jueves, 7 de mayo de 2026

Lo mío no fue ficción


 

Lo mío no fue ficción

Reflexiones sobre identidad, verdad y dignidad personal

Escrito el 20 de mayo de 2013, revisado el 7 de mayo de 2026

Tal vez mis propósitos o escritos no me conduzcan directamente, unos al cielo ni los otros a la gloria. Me conformaría con que sirviesen para proporcionarme el sustento material necesario para poder sobrevivir en esta sociedad tan injusta; ya que, a nivel espiritual, estos lo consiguieron hace ya algún tiempo. Asimismo, espero que, por todo cuanto expreso, no me tomes por un descerebrado o por un ser mediocre, sino por una persona realista.

Soy de los que no se conforman con saber aquello que a simple vista está. Quiero decir que me gusta indagar y averiguar qué hay entre líneas, tanto en la lectura como en la propia vida, donde cada día se nos muestran infinidad de mensajes que, por desgracia, para la mayoría pasan desapercibidos.

Cuando leí La vida de Lazarillo de Tormes, llegué a la conclusión de que a ese personaje no le importaba vivir como un cornudo cuando algo tan sencillo le permitía vivir a sus anchas; una posibilidad jamás conjeturada por alguien que había tenido que soportar tantos infortunios por el mero hecho de subsistir. Para mí, a este personaje, en ningún caso le puedo considerar un ser mediocre, sino más bien alguien que asume la realidad.

Cuando leí Don Quijote de la Mancha, otro ser que —¡válgame Dios!— para la mayoría de quienes conocen su historia pasa por ser un pobre desvalido o un enajenado mental que se dejó llevar por sus delirios de grandeza, a mí me dejó entrever que se trataba de un hombre noble, honrado y honesto, que defendía a capa y espada todo aquello que entendía como una causa justa, sin que por ello le supusieran un problema los derrumbes y los desencantos. Hoy en día, me atrevería a decir, sin temor a equivocarme, que este personaje podría ser un icono para la sociedad actual; es decir, un ejemplo a seguir.

Tal vez, por mis actos y escritos, alguien podría incluso buscar semejanza entre estos dos personajes de ficción y yo mismo. Me refiero a que podrían verme reflejado en alguno de ellos, al igual que, en su día, interpretaron el saber de ambos mediante la lectura o cualquier otro medio de divulgación utilizado para exponer todo aquello que vivieron y sufrieron en sus propias carnes.

Y, por último, decir que entre ellos y este que escribe existe una gran diferencia: lo suyo no fue más que una ficción y lo mío una realidad.

No suelo molestarme por la connotación que quieran interpretar o atribuirme aquellos que se dignen a leer lo que expreso, ni tampoco por el hecho de ser juzgado con respecto a mi forma de ser y/o escribir; ya que me siento satisfecho por ser quien soy, por mostrar cómo veo, vivo, pienso, siento y escribo.

Cada día estoy más orgulloso de todo cuanto ha acaecido en mi vida, ya que, gracias a ello, a día de hoy me siento realizado como ser humano y por el hecho de saber quién soy, qué pienso y lo que pretendo.

Procuro no dejarme llevar por quienes pretenden desacreditarme basando sus argumentaciones en suposiciones e imaginaciones surgidas —¡vete a saber tú por qué!—, pero, para mí, no hay mayor satisfacción que la que puede brindarte el hecho de estar al lado y en posesión de la verdad.

Entre los seres humanos existen muchas diferencias; no a todos nos impulsan los mismos motivos. No soy ni pretendo ser más que nadie; solo trato de compartir con los demás todo aquello que me satisface, sin esperar nada a cambio. Y quienes han tenido el gusto de conocerme en persona, así lo pueden avalar.

Espero y deseo que no te resulte tedioso en ninguna de mis facetas.

¡Gracias por el tiempo dedicado a este que ni siquiera conoces!

Saludos, estimado lector.


©Franizquiero

1 comentario:

  1. Relato contemporáneo de carácter introspectivo y ensayístico, que combina la reflexión autobiográfica con referencias a la tradición literaria clásica para explorar la identidad, la autenticidad y la relación entre individuo y sociedad. A través de una prosa confesional y argumentativa, el texto establece un diálogo simbólico con figuras como La vida de Lazarillo de Tormes y Don Quijote de la Mancha, reinterpretando sus significados desde una mirada contemporánea marcada por la experiencia personal y la necesidad de supervivencia emocional y material. La obra aborda temas como la dignidad, la incomprensión social, la búsqueda de verdad interior y la reivindicación de una voz propia frente al juicio ajeno, articulando una defensa de la autenticidad como forma de resistencia ante las convenciones y prejuicios colectivos. Asimismo, el relato plantea una reflexión sobre el valor de la experiencia vivida frente a la ficción literaria, situando la escritura y el pensamiento crítico como herramientas de afirmación personal y de construcción de sentido en una realidad percibida como injusta y contradictoria.

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