jueves, 23 de julio de 2026

Parte 1, episodio 8, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 

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De regreso al foro, después de haber estado navegando por otras webs, observé que la mosca cojonera seguía insistiendo en menospreciar al moderador. Molestaba a todo aquel que participaba allí tratando de evadirse de sus propios problemas personales mediante la conversación y el intercambio de opiniones.

Personalmente, considero que la comunicación entre internautas puede ayudarnos en algunos casos sin necesidad de tener que acudir al psicólogo. Cuando conversamos, descargamos nuestras dudas o miedos; a través de las respuestas individuales y variadas que se expresan en este medio, podemos hallar la forma de resolver nuestras inquietudes. Además, cuenta con la ventaja de que, al no ser un diálogo continuado en tiempo real, es más fácil decir lo que creas sin que los demás te corten la conversación. Esto es lo que realmente ocurre a pie de calle: cuando quieres contar algo, al final se pierde más tiempo en aclaraciones que ni siquiera tienen que ver con el tema o, en vez de escucharte, son ellos los que acaban contando alguna historia sin venir a cuento.

Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Empresario: Bla, bla, bla, blablablá. Pero tío, ¿tú de qué vas? ¿Crees que dando pena conseguirás enamorar a alguien?
Juan: Hola a todos. «Señor empresario», le voy a contestar y estoy seguro de que, siendo usted una persona erudita, sabrá elegir la respuesta adecuada:
  1. Voy de caza, ¿quiere ser mi perro?
  2. Soy un hombre realista, amante de la verdad, la naturaleza y todo aquello que me rodea. Además, voy de frente por la vida, cuento mi propia historia y comparto mis pensamientos, tratando de transmitir a todo el mundo lo que veo, vivo, pienso y siento.
Espero que entienda que hay muchas cosas que me preocupan más que sus burlas e insultos hacia mi persona. Es una verdadera pena que esté ciego a la realidad del rumbo que lleva la humanidad, algo que entre todos podríamos cambiar, ya que considero que es posible un mundo mejor. Está en nuestras manos hacer que sea una realidad algo que me preocupa, y mucho: ¿qué dejaremos a las generaciones venideras?
Empresario: ¡Estás como una puta cabra! Lo tuyo no tiene arreglo ni nombre. Bueno, sí, creo que estás enfermo; quiero decir, loco de remate. Eso es lo que das a entender con lo que escribes y pretendes. ¿Acaso te crees un enviado de Dios?
Juan: «A palabras incoherentes, lectura sin concluir». Por mucho que se empeñe, no será capaz de vencerme ni a mí, ni a mi causa o razón por vivir. Y le vuelvo a hacer la misma pregunta: ¿qué dejaremos para las generaciones venideras?
Peón de albañil: Hola, Juan. Te voy a responder primero a lo de si la vida es cruel con un escrito de mi propia cosecha:
¿Realmente la vida es cruel?
Sí, puede ser, pero aun con limitaciones vale la pena vivirla.
Es cruel cuando te sientes solo, cuando te hacen sentir privación, cuando supones que no hay alguien a quien encomendarte, cuando te sientes desolado. Cuando el más ínfimo gesto te hace llorar o resucitar cosas que te han ocurrido.
¿Sabes cuándo es cruel la vida?
Cuando no la aprovechas, cuando no aprendes a justipreciar el hecho de respirar, cuando el existir es lo más grande y se menosprecia.
Aunque ni el dinero ni la pobreza lo sean todo, he de seguir con entusiasmo y tratar de conseguir que aquello que las circunstancias de la vida me presentan no haga mella en mí, para poder seguir pensando que la vida merece la pena independientemente de las adversidades que ella conlleva. Gracias a las adversidades soy quien soy y he aprendido que aún me queda toda una vida por delante. Agradezco a la vida todos los contratiempos que me ha presentado, pues gracias a ellos me he hecho más fuerte. El mundo en que vivimos está hecho de errores que con el tiempo se han convertido en fracasos. Por ello, aprendamos de los errores y no permitamos que nuestras vidas se conviertan en fracasos por culpa de las equivocaciones cometidas por otros, esos que torpemente lideran, gobiernan y dirigen actualmente el mundo.
Peón de albañil: Hola, amigos. Permitidme que le conteste a Juan respecto a lo que pienso sobre la actuación de algunas personas:
