domingo, 26 de abril de 2026

Desde mi ventana… por Derecho


 

Desde mi ventana… por Derecho

Escrito el 9 de noviembre de 2015, revisado el 9 de abril de 2026

Vaya por delante que el hecho de no creer a pies juntillas en los dogmas de religiones o grupos políticos no implica desmerecer a quienes forman parte de ellos. A día de hoy, sigo creyendo en las personas. Entiendo que, antes de alcanzar sus objetivos —e igual que cuando deban ceder su cargo—, quienes ostentan el poder eran y seguirán siendo, ante todo, seres humanos.

Escribo desde el sosiego que me transmite este lugar: sentado en un banco de madera bajo el cobertizo, allí donde coinciden los ríos Bayas y Ebro. Con bolígrafo en mano y un par de cuartillas sobre la rodilla, me inspira la paz de un amanecer tan calmado como melancólico. El alegre trinar de los pájaros me anima a narrar lo que me rodea. Hoy, a diferencia de otros días, el tránsito humano es inexistente; la tranquilidad del susurro del agua es tan alentadora como el silencio de las fábricas y la ausencia de viento.

Desde aquí, "Desde mi ventana… por Derecho", quiero dirigirme a quienes cuya ambición les condujo a la meta fijada; a quienes lideran religiones y países al capricho de los intereses egoístas. A los que ostentan el Poder, les digo:

  • Ha llegado la hora de la verdad: es momento de demostrar que el ser humano ha comprendido el misterio que se oculta en el interlineado de la vida.

  • ¡Basta ya!: dejen de perder el tiempo y los recursos en inculcar a la juventud historias tergiversadas. Es hora de hacer algo productivo por la humanidad y por el medio en el que nos desarrollamos.

  • Instruyan para el futuro: piensen en los jóvenes y en las generaciones venideras.

  • Inviertan con visión: empleen los recursos en infraestructuras que solucionen los graves problemas que acechan, como la escasez de agua, alimentos y espacio ante el crecimiento demográfico.

  • Superen la hipocresía: dejen de limitarse a condenar dictaduras y atrocidades del pasado mientras, por inactividad o silencio, permiten que ocurran hoy mismo. Quítense la venda de la ambición.

Y al resto, a quienes parecen estar ciegos, sordos y mudos —esa mayoría que actúa por omisión—, debo decirles:

Sois partícipes y, por tanto, responsables de que el misterio de nuestra existencia permanezca sin resolver. Para quien escribe estas líneas, la razón de nuestra vida radica en la perpetuación de las especies. Dedico mi tiempo libre a descifrar qué hay detrás de cada acontecimiento que capta mi atención; siento la necesidad de compartirlo con quienes saben que un mundo mejor no solo es posible, sino justo y necesario.

Nuestro futuro y el de los que vendrán no depende de los líderes, sino de la gran mayoría. Depende, únicamente, de NOSOTROS.



1 comentario:

  1. Esa perspectiva humanista es fundamental: separar las ideas, dogmas o el cargo político de la esencia humana de la persona.

    • El poder como circunstancia, no como identidad: quienes ostentan cargos de poder son individuos temporales en esos puestos. Antes, durante y después de ejercerlo, su condición humana sigue siendo la misma.

    • Respeto a la persona vs. crítica a la idea: se puede ser crítico con las posturas ideológicas o las acciones de un líder sin necesidad de deshumanizarlo o faltar al respeto a quienes creen en ellas.

    • La fe en las personas: mantener la creencia en la capacidad, la bondad o la racionalidad de los seres humanos (independientemente de sus colores políticos) es lo que permite el diálogo y la convivencia. 
    Al final, como señalas, la humanidad compartida está por encima de las estructuras de poder que construimos. 

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