martes, 21 de julio de 2026

Parte 1, episodio 6, ¿QUÉ HAY TRAS LA PANTALLA?

 


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Bienvenidos al foro de la Amistad.
Creado por Juan.
Juan: Hola a todos/as. Aquí estoy, tratando de rememorar y transcribir lo que ya sabéis:
Al cabo de unos días, fui a visitar a mi madre en compañía del pequeño Julián. Tras abrir la puerta, esta se vino hacia nosotros con los brazos abiertos y una sonrisa dibujada en su cara.
Hola, madre, ¿qué tal está? —le dije después de que se comiese a besos al niño y se abrazase a mí para otro tanto de lo mismo—. Venimos a hacerle una visita, ¿necesita algo?
Pasad y sentaos un poco —nos dijo al tiempo que agarraba al pequeño y tiraba de él hacia la cocina—. Hace tanto tiempo que no venís a visitarme que creí que os habíais olvidado de mí.
Bueno, madre, tampoco exagere usted tanto, que estuvimos aquí el mes pasado. Ya sabe que ando bastante atareado con mis cosas y el partido me roba mucho tiempo. No se piense usted que en política somos todos tan desalmados como los que salen en televisión, ni todos ganamos tanto dinero; en mi caso aún menos, ya que, como sabe, lo que gano de concejal lo dejo para ayudar a las personas necesitadas y no me quedo con nada.
Recuerdo que mientras yo hablaba, ella iba asintiendo.
No te estoy recriminando nada, hijo, solo trato de hacerte saber que desde hace unos días no me encuentro bien.
¿Ha ido usted al médico? ¿Por qué no me ha avisado antes?
No, aún no he ido, estaba esperando a ver si se me pasaba; ya sabes que no me gusta molestar, hijo.
Usted nunca molestará y, al igual que usted ha estado siempre pendiente de nosotros cuando lo hemos necesitado, ahora nos toca estar a los hijos.
Pasamos tranquilamente la tarde haciéndole compañía y, al llegar la noche, nos despedimos:
Mañana vendré temprano para acompañarla al ambulatorio.
¡Hasta mañana entonces, hijo!
Madre, duerma y esté tranquila, que a las ocho vendré a recogerla.
A la mañana siguiente, en el ambulatorio, al abrir la puerta de la consulta:
Buenos días, doctor. ¿Da usted su permiso?
Hola, buenos días. Por supuesto, ¡adelante!, y díganme qué desean.
Se trata de mi madre. Dice que lleva unos días que no se encuentra bien.
Dígame qué es lo que le ocurre, Luisa.
Pues verá usted, don Alejandro, el caso es que llevo días que no me encuentro muy católica y me duele mucho un pecho.
Quítese la ropa de cintura para arriba, que quiero hacerle una auscultación.
¿Toda? Ya sabe usted que para esas cosas soy muy vergonzosa.
Esté tranquila, que soy consciente de que casi todas las personas mayores sienten pudor al tener que desvestirse. ¿Y cuánto tiempo dice que lleva así?
Una semana más o menos, y al principio me dolía menos.
¿Andó usted con molestia alguna anteriormente?
Ninguna antes de la semana pasada.
La voy a mandar al hospital. No estoy seguro de qué se puede tratar, pero he notado un bulto y además tiene el pezón rehundido.
¿Es grave, doctor? Nunca he estado enferma.
Eso se lo dirán en el hospital, allí cuentan con más medios. La voy a mandar con carácter de urgencia.
Gracias, don Alejandro. ¡Hasta otro día y que Dios le dé salud y lo guarde por muchos años! —dijimos mi madre y yo casi a la vez.
Adiós, ¡id con Dios! —nos dijo él.

Una mañana, tras cumplir con el ritual de conectar el ordenador, al entrar en una de mis cuentas de correo, observé que en la bandeja de entrada aparecía en primer lugar el remitente «Catherine Anderson Sutherland». «¿Quién será esta?», pensé a la par que hice clic para salir de dudas:



📬 MENSAJERÍA PRIVADA

📩 De: La Canadiense Encantada

📤 Para: Peón de albañil

Hola. ¿Qué tal estás? Llevo tiempo participando en este sitio y, hasta ahora, no había visto a nadie comportarse con tanta coherencia. En tus comentarios se percibe que detrás hay todo un caballero. No creas que intento halagarte; soy una persona muy sincera y no me gusta andarme por las ramas. He visto en tu perfil que, además de chatear, te gusta escribir y compartir tus escritos por Internet. Sin embargo, por más que he buscado, no he encontrado ningún foro creado por ti.

📬 MENSAJERÍA PRIVADA

📩 De: Peón de albañil

📤 Para: La Canadiense Encantada

Hola. Si te refieres a cómo estoy de salud y de ánimo, te diré que bien, gracias a Dios. En cuanto a lo de escribir, sí, así es. Y, respecto a compartir lo que escribo, suelo hacerlo a través de un blog.

📬 MENSAJERÍA PRIVADA

📩 De: La Canadiense Encantada

📤 Para: Peón de albañil

📅 Fecha: 27 de abril de 2010

Estimado amigo:

He estado en tu blog y, al ver allí la dirección de tu correo electrónico, no me he podido resistir a felicitarte de una manera más íntima. Espero que me agregues a tus contactos tanto por aquí como por Interchat. Normalmente suelo acostarme a eso de las diez, pero me he quedado maravillada con todo cuanto allí expones y me he dicho a mí misma: ¿para qué esperar hasta la tarde para hacértelo saber?

Ah, por cierto, antes de que se me olvide: la foto que tienes en este perfil no se corresponde con la que tienes allí y me ha surgido una duda al respecto. ¿Me lo podrías aclarar?

