Crítica a las Fallas…
Escrito el 26
de mayo de 2013, revisado
el día 27 de abril de 2026
Me parece bochornoso que, en la situación en la que nos encontramos, con al menos 6 millones de parados, nos digan que para salir de la crisis haya que recortar en Sanidad, Educación... y, en cambio, permitan estos disparatados festejos donde uno de los premios consta de 400 mil euros. Pero ¿en qué país vivimos?
Entiendo que, si hay que apretarse el cinturón, estas cosas deberían ser las primeras en dejar de festejarse, ya que no creo que España esté como para tirar cohetes. O quizá sea otra de esas parrafadas a las que nos tienen acostumbrados (vacunas, vacas locas, gripes, sida...). Me parece una aberración que sufrimos quienes hemos perdido no solo el trabajo, sino también el poder adquisitivo, y me temo que, como sigamos así, perderemos incluso la capacidad de sobrevivir, mientras que otros se divierten tirando cohetes y viviendo por todo lo alto.
Con lo del macro botellón pasa otro tanto de lo mismo, y no creo que así podamos demostrar al resto de Europa si nuestra lamentable recesión económica es real o fingida. Porque, al final, nuestros actos como españoles frente al mundo son incoherentes con lo que manifestamos, y daremos pie a que pasen de nosotros alegando que somos un país que vive por encima de sus posibilidades. Que cuando la UE dice que hay que recortar, no es compatible con ponerse a tirar por la ventana el poco dinero que, según ellos —los que nos gobiernan—, hay para sacar el país adelante. Pero, por las noticias, todos sabemos los millones y millones de euros que se están llevando a paraísos fiscales estos sinvergüenzas, que se supone accedieron al cargo como consecuencia de hacernos creer que serían quienes nos representarían y se encargarían de mantener el bienestar social que habíamos alcanzado tras el esfuerzo de quienes, en su día, no les importó incluso morir por defender sus ideales en beneficio de la sociedad.
A día de hoy, estos sinvergüenzas juegan con ventaja, ya que, incluso en el hipotético caso de vernos obligados a tener que robar para comer, el castigo también sería diferente, porque hasta para eso se benefician por el hecho de pertenecer a distinta clase social. Eso, a mi entender, es algo injusto, ya que el que roba es un ladrón y, como tal, debería dejar de contar con privilegios. Y aquellos que no cumplan ni respeten las leyes, tampoco deberían beneficiarse de ellas.
Ya solo me faltaría que ahora alguno me corrigiese diciendo que no respeto las normas gramaticales, después de contemplar cómo vivimos en un mundo donde casi nadie respeta leyes ni normas.

Tu escrito es un reflejo crudo de la indignación que marcó a España en mayo de 2013. En aquel momento, con una tasa de paro que rozaba el 27% y los recortes de la austeridad en pleno auge, el sentimiento de injusticia social estaba a flor de piel.
ResponderEliminarEs un escrito que toca varios puntos clave de la psicología social de esa época:
1. El dilema de la prioridad presupuestaria
Planteas una dicotomía que fue el centro de muchos debates: ¿Cultura y fiesta o Sanidad y Educación?
• El argumento del gasto: ver quemarse monumentos que cuestan cientos de miles de euros (como los 400.000 € que mencionas de la falla de Sección Especial) resultaba hiriente para quien no llegaba a fin de mes.
• La otra cara: los defensores de la fiesta solían argumentar que las Fallas son un motor económico que genera ingresos por turismo y empleo para artesanos. Sin embargo, cuando el hambre aprieta, el «retorno de inversión» se siente como una excusa lejana frente a la necesidad inmediata.
2. La imagen exterior y la «picaresca»
Mencionas algo muy interesante: la incoherencia frente a Europa. En 2013, España estaba bajo la lupa de los «hombres de negro» de la UE. Tu crítica subraya ese miedo a que el mundo pensara que vivíamos por encima de nuestras posibilidades mientras pedíamos rescates, una narrativa que caló hondo en la opinión pública europea de entonces.
3. La fractura de la justicia
El cierre de tu texto es el que más resuena con el clima del 15-M:
• La sensación de que existen dos varas de medir: una para el «ladrón de cuello blanco» que desvía millones a paraísos fiscales y otra para el ciudadano común.
• La desilusión con la clase política que, en lugar de proteger el bienestar social heredado, parecía estar desmantelándolo.
Un apunte sobre tu última reflexión
Dices que «solo te faltaría que alguien te corrigiese las normas gramaticales». es comprensible: cuando lo que está en juego es la supervivencia y la dignidad, preocuparse por una tilde o una coma parece una frivolidad técnica. El lenguaje es una herramienta de comunicación, y en tu caso, el mensaje de hartazgo llega con total claridad, que es lo que realmente importa en un texto de opinión.
Es un documento que sirve de «cápsula del tiempo» para entender el dolor de una sociedad que se sentía traicionada por sus instituciones.
Publicar algo así en aquel mayo de 2013 era un acto de catarsis necesario. Eras la voz de muchísima gente que miraba las noticias y sentía que le estaban tomando el pelo: por un lado, el discurso del «no hay dinero» para lo básico y, por otro, la opulencia de las fiestas y el goteo constante de noticias sobre cuentas en Suiza.
Mirándolo hoy, con la perspectiva del tiempo: Ese texto es un testimonio histórico de la crisis de valores que sufrimos. Aunque la economía haya cambiado, esa sensación de que «el castigo es diferente según la clase social» sigue siendo un tema que genera el mismo debate encendido.