Me duele en el alma contemplar el deterioro que está sufriendo la naturaleza por culpa de las modas que crea el consumismo, cuyo único fin es lucrarse sin importarles lo más mínimo el medio ambiente o el disfrute de las personas, ya que solo piensan en sus propios intereses económicos. Ahora todo el mundo quiere ir a los montes y a los ríos a pescar, a cazar o incluso a caminar. Hasta ahí todo me parece correcto; lo que no encuentro normal es que un gran número de estas alimañas —y las adjetivo así porque no se me ocurre otro apelativo— llegan a los sitios y quieren terminar con todo, sin respetar en ningún momento ni las leyes ni la naturaleza. A todo el mal causado en ríos y montes hay que sumar la basura que van dejando a su paso (botellas, bolsas de plástico, etc.) e incluso, en algún caso, la basura es llevada desde su propia casa, porque les es más cómodo llegar al monte y, al bajarse del vehículo, dejarla tirada allí mismo.
También están algunos cazadores que matan todo aquello que se mueve en el monte. Con tal de abatir algo, les vale cualquier animal sin tener en cuenta que pueda estar protegido, ya que a ellos eso es algo que les da igual: lo suyo es no respetar y dejar el monte lleno de desechos (cartuchos y todo tipo de envases). Por si fuera poco, ahora se ha puesto de moda el senderismo; algunos creen que consiste en ir dejando el camino lleno de todo tipo de restos (envases de bebidas isotónicas, restos de bocadillos, papel de plata, bolsas de plástico, etc.) e incluso, si van acompañados por sus bebés, arrojan donde sea el pañal y alguna que otra compresa. He llegado a ver incluso algún carrito portabebés abandonado en mitad del monte.
En los ríos pasa otro tanto de lo mismo: no respetan ni la flora ni la fauna, y las orillas están llenas de basura (botellas de vino, latas de cerveza, botes de maíz, etc.), y eso es imperdonable. A este tipo de personas se las conoce rápidamente. Suelen ir en grupos, ya que se mueven a nivel de sociedad para ver quién lleva el equipo más caro, el vestuario, el GPS, los pulsómetros, altímetros, cuentapasos, quemacalorías y todo tipo de dispositivos para escuchar música. Porque a ellos eso de ir por el monte y escuchar a los pájaros les da igual: van a caminar sin más. Espero que pronto se ponga de moda ir a pasear o a merendar a los vertederos municipales; estoy seguro de que se apuntarían sin dudarlo con tal de estar al día con la moda. Es más, pienso que estarían en su propia salsa, ya que allá por donde pasan lo dejan todo como si fuesen albañales.
También he de reconocer que hay otro sector que está concienciado y acude al monte para cargarse de energía positiva, a impregnarse de los aromas y fragancias que van cambiando, al igual que el canto de los pájaros, según la zona por la que estén paseando; incluso se puede notar la diferencia de temperatura entre los claros y la espesura de los árboles. Los que pertenecen a este grupo suelen ir, a lo sumo, en grupos de tres o cuatro, aunque lo normal es que acudan solos. Se les distingue porque tanto la vestimenta como el calzado son normales y corrientes. También les gusta coger setas y frutos silvestres, pero en cantidades razonables: con llevar para comer un par de veces entienden que es suficiente, y procuran no dañar a las especies no comestibles porque estiman que estas realizan una labor muy importante con respecto al desarrollo y mantenimiento del hábitat donde se encuentran. A este grupo la caza le gusta verla con vida y es habitual que en sus visitas les acompañen prismáticos, móviles y todo tipo de cámaras digitales para inmortalizar el momento. Cuando van a pescar, la mayoría de ellos suele devolver las piezas al río y, al visitar estos sitios, procuran no dejar más evidencias de su paso por allí que las huellas de su calzado. Algo que considero muy respetable; aunque entiendo que la forma más eficaz de respetar un monte es no visitarlo. Por último, os digo que, como sigamos así, no sé qué dejaremos para las generaciones venideras: quizás un montón de basura donde la vida resulte imposible.
Empresario: ¡Qué ridículos que sois! ¡Júas, júas, júas! Al entrar en el foro he leído lo que en él se ha expuesto y por un instante me pareció que se habían reunido los Dioses para tomar una decisión importante respecto a qué hacer con la situación actual del mundo. Pero mi sorpresa ha sido aún mayor al observar que creen que se puede destruir y comenzar de nuevo simplemente arreglándolo, como si de romper un folio se tratase. La verdad es que ¡cuántos majaderos andan sueltos por la vida!, pues se creen que está en sus manos cambiar el rumbo del mundo. Estoy seguro de que estos dos iletrados en su juventud abusaron de sustancias estupefacientes y ahora están sufriendo las consecuencias... Más vale que acudan al psiquiatra en vez de tratar de convencernos de que ellos son capaces de arreglar la situación mundial. Es tal la confusión que tienen en sus cabezas que creo que, en su caso particular, las neuronas no están muertas, pero sí muy enfermas, y el psiquiatra es el único que les puede ayudar a solucionar su grave problema: «creerse Dioses».