Espero impaciente tu respuesta. Muchos Muakisss de esta que te quiere.

📬 MENSAJERÍA PRIVADA

📩 De: Peón de albañil

📤 Para: La Canadiense Encantada

📅 Fecha: 27 de abril de 2010

Hola, Catherine:

En primer lugar, decirte que soy consciente de mis limitaciones y que, a pesar de intentar hacerlo bien, sé que aún no controlo del todo la gramática; pero entiendo que cuando las cosas salen del corazón, lo de menos son las faltas ortográficas. En fin, no sé si entiendes bien lo que quiero decir.

En cuanto a lo de la foto, he de decirte que en el blog tengo puesta una reciente porque entiendo que hay que ser serios frente al público; en cuanto a la que tengo en Interchat, es una que cogí de la red, ya que no considero que sea algo relevante. Espero que este e-mail sirva para dilucidar tus dudas.

Adiós.

📬 MENSAJERÍA PRIVADA

📩 De: La Canadiense Encantada

📤 Para: Peón de albañil

📅 Fecha: 27 de abril de 2010

Hola, cariño:

Muchas gracias por responderme tan pronto, mi amor. Me acabo de levantar y, antes de salir a trabajar, he conectado mi laptop porque algo me hacía intuir que había un mensaje para mí. ¡¡¡Eres muy guapo!!! Tienes todos los componentes de mi hombre ideal. Me gustaría hacerte una serie de preguntas y espero que seas sincero, ¿vale?

¿Qué tal te va con tu esposa? ¿Qué opinas de las relaciones cibernéticas?

Ahora tengo que salir, pero antes de irme quiero que sepas que soy una mujer muy apasionada y que me he pasado la noche sin dormir: estuve pensando en ti y mojé mis prendas más íntimas…

Muchos besos, mi amor.

📬 MENSAJERÍA PRIVADA

📩 De: Peón de albañil

📤 Para: La Canadiense Encantada

📅 Fecha: 28 de abril de 2010

Hola, Catherine:

No creo estar obligado a tener que responder a tus preguntas. Si responí a tu anterior mensaje fue porque mis principios así me lo hacen entender; pero de ahí a que tenga que seguir haciendo algo que no me apetece, además de inmoral, me parece absurdo. Te recomiendo que entres a mi perfil y leas cuanto allí expongo; léelo con detenimiento y saca tus propias conclusiones.

Espero y deseo que entiendas esto como un acto de sinceridad y te ruego que te abstengas de responder a esta misiva, ya que no hallarás en mí más que el silencio por respuesta.

Adiós.


1 comentario:

  1. El capítulo comienza mostrando una faceta profundamente humana de Juan: la preocupación por la salud de su madre. La visita familiar, inicialmente cotidiana, se transforma en un momento de inquietud cuando ella le confiesa que lleva varios días encontrándose mal. La narración pone de relieve el cambio natural de los papeles familiares: quien durante toda la vida cuidó de sus hijos comienza ahora a necesitar sus cuidados.

    Lejos de limitarse a preocuparse, Juan actúa de inmediato. Organiza la visita al médico, acompaña a su madre al ambulatorio y procura transmitirle tranquilidad en todo momento. Su comportamiento refleja el fuerte sentido de la responsabilidad y del deber familiar que caracteriza al personaje, reforzando la imagen de un hombre generoso y comprometido con quienes quiere.

    La consulta médica introduce un clima de preocupación creciente. El hallazgo de un bulto y del pezón retraído hace que el doctor decida derivar a la paciente al hospital con carácter urgente, aunque evita adelantar un diagnóstico definitivo. El autor maneja con acierto la incertidumbre, dejando al lector suspendido entre la esperanza y el temor ante lo que puede estar por venir.

    Durante toda la escena médica destaca el respeto mutuo entre el doctor y la paciente. La vergüenza de Luisa al tener que desvestirse, la delicadeza del médico al tratarla y la educación con la que ambos se despiden muestran una forma de relacionarse basada en la cortesía y la consideración. Son pequeños gestos que aportan autenticidad y calidez a la narración.

    Tras el episodio familiar, el relato cambia de escenario y se traslada nuevamente al universo de Internet. El contraste resulta significativo: mientras la primera parte aborda una preocupación profundamente humana, la segunda introduce un intercambio de correos electrónicos donde predominan las apariencias, las idealizaciones y las emociones nacidas a través de una pantalla.

    Los mensajes de Catherine muestran una atracción inmediata y desbordada hacia Juan. En apenas unos correos lo convierte en su hombre ideal, mezcla admiración literaria con deseo sentimental e incluso sexual, proyectando sobre él una imagen idealizada que apenas se sostiene sobre un conocimiento real de su personalidad. El autor refleja así uno de los fenómenos habituales en las primeras redes sociales y chats de Internet.

    Frente a la intensidad emocional de Catherine, Juan mantiene una postura serena y coherente con los principios que ha ido mostrando desde el comienzo de la novela. Rechaza alimentar una relación que considera impropia, evita responder a cuestiones íntimas sobre su matrimonio y pone fin a la conversación con educación, pero también con absoluta firmeza. La escena reafirma su integridad moral y su fidelidad a sus convicciones.

    El capítulo muestra las dos caras de la comunicación digital. Por un lado, Internet permite que personas de distintos países entren en contacto gracias a intereses comunes, como la escritura. Por otro, evidencia la facilidad con la que pueden surgir malentendidos, idealizaciones o relaciones que cruzan determinados límites personales. La novela presenta así la red como una herramienta poderosa cuyo uso depende, en gran medida, de los valores de quienes la utilizan.

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