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Bonifacio, bajo su alias de Albañil 62, recibe una copia de un intercambio de mensajes a través del correo privado del chat:
Mensaje Privado
De: Mujer encantadora
Para: Ángel de amor
Hola, amigo. ¡¿A que no sabes quién ha vuelto por la página?! ¡Te vas a sorprender! Ha creado un foro de esos que no interesan a nadie excepto a él, ¡claro está! Es más, te invito a que leas el escrito que ha subido; enseguida te darás cuenta de que se está metiendo contigo, como tiene por costumbre. Ya sabemos que es un egocéntrico y que solo trata de llamar la atención; es un envidioso y quiere acabar con nuestros foros.
Mensaje Privado
De: Ángel de amor
Para: Mujer encantadora
Okay, amiga, y gracias por avisarme. Ahora mismo voy a crear el foro "Dios los hace y ellos solitos se juntan" para darle su merecido como la vez anterior, ya sabes, amiga. Acoso y derribo para que vuelva a abandonar la página. ¡La venganza está servida! ¡Júas, júas, júas…!
Albañil 62: Hay cosas que, además de no entender, resultan increíbles cuando sabes de quién vienen. Agradecería a aquellos para los que no soy santo de su devoción que se abstuviesen de aparecer por mi parroquia; hay muchas salas y foros donde pasarlo bien y no necesito que nadie me explique lo que personalmente he vivido.
Dicho esto, Bonifacio indagó por la página hasta dar con el lugar indicado en los aportes dejados por el anonimato:
Bienvenidos al foro: Dios los hace y ellos solitos se juntan.
Creado y moderado por Ángel de amor.
Ángel de amor: Dos locos sueltos y, por arte de magia, ¡voilà!, se alían cual ejército destructor del mal. ¡Júas, júas, júas…! Si los tontos volaran, en un pueblo cuyo nombre no quiero mencionar, el sol no podría admirar… Sí, me refiero a ti… Solo tú podrías ser el inductor de mis palabras… Solo mi cegadora envidia es más grande que mi ego. Hoy me has alegrado el día, eres increíble. Como bien sé, entre la estupidez y la necedad es infinitamente más atractiva la inteligencia. La inteligencia tiene límites; tu necedad, ¡no! ¡Júas, júas, júas…!
Mujer encantadora: Aquí hay muchos que van juntitos de la mano; sale primero uno y luego el otro para darle respaldo. ¡Qué tonterías! ¡Como si fuese necesario…! ¡Ja, ja, ja! Me parto de la risa.
Ángel de amor: Mi reina, tú sabes que en el reino de los ciegos el tuerto es el rey, y el más tonto será vasallo del que sea más inteligente; a la larga, será más tonto aún sin saberlo. ¡Júas, júas, júas…! ¡Cuánta tontera, por Dios!
Mujer encantadora: Así es, amigo. Tonterías y más tonterías. Ahora adjunta y comenta escritos que no son ni suyos para hacer creer a los demás que están escritos por él, ¡ja, ja, ja! Pero el ojo del buen cubero sabe diferenciar, más sabiendo cómo se comportó con una y su estilo. Enseguida me di cuenta de quién era, ¡ja, ja, ja!, el zote nos tiene por tontos.
Ángel de amor: ¿Sabes qué pienso realmente de él? No puede estar en su sano juicio; una persona no puede ser tan ¡estúpida y necia! Mi conclusión es que le da a la bebida, o sea que… es esclavo del alcohol, porque la cantidad de mentiras y estupideces que dice solo estarían justificadas por una causa mayor como el alcohol. ¡Júas, júas, júas…!
Canela en flor: ¡Hola, amigos! No logro entenderles, ¿a quién se refieren?
Ángel de amor: Nos estamos refiriendo al más egocéntrico y necio de todos los participantes en este sitio… Sí, a ese al que se le llena la boca diciendo que tiene la verdad por bandera y miente más que escribe… Ese que psicoanaliza a los demás y no se da cuenta de que él mismo tiene una obsesión enfermiza por todos aquellos que no están de acuerdo con sus estupideces… Ese que trata de manipular a los demás para su mayor gloria… ¡Sí, florecilla…! Ese en el que estás pensando.
Canela en flor: ¡Vaya! Entonces, ¿es cierto que ha regresado?
Ángel de amor: Volvió y, sin venir a cuento, me atacó… Creo que el alcohol le nubla la vista y le hace desvariar… ¡Júas, júas, júas…! La verdad es que me paso por el forro sus desvaríos… Me da pena que sea tan mentiroso y solo trate de manipular con mentiras y necedades.
Canela en flor: ¿Y cómo te atacó? ¿En privado?
