miércoles, 1 de abril de 2026

Cosas que acontecen en mi ciudad...2


 

Escrito en junio de 2013, revisado el 31 de marzo de 2026

A veces, las cosas no son como las vemos o como las imaginamos…

Frente a mi casa hay un supermercado al que acuden varias personas a pedir. Últimamente, suelen coincidir un señor español de unos 80 años y una mujer —creo que rumana— de unos 45. Entre ellos parece haber un entendimiento silencioso: no discuten, no compiten, no se disputan el lugar.

Sé que el hombre no necesita el dinero. Vive en una residencia pública de la ciudad y, anteriormente, estuvo en una privada sin coste alguno. Lo sé de buena tinta: mi esposa trabajó allí durante un tiempo.

Aun así, suelo darles unas monedas cada vez que paso por el centro comercial. Ellos lo agradecen y, con el tiempo, hemos tejido algo parecido a una pequeña complicidad… casi una amistad discreta.

Ayer, sin embargo, el hombre estaba solo.

Me acerqué.

—Hola, amigo, buenos días. ¿Qué tal va la cosa?

—¡Bueno… aquí estamos!

—¿Hoy no está la compañera?

—¡Bah! Si no viene, mejor.

—¿Cómo así? ¿No os lleváis bien? ¿O lo dices por la competencia, majo?
—No, por la competencia no. Si dan algo, dan a los dos… y, cuando no hay nada, también es para los dos.

Sonreí. Había en sus palabras una lógica sencilla, sin grietas.

—Bueno, pero yo sé que usted no necesita estar aquí, que está en la residencia… A ver, a mí no me importa si necesita el dinero o no; lo digo porque hay días que hace mucho frío, y usted ya es mayor. No parece necesario que esté aquí en esas condiciones.

Me miró con calma, sin prisa por responder.

—Yo no vengo por el dinero —dijo finalmente—, vengo a entretenerme.

Aquella respuesta me descolocó más de lo que esperaba.

—¿No estaría mejor paseando por la ciudad o cerca de la residencia? Se lo digo porque le veo ayudar a la gente con las bolsas, cargar peso… y eso no le conviene.

—Ya… pero aquí me entretengo. Y soy feliz.

Lo dijo con una naturalidad que no admitía discusión.

—También me he fijado en que muchas veces la gente, después de cargar el coche, se marcha sin decirle ni adiós… Se lo digo para que no haga usted el tonto.

Él soltó una leve risa.

—¡No te preocupes! Como mucho serán dos veces. Si no dan nada… cuando vuelven otro día, hago como que no los he visto.

Había en aquello algo más que resignación: una forma de dignidad tranquila.

—Sigo pensando que estaría usted mejor cerca de la residencia… No entiendo que esto le pueda dar felicidad: tantas horas aquí, pasando frío o calor…

Entonces me miró fijamente, con una claridad que no había visto hasta ese momento.

—Para mí es bien sencillo: mientras estoy aquí, me entretengo y soy feliz. Si no me dan dinero, tampoco me enfado… porque no vengo por eso.


—Hizo una pausa breve—. ¿Qué quieres, que me quede en la residencia esperando a que llegue la muerte a por mí, como hacen otros?

No supe qué responder.

A veces, una verdad dicha sin adornos pesa más que cualquier argumento.

—Nada, amigo… —acerté a decir—. Si usted es feliz aquí, a mí también me hace feliz saberlo.

Le di la mano, como otras veces.

—¡Venga! Que tenga usted suerte… y que le vea muchos años por aquí.

Me fui pensando que, quizá, no era él quien estaba fuera de lugar.


1 comentario:

  1. La iniciativa de ancianos que se ofrecen a ayudar en supermercados con el fin de mantenerse activos, distraerse y sentirse útiles es una forma de envejecimiento activo y voluntariado social que ayuda a combatir la soledad. Aunque la figura tradicional del reponedor es un empleado, existen contextos donde personas mayores participan en la vida del supermercado. 

    Aquí destacan algunos puntos clave sobre esta realidad:
    • Socialización y propósito: para muchas personas mayores, estos espacios se convierten en lugares de socialización donde la interacción con otros clientes ayuda a evitar el aislamiento.
    • Voluntariado y apoyo: en algunos casos, existen redes de voluntarios (a veces organizadas o informales) donde mayores ayudan a otros mayores o a familias con la compra, ofreciendo compañía y ayuda con las bolsas.
    • Iniciativas inclusivas: cadenas de supermercados, en colaboración con organizaciones como Cruz Roja, están impulsando modelos de supermercados inclusivos que mejoran la experiencia de compra de las personas mayores, facilitando su participación y autonomía.
    • Historias virales: se han documentado casos (muchas veces viralizados en redes) de personas mayores que, aunque no necesitan trabajar por dinero, eligen mantenerse en el entorno del supermercado para mantener la mente ocupada y conectar con la comunidad, como el caso de ancianos que ayudan a embolsar o charlar con clientes.
    • Beneficios cognitivos y emocionales: ayudar en tareas cotidianas ayuda a estimular el proceso cognitivo, la toma de decisiones y proporciona un sentido de utilidad y gratificación personal. 

    Estas acciones no solo benefician a quien recibe la ayuda, sino que también mejoran la salud mental y física del adulto mayor que la ofrece.

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