratadas algunas personas. En el caso de Juan, es un hombre que tan solo quiere compartir sus experiencias vividas, tal vez con el único propósito de que los demás entiendan lo que trata de comunicar. He de decir que desde que visito el foro he venido observando su comportamiento y me he dado cuenta, entre otras cosas, de que él no cuestiona a nadie, que es tolerante y educado con los demás, que habla de cómo ha vivido y percibe la vida y no entra a criticar a nadie.
Empresario: ¡Oye, tú, Peón de albañil! No sé por qué, pero me recuerdas al capitán Liendres, que de todo sabe y de nada entiende. ¿Se puede saber quién te ha dado vela en este entierro? ¿Acaso te crees el defensor de los desamparados y las causas perdidas? ¿O eres otro loco que anda suelto por la vida?
Peón de Albañil: Buenas noches, «Empresario». Cuando entré por primera vez en esta página tus comentarios también me llamaron la atención y, al igual que hice con Juan, decidí mirar un poco por la página y pasarme por tu perfil. Me he dado cuenta de que, por los foros que pasas, tus aportaciones siempre buscan el conflicto, y creo haber encontrado la causa de tus injustificables ataques hacia el moderador de este interesante foro: en tu perfil pude observar, en las fotos que tienes allí, que aparecías al lado de una casa espectacular; en otra apareces al lado de un coche de alta gama y en el resto apareces rodeado de cosas de valor, pero me he dado cuenta de que en ninguna apareces dentro de ellos, sino al lado. Creo que te has sentido identificado cuando él se refiere a la falsedad de las personas y hace la definición de lo que entiende como hipocresía.
Aprovecho para decirte desde aquí que no es necesario que respondas a mi observación, ya que no me gusta perder el tiempo con personas que no aportan otra cosa que sembrar la discordia y cuyo fin no sea otro que divertirse, o tal vez como única forma de justificar su desacuerdo ante la situación real de su vida, donde se rodean de cosas que no les pertenecen para aparentar ser alguien. Por último, si me lo permites, te daré un consejo: cuando algo te cause envidia, no trates de justificar tus actos y mira a ver si puedes aprender algo de quien posee aquello que tanto anhelas; «el diálogo, que no la discordia, es el camino más acertado». Y, por supuesto, puedes decir de mí lo que te apetezca; pero te advierto que te ahorres las molestias, ya que no hallarás en mí otra cosa que el silencio por respuesta.

1 comentario:

  1. El capítulo muestra cómo las vivencias más difíciles terminan moldeando la personalidad de Juan. Su estancia fuera de Extremadura, las privaciones sufridas y el contacto con personas muy diferentes modifican profundamente su manera de entender la vida. El protagonista presenta esa etapa como el verdadero punto de inflexión que lo convierte en un hombre comprometido con la igualdad, la solidaridad y el respeto hacia los demás.

    Tras regresar a su tierra, Juan explica que decidió implicarse de forma altruista en distintas causas sociales: participa en manifestaciones, se hace donante de sangre y colabora con la Cruz Roja. El autor contrapone así la violencia y el machismo vividos durante su infancia con una personalidad que intenta construir su vida sobre principios éticos completamente opuestos.

    La conversación entre María y Juan introduce una reflexión sobre el verdadero sentido de las relaciones virtuales. Para el protagonista, Internet puede ser una magnífica herramienta para conocer personas, siempre que exista sinceridad. Sin embargo, también reconoce haber descubierto individuos que utilizan la red para manipular emocionalmente a otros o para obtener beneficios materiales mediante el engaño.

    La palabra "hipocresía" se convierte en uno de los conceptos centrales del capítulo. Juan explica que entiende por hipocresía aparentar lo que uno no es, ocultando la verdadera personalidad para obtener reconocimiento o admiración. Frente a ello, reivindica la transparencia, la educación y la coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

    Las intervenciones del usuario "Empresario" representan la cara más agresiva de la comunicación en Internet. Sus ataques personales, burlas e insultos contrastan con la actitud respetuosa de Juan, que evita responder con la misma violencia verbal. El capítulo refleja cómo determinados espacios digitales pueden convertirse en escenarios de acoso cuando algunos participantes utilizan el anonimato para humillar a los demás.

    A diferencia de los primeros foros, donde prácticamente solo intervenía María, en este capítulo aparecen nuevos participantes que defienden públicamente a Juan. Jessica, María y especialmente Peón de Albañil contribuyen a equilibrar el debate y muestran que la sinceridad del protagonista comienza a despertar la confianza de otras personas. El foro deja de ser un simple diálogo para convertirse en una pequeña comunidad donde diferentes usuarios comparten valores semejantes.

    Uno de los momentos más significativos llega cuando Peón de Albañil analiza el perfil de Empresario y señala la contradicción entre la imagen de éxito que proyecta y la necesidad constante de despreciar a los demás. El autor contrapone así dos modelos de comportamiento: quienes buscan aparentar mediante posesiones materiales y quienes intentan ganarse el respeto a través de sus acciones y su conducta.

    El desenlace del capítulo reafirma uno de los principales mensajes de la novela: frente al insulto, la mejor respuesta es la serenidad. Peón de Albañil renuncia a continuar la discusión y concluye defendiendo que el diálogo es el único camino capaz de favorecer el entendimiento entre las personas. Con ello, el autor cierra el episodio reforzando la importancia del respeto como base de cualquier convivencia, tanto en el mundo real como en el virtual.

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