Ángel de amor: No, en privado solo busca aliados para que sus mentiras parezcan verdades… Él busca notoriedad. Yo no me había dado cuenta de su regreso, pero alguien me dijo que leyese uno de sus asquerosos y viciados foros… y he podido comprobar que su obsesión enfermiza hacia mí le hizo desvariar. Pero no leas todo el tocho de estupideces y sandeces que escribe… Ve directamente al último escrito que ha subido en su apestoso foro… Te lo digo para que no pierdas mucho tiempo en leer esos escritos que no interesan a nadie, excepto a quien se cree el Cervantes del siglo XXI cuando no es más que un Quijote afectado por el alcohol y su delirio de grandeza. ¡Júas, júas, júas…!
Después de leer el contenido en dicho foro, Bonifacio entendió perfectamente la jugada. Aquello no era más que una estrategia del triunvirato allí presente, una provocación burda con el único fin de que él entrase al trapo. Buscaban generar y presenciar esos ridículos conflictos que a algunos tanto les gustan para convertirse en el centro de atención de la página.
Pero, en contra de todo lo que sus enemigos tenían previsto, Bonifacio se abstuvo de dejar constancia de su paso por allí. Dio media vuelta y regresó a su propio foro en absoluto silencio, tal y como si aquella ciénaga digital ni siquiera existiera.

El episodio muestra cómo determinados usuarios utilizan los mensajes privados para dirigir el comportamiento de otros participantes sin exponerse públicamente. La conversación entre «Mujer encantadora» y «Ángel de amor» revela una estrategia perfectamente planificada: provocar a Bonifacio para arrastrarlo a un enfrentamiento abierto. La manipulación aparece así como una herramienta de control que busca fabricar conflictos y dominar la dinámica del foro desde la sombra.
ResponderEliminarLa hostilidad deja de presentarse como una suma de ataques individuales para convertirse en una actuación organizada. Los mensajes evidencian la existencia de un grupo que actúa de forma coordinada, donde unos detectan la presencia del adversario, otros preparan la provocación y el resto se incorpora posteriormente para reforzar el ataque. El autor retrata así el funcionamiento del acoso digital como un fenómeno colectivo, basado en la complicidad y el respaldo mutuo.
Uno de los aspectos más significativos del capítulo es la facilidad con la que determinados usuarios utilizan el anonimato para construir personajes agresivos y deshumanizados. Tras nombres aparentemente inofensivos o incluso amables se esconden actitudes marcadas por el insulto, la ridiculización y el desprecio. El contraste entre los alias utilizados y el comportamiento real de quienes los portan refuerza la crítica hacia la falsedad que puede esconder el mundo virtual.
Las intervenciones de Ángel de amor y de sus acompañantes carecen prácticamente de razonamientos. En lugar de debatir ideas o responder a los escritos de Bonifacio, recurren continuamente a la descalificación personal, atribuyéndole alcoholismo, egocentrismo, locura o delirios de grandeza. El episodio pone de manifiesto cómo, cuando desaparecen los argumentos, el insulto se convierte en el único recurso para intentar desacreditar al adversario.
La auténtica victoria de Bonifacio no consiste en responder con mejores argumentos, sino en negarse a participar en el conflicto que otros han preparado cuidadosamente. Tras comprender la estrategia del grupo, decide abandonar el foro rival sin escribir una sola palabra. Su silencio no representa debilidad, sino autocontrol y madurez, al comprender que responder únicamente serviría para alimentar el espectáculo que sus detractores desean provocar.
La imagen final del episodio posee un fuerte contenido simbólico. Bonifacio compara implícitamente aquel foro con una ciénaga, un espacio degradado donde predominan la confrontación, la mentira y el resentimiento. Al regresar a su propio foro sin intervenir, establece una separación entre dos formas completamente opuestas de entender la comunicación: una basada en el enfrentamiento y otra orientada al intercambio de ideas.
El autor convierte el silencio en una forma de resistencia. Frente a la expectativa de una reacción airada, Bonifacio opta por no conceder importancia a quienes únicamente buscan notoriedad mediante el conflicto. Esta actitud rompe las expectativas de los acosadores y demuestra que, en determinadas circunstancias, ignorar la provocación constituye la respuesta más eficaz y digna.
Más allá del enfrentamiento concreto, el episodio adquiere un alcance universal al denunciar comportamientos que siguen presentes en numerosos espacios digitales: campañas de desprestigio, manipulación mediante mensajes privados, ataques coordinados y búsqueda deliberada del conflicto para obtener visibilidad. El episodio trasciende la experiencia personal del protagonista para convertirse en una reflexión sobre los mecanismos del acoso psicológico en internet y sobre la necesidad de no alimentar esas dinámicas.