lunes, 20 de abril de 2026

LAS COSAS DEL QUERER...


 

Las cosas del querer...

Escrito el 15 de noviembre de 2015, revisado el 20 de abril de 2026

Como cada domingo, ambos bregaban desesperadamente campo a través, en sentidos contrarios, desde sus respectivas dehesas.

Desde Navalonguillas de Arriba partía Ambrosia, la hija de los guardeses, desdentada y contrahecha. Desde Navalonguillas de Abajo avanzaba el primogénito del mayoral, Macario, el jorovino, tuerto y tullido. Se movían todo lo rápido que sus cuerpos mermados les permitían.

En cuanto alcanzaban la cima del altozano, frontera entre ambas fincas, el brillo de sus ojos superaba al del mismo sol. El ritmo de sus latidos se elevaba entonces como el de los colibríes.

Para él, aquel encuentro no suponía más que la posibilidad de echar un par de caliqueños. Para ella, en cambio, su afligido mundo dejaba de girar. Al aferrarse a palo seco a los labios de él, Ambrosia comenzaba a flotar. Era como si el suelo se fracturara bajo sus pies contraídos para que nada más importara.

Lo hacía a pesar de todo. Lo hacía siendo plenamente consciente de lo poco, o nada, que significaba para aquel «fastuoso» galán.


1 comentario:

  1. Utilizar a la mujer como instrumento para satisfacer el deseo sexual se conoce como cosificación sexual o instrumentalización, un fenómeno que ocurre cuando una persona es tratada únicamente como un cuerpo o un conjunto de atributos físicos para el placer de otro, ignorando su identidad, sentimientos y derechos como persona.


    Esto se manifiesta cuando:
    Se ignora su humanidad: La mujer es reducida a un objeto inanimado o parte de su cuerpo (pechos, piernas, trasero) que puede ser usado, sin tener en cuenta su consentimiento, intelecto o emociones.

    Existe desequilibrio de poder: Ocurre con frecuencia en contextos de desigualdad de género, donde se perpetúa la idea de que la mujer existe para satisfacer necesidades sexuales masculinas.

    Se da la violencia sexual o acoso: Incluye tocamientos no deseados, comentarios inapropiados, acoso callejero o la explotación sexual.

    En la cultura y medios: Se utiliza la imagen femenina para vender productos, en publicidad, o en el entretenimiento (como en la pornografía), donde se presenta a la mujer como una decoración o herramienta.

    Se reduce a su apariencia: Cuando se juzga y valora a la mujer exclusivamente por su físico, sin valorar su personalidad o capacidad.

    Este trato conlleva consecuencias graves como la deshumanización, la violencia y la pérdida de autonomía, fomentando la desigualdad entre géneros

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