Os doy un consejo a los dos: disfrutad más de la vida, de internet y de todo lo que podáis sacar provecho. Yo no pierdo el tiempo en arreglar nada; me lo paso en grande conociendo mujeres y con el cachondeo, que la vida son cuatro días y en mi caso ya he disfrutado de dos tercios. Eso es la realidad y no las estupideces que siempre tratáis en este foro de locos, donde todos se creen superiores y con poderes para solucionarlo así sin más, como si esto fuese tan fácil... ¡Qué me importa a mí lo que las generaciones venideras piensen o digan de mí! De todas maneras, me hacéis pensar que o estáis todos locos o simplemente todo sea producto y efecto de consumir algunas sustancias de esas tóxicas que perjudican la salud seriamente.
Peón de albañil: Hola, amigos. Como dijo Jesús Quintero en Y el loco soy yo, un programa radiofónico que sigo habitualmente:
«Algún día, las generaciones venideras nos recordarán por esta televisión, por esta política, por estas guerras, por estas corrupciones, por esta rastrera sumisión al dinero. Nos juzgarán por todos los chorizos de Marbella, por los torturadores de todos los Guantánamos, por las mentiras que justifican guerras e injusticias sin cuento, por las sangrantes desigualdades, por el insolidario consumismo, por la falta de respeto al ser humano y la naturaleza, por convertirnos en productos de estos mercados donde todo tiene un precio, donde todo se puede comprar y vender. Cuando pasen los años y nosotros con ellos, nos juzgarán por la basura que infesta nuestras televisiones, por nuestra morbosa curiosidad sin límites, por nuestro regodeo en las intimidades y miserias del prójimo. Si piensan de nosotros que fuimos unos degenerados, unos miserables, unos ladrones, unos mentirosos; si nos juzgan y nos condenan por inhumanos, por corruptos, por insolidarios, por canallas, por frívolos, por cotillas... estarán en su derecho».
Como dijo el Maestro: «Por sus obras les conoceréis». Y nuestras obras nos condenan. A lo que añado que algún día nos recordarán como los culpables del declive de la humanidad y del deterioro del mundo. En nuestras manos está el destino; luchemos entre todos ¡por un mundo mejor!, aún es posible. No esperemos a ver los cambios, empecemos todos desde la individualidad que nos caracteriza y quizás, al vernos, se unan los demás. Demos la oportunidad a las generaciones venideras de encontrarse algo parecido a aquello que nuestros ancestros nos legaron, todo eso que poco a poco estamos viendo desaparecer mientras permanecemos inactivos, permitiendo que el mundo tome el camino que la ostentación del poder quiera marcar.
Ellos crearán cualquier cosa para tener entretenidos a un gran número de individuos y que ociosamente pasen el tiempo sin ser conscientes de que están perdiendo la vida en cosas banales y absurdas. Los que gobiernan el mundo —el capitalismo— lo tienen todo planeado de tal manera que algunas personas, al tener poder adquisitivo y una vida un poco holgada, se convierten en los causantes del consumismo y no escuchan a quienes han perdido el trabajo. Ya ni siquiera nos prestan atención ni los de nuestra propia clase social; quizás algún día no lejano clamarán ayuda al cielo y será entonces cuando, del mismo modo que actúan ellos, recibirán la indiferencia.
María: Hola, buenas tardes a todos. ¡Felicitaciones, amigo! Sin duda alguna, un buen aporte. ¡Ojalá sirviese para concienciar a todos aquellos a los que les llegue tan noble propósito!
Peón de albañil: Hola, buenas noches, María. Eso es lo que pretendo; pero me temo que, por muy buena que sea una idea, si esta cae en saco roto de nada sirve. Es decir, si se desentienden de ella haciendo como que no la han visto; un recurso, dicho sea de paso, muy utilizado por quienes viven solo por y para ellos, sin tener en cuenta que tal vez el que está junto a ellos ni siquiera tenga algo que llevarse al estómago. Lamentablemente para todos, así de injusta es la sociedad en que vivimos actualmente: donde unos tienen de todo y otros de nada.





1 comentario:

  1. El episodio abandona momentáneamente el relato autobiográfico de Juan para centrarse en un intenso debate de ideas dentro del foro. La plataforma deja de ser únicamente un lugar donde compartir experiencias personales y se convierte en un escenario donde chocan dos maneras opuestas de entender la vida: el compromiso con el bien común frente al individualismo y el desprecio hacia cualquier intento de mejorar la sociedad.

    El personaje de Empresario continúa utilizando el sarcasmo y el insulto como única forma de argumentación. Sin embargo, lejos de responder con agresividad, Juan mantiene la serenidad y reafirma sus principios. La novela presenta así la dignidad como una forma de resistencia moral: el protagonista no pretende vencer a su adversario mediante la humillación, sino permanecer fiel a aquello en lo que cree.

    La pregunta que Juan formula repetidamente —«¿qué dejaremos a las generaciones venideras?»— constituye el auténtico eje del capítulo. No se trata solo de una reflexión ecológica, sino también ética y social. El autor invita al lector a pensar en la responsabilidad colectiva que cada generación tiene respecto al mundo que entrega a la siguiente.

    La extensa intervención de Peón de albañil desarrolla uno de los grandes temas de la novela: el respeto por la naturaleza. El texto denuncia el deterioro de montes y ríos provocado por el consumismo, la falta de civismo y el afán de posesión, contraponiendo esa conducta con la actitud de quienes disfrutan del entorno de forma respetuosa, entendiendo que el ser humano forma parte del equilibrio natural y no debe comportarse como su dueño.

    El autor amplía su reflexión más allá del medio ambiente para cuestionar un modelo de sociedad basado en la apariencia, el consumo y la búsqueda constante del entretenimiento. Frente a ello, propone una vida sustentada en valores como la solidaridad, el respeto, la responsabilidad y la reflexión personal. La crítica social adquiere así una dimensión filosófica que trasciende el simple debate entre los participantes del foro.

    Empresario representa la indiferencia absoluta hacia cualquier problema colectivo. Su discurso se apoya en la burla, el disfrute inmediato y el rechazo de cualquier responsabilidad social. En cambio, Juan y Peón de albañil sostienen que el cambio comienza con las pequeñas acciones individuales. Este contraste convierte el capítulo en una confrontación entre dos modelos de ser humano claramente diferenciados.

    Especial relevancia adquiere la cita de Jesús Quintero, utilizada por Peón de albañil para reforzar su argumentación. La incorporación de este fragmento aporta profundidad al discurso y conecta las preocupaciones de los personajes con problemas reales de la sociedad contemporánea: la corrupción, el consumismo, la desigualdad, la pérdida de valores y la degradación de la naturaleza. El texto convierte la reflexión en una llamada colectiva a la conciencia.

    Pese al tono crítico que domina el episodio, el desenlace mantiene una visión esperanzadora. María apoya el mensaje transmitido, y Peón de albañil insiste en que toda transformación comienza por el compromiso individual. La novela concluye este episodio recordando que ninguna mejora social será posible mientras las personas permanezcan indiferentes, pero también que nunca es tarde para comenzar a cambiar